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Melilla, de la presión al alivio sin quitar el ojo a la frontera

El refuerzo de la frontera, la atención a los menores y el debate político mantienen abierta una crisis cuyas consecuencias siguen marcando la actualidad

Una semana después de que se desatara la crisis migratoria que hizo a todo el mundo volver los ojos hacia la España africana, Melilla ha recuperado su particular normalidad en la frontera y, aunque respira aliviada de no haber vivido el dramatismo de la ciudad hermana de Ceuta, es consciente de que la tranquilidad nunca está garantizada del todo.

Según los datos facilitados por la Delegación del Gobierno, durante los episodios registrados en Melilla se contabilizaron un total de 1.323 entradas. De ellas, 1.063 personas fueron retornadas a Marruecos entre el jueves y el viernes, mientras que 260 permanecen actualmente en la ciudad.

Entre quienes consiguieron acceder a territorio melillense, la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, señaló que alrededor de 140 son menores de edad y aproximadamente 120 adultos.

La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) elevó este viernes a 141 la cifra total de fallecidos en las recientes avalanchas migratorias registradas en los puntos fronterizos de Marruecos con las ciudades autónomas españolas.

Consecuencias

La presión migratoria registrada la pasada semana en la frontera de Melilla ha dejado diferentes consecuencias en la ciudad autónoma, tanto en el ámbito de la gestión de la acogida como en el debate político y social sobre la seguridad fronteriza.

Por eso, sindicatos y asociaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han recuperado su histórica reivindicación de reforzar los medios técnicos y humanos en Melilla por una amenaza, la presión migratoria, que es compleja y no desaparece nunca, argumentando además que los efectivos desplegados afrontan situaciones de especial complejidad durante este tipo de episodios.

Paralelamente, se están aprovechando estos días de calma para estar algo más preparados por si se volviera a repetir lo ocurrido en las jornadas de agitación en la frontera. Según ha podido observar EFE, operarios de mantenimiento trabajan en la valla en zona del antiguo puesto fronterizo de Barrio Chino, uno de los puntos de mayor presión migratoria hace justo una semana.

Hace unos días también hicieron lo propio para reparar otras zonas de la valla que sufrieron desperfectos por el intento de entrada de cientos de jóvenes marroquíes a lo largo del perímetro, un número no especificado que pudo estar cercano a los 2.000, según uno de los primeros cálculos de la Delegación del Gobierno.

En el Dique Sur, otro de los focos de esta crisis migratoria en Melilla, se están instalando unas vallas que, aunque aparentemente endebles, pueden ejercer esa barrera física de la que carecía en su tramo final, una circunstancia que impedía el rechazo en frontera de quien pretenda entrar de forma irregular, según han apuntado a EFE fuentes policiales.

Una serie de actuaciones que se están coordinando por parte del Cuerpo de la Guardia Civil, como ha podido conocer El Faro.

Se busca así reforzar un dique que no está tan expuesto como el del Tarajal, epicentro de la crisis migratoria en Ceuta, al ser mucho más largo, llegando a 500 metros que podrían aumentar si se instalan barreras marítimas como ha hecho Interior allí. En Melilla las autoridades hablan de “elementos de contención” adaptados a la realidad de la ciudad, sin dar muchas más pistas de cómo y cuándo.

Fuerzas políticas

En paralelo, las formaciones políticas han realizado sus propias valoraciones.

Coalición por Melilla ha centrado su posicionamiento en la vertiente humanitaria de la crisis. En un comunicado difundido en sus redes, la formación expresó su "profunda tristeza" por la pérdida de vidas humanas. Asimismo, hizo un llamamiento a la responsabilidad, la convivencia y el diálogo, al tiempo que reiteró su compromiso con una sociedad "más justa, democrática y libre de cualquier forma de odio".

El Partido Popular ha optado por trasladar el debate al ámbito institucional mediante una ofensiva parlamentaria. La formación ha registrado iniciativas en el Congreso y el Senado para reclamar explicaciones al Gobierno sobre la gestión de la crisis fronteriza y exigir medidas para reforzar la seguridad en Melilla.

Vox ha defendido la postura más contundente tras la crisis. La formación presentó un manifiesto con doce medidas que pretende someter al respaldo de la Asamblea de Melilla, entre las que figuran el cierre de la frontera, el refuerzo militar del perímetro, una mayor presencia de las Fuerzas Armadas y de Frontex, así como la convocatoria de elecciones generales. Además, tras la difusión en redes sociales de un nuevo llamamiento para intentar acceder a Melilla el próximo 15 de agosto, el partido reclamó el despliegue inmediato del Ejército para reforzar la frontera y prevenir nuevos episodios de presión migratoria.

Asimismo, desde el PSOE de Melilla se valoró positivamente la coordinación entre las diferentes administraciones durante la gestión de la emergencia.

Somos Melilla, por su parte, considera que la magnitud de los acontecimientos requiere dejar al margen las diferencias políticas y ofrecer una respuesta coordinada en defensa de los intereses de Melilla y de España.

