Melilla ha dado la bienvenida a la primavera de una forma muy visual y original gracias al programa “Melilla en Flor”, una iniciativa de la Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza que ha comenzado a transformar el paisaje urbano con una exposición de esculturas florales distribuidas por varios puntos céntricos de la ciudad autónoma.
La propuesta se presenta como una forma de embellecer los espacios públicos y de acercar el arte y la naturaleza a la ciudadanía. El centro de Melilla se ha convertido en un paseo de sorpresas, donde las flores son las protagonistas y se integran en figuras llamativas que despiertan la curiosidad de transeúntes de todas las edades.
Entre las esculturas que ya pueden contemplarse destaca la instalación en la Plaza de la Aviación Española, donde se han colocado varios buzones decorados con distintos estampados y colores. Estas piezas, sencillas pero cargadas de simbolismo, invitan a la interacción visual y despiertan una sensación de nostalgia y juego.
La calle General Chacel es uno de los puntos con mayor concentración de escenas y probablemente uno de los más llamativos. Allí se encuentran figuras tan singulares como un tiburón surgiendo de una ola, un olivo del que emergen unas manos desde el suelo, una cremallera gigante con el interior completamente cubierto de flores, varias regaderas de colores, una planta carnívora y una guitarra española. Todo el conjunto crea una atmósfera perfecta en la que se mezclan elementos naturales, surrealistas y cotidianos.
En la calle General O’Donnell, el montaje se inspira en el universo de “Alicia en el país de las maravillas”, con unas puertas que parecen ser el acceso a ese mundo fantástico. Junto a ellas, el gato Cheshire y un cartel direccional completan la escena, que se ha convertido rápidamente en una de las más fotografiadas por quienes pasan por allí. Esta instalación conecta con el imaginario colectivo y despierta el interés tanto de niños como de adultos.
El Parque Hernández, uno de los pulmones verdes de la ciudad, también está siendo escenario de esta propuesta artística. En los últimos días se ha comenzado a montar una nueva escultura basada en la casa de Mortadelo y Filemón, los populares personajes del cómic español. Aunque todavía no está terminada, ya genera expectación entre quienes pasean por la zona, especialmente por su potencial como atractivo familiar.
Para surtir de flores el evento, la empresa Talher alberga en su vivero más de 9.000 plantas de diversas variedades como geranios, margaritas, petunias, crisantemos, cannas, alisos o hibiscos. El olor lo aportarán las conocidas como plantas aromáticas, entre las que destacan el incienso, la lavanda, la santolina, o el romero. Se aprovechará también el tupido verdor y la densidad de las trepadoras, como por ejemplo la hiedra o el jazmín. También formarán parte de la exposición la echeveria y el senecio ambas enmarcadas en el grupo de las “crasas” o “suculentas”, unas plantas fascinantes cuyas hojas, más carnosas de lo habitual, están especializadas en el almacenamiento de agua.
Además, como novedad de este año, se utilizarán otras plantas de mayor porte y tamaño, como el Baniano, endémico de India y el Ficus Umbellata, también conocido como Higuera de hojas grandes, propio de África Central.
Este programa no solo tiene una finalidad estética, sino que también busca reforzar la relación de los ciudadanos con su entorno urbano y promover valores medioambientales a través del arte floral. La presencia de estas esculturas invita a redescubrir rincones conocidos desde una perspectiva distinta, aportando frescura y dinamismo al paisaje que los melillenses están acostumbrados a ver.
Además del impacto visual, la iniciativa también genera movimiento en las calles y dinamiza el centro de la ciudad, atrayendo tanto a melillenses como a visitantes. Comercios, cafeterías y restaurantes se benefician de la mayor afluencia de público que sale a disfrutar de las instalaciones y a fotografiarse junto a ellas.
“Melilla en Flor” continuará desplegándose en los próximos días, con más esculturas previstas y actividades complementarias como talleres y propuestas educativas. La ciudad se convierte así en un escaparate de creatividad y color, donde la primavera se vive con intensidad en cada esquina.