15 de agosto

La difusión en redes sociales de una convocatoria para un posible intento de entrada masiva en Melilla y Ceuta el próximo 15 de agosto ha vuelto a encender las alertas apenas unos días después de la crisis vivida la pasada semana.

Aunque las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado mantienen un seguimiento constante de este tipo de mensajes y algunas fuentes consideran que la convocatoria podría tener un alcance limitado, estas publicaciones han reavivado la preocupación por la posibilidad de que se repitan episodios de presión sobre la frontera.

Los mensajes, difundidos principalmente a través de perfiles en redes sociales de origen marroquí, invitan a concentrarse el 15 de agosto con el objetivo de intentar acceder a territorio español.

Desde el ámbito policial, el secretario general del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en Melilla, Jesús Ruiz Barranco, ha señalado que el sindicato conoce la existencia de esta campaña y ha insistido en la necesidad de reforzar tanto los medios humanos como los recursos materiales destinados a la vigilancia de la frontera. En su opinión, la presión migratoria constituye una amenaza permanente que exige una respuesta preventiva y una planificación adecuada para afrontar posibles episodios de gran afluencia.

Las autoridades y Fuerzas Armadas, como ha podido saber este medio, mantienen un seguimiento de la evolución de esta convocatoria, aunque por el momento no existe confirmación de que vaya a traducirse en un intento coordinado de entrada.

No obstante, la experiencia de los últimos días ha llevado a extremar la vigilancia y a mantener activados los dispositivos de seguridad, especialmente después de que la presión migratoria afectara tanto a Ceuta como a Melilla y obligara a movilizar un importante despliegue de efectivos.

Diferencias entre Melilla y Ceuta

Y es que las diferencias geográficas de Ceuta y Melilla han sido otra de las claves de que la crisis migratoria no haya sido de igual, ni en proporciones ni en características ni, por supuesto, en consecuencias.

En Melilla se redujo a dos noches consecutivas de presión migratoria en la valla y el Dique Sur, jueves y viernes de la semana pasada, que obligaron a cerrar el paso fronterizo terrestre en plena Operación Paso del Estrecho (OPE), bloqueando a 3.000 viajeros en tránsito que el sábado, tras 36 horas de cierre, pudieron empezar a salir.

Sin embargo, la Ciudad Autónoma y distintas entidades se coordinaron para repartir comida y asistencia a estas personas, así como facilitándoles un alojamiento en el pabellón Lázaro Fernández.

Durante el cierre de la frontera, unos 300 vehículos fueron reencaminados a otros puertos, evitando su llegada a Melilla y reduciendo el número de viajeros afectados por las restricciones. Aun así, se vivieron momentos de tensión en el puerto cuando algunos pasajeros procedentes de Málaga se negaron a desembarcar y pidieron ser trasladados a Nador.

Se daba así carpetazo a las primeras noches de presión en la valla tras el ‘tsunami’ que supuso el dramático salto a la valla del 24 de junio de 2022, la mayor tragedia en una frontera española hasta la crisis de Ceuta de la semana pasada.

En los últimos cuatro años, la valla de Melilla se había mantenido en calma y el mayor desafío estaba en controlar las entradas por mar, sobre todo tras la sentencia del Tribunal Supremo que impide rechazar en frontera a quienes llegan a nado o en patera por la ausencia de una barrera física que sortear.

La entrada masiva de unas 70.000 personas en Ceuta, despertó en Melilla la preocupación de ser la siguiente. Y terminó sucediendo esa misma noche, aunque en una escala mucho menor, con una presión que se prolongó dos noches y se saldó con 1.323 entradas irregulares, de las cuales 1.063 personas fueron retornadas a Marruecos mediante los rechazos en frontera.

“Un gesto de solidaridad” con los menores

Quedaron en Melilla 260 migrantes, 140 de ellos menores, que han elevado la cifra a más de 310 en los centros de protección, especialmente en el de La Purísima, donde son 266 los menores tutelados a día de hoy, que ha vuelto al centro de la polémica tras conocerse las condiciones en las que se encuentran acogidos, con imágenes de niños y adolescentes durmiendo en el suelo y hacinados.

La situación ya ha sido denunciada ante la Fiscalía y la Ciudad Autónoma, que dijo haber reforzado el sistema de protección, pone el foco en que cuadruplica su capacidad máxima de 84 y es el Gobierno central el que debe trasladar a los que exceden de esa cifra, reclamando también una mayor financiación para hacer frente al aumento de las necesidades derivadas de la llegada de nuevos menores, una demanda que también fue trasladada desde Ceuta.

Como Ceuta, Melilla también pide “un gesto de solidaridad” a las comunidades autónomas mientras sigue mirando de reojo a sus fronteras por si la pesadilla se volviera a repetir.

Una semana después de los episodios de mayor tensión, Melilla mantiene abiertas varias cuestiones relacionadas con la presión migratoria, la capacidad de acogida y la respuesta de las instituciones ante futuras situaciones similares, mientras continúa el debate sobre el equilibrio entre la seguridad fronteriza y la atención humanitaria.

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