El tiempo pasa, pero las fronteras no siempre vuelven a abrirse. Cuando en marzo de 2020 se decretó el estado de alarma en toda España para hacer frente al avance del Covid-19, pocos podían imaginar que aquel cierre repentino de la frontera entre Melilla y Marruecos marcaría un antes y un después en la forma en la que los melillenses acceden a sus productos frescos. Frutas, verduras, pescados... todo dejó de entrar desde el país vecino. Y lo que en un principio parecía una interrupción en una nueva normalidad.
Hoy, cinco años después, Melilla no recibe ni un kilo de mercancía hortofrutícola ni de pescado desde Marruecos a pesar de haber abierto la frontera hace algunos meses y volver a cerrarla el 7 de julio debido a la OPE. Las tensiones diplomáticas, el conflicto comercial no resuelto y la inercia de un nuevo sistema de abastecimiento han consolidado una situación que ya pocos creen que se resolverá a corto plazo.
Este martes 5 de agosto de 2025, El Faro de Melilla se ha desplazado hasta el Mercado Central, corazón del comercio tradicional de la ciudad, para conocer de primera mano cómo viven esta realidad los comerciante y clientes.
La conclusión es clara: la ciudad ha aprendido a sobrevivir sin Marruecos, pero el pescado sigue siendo una asignatura pendiente.
Todo lo que llega es de la península
A primera hora de la mañana, los puestos de frutas y verduras del Mercado Central muestran su habitual despliegue de colores: melocotones, nectarinas, cerezas, tomates, melones, sandías. A simple vista, nada parece escasear.
Detrás de uno de esos mostradores encontramos a Mustafa, uno de los fruteros con más trayectoria en este mercado. Al preguntarle si ha notado una bajada en la llegada de productos marroquíes, su respuesta es clara: "No, porque ahora todo viene de la península. De Marruecos no entra nada. Y la verdad es que la mercancía que llega está bien. No está cara. Si comparas, es casi lo mismo. Y además, viene muy limpia, sin restos, bien tratada".
Mustafa se deshace en elogios hacia la variedad y calidad de los productos nacionales. Conoce la procedencia de cada caja que coloca en su puesto: "Las fresas vienen de Huelva. Las sandías, de Sevilla. Buenísimas, grandes, como las que venían de Marruecos. Los melones son de Granada, los mangos de Motril. La península tiene de todo y los precios están bien. Zanahorias, patatas, cebollas, en fin, no nos falta nada".
Lo que antes llegaba a través de la frontera, ahora entra diariamente por barco desde la península, gracias a una cadena logística bien estructurada.
"Todos los días entra mercancía. A las seis de la mañana ya está aquí. Antes, la de Marruecos llegaba tarde, a las diez o incluso once de la mañana. Ahora todo es más puntual. Gracias a Dios, no nos falla nada", remarca Mustafa.
Preferencias de mercancía
Más allá de la logística, Mustafa también señala que, con el paso del tiempo, el precio de los productos marroquíes se ha equiparado al español: "Antes era un poquito más barato. Pero ahora en Marruecos también está caro. Prácticamente igual. Para mí, lo que viene de la península es mejor. Llega antes, viene limpio y, está controlado".
Desde su experiencia, la transición no ha sido traumática. Al contrario: "Yo estoy contento. Tenemos de todo. Desde picotas, hasta limones, melocotones, ciruelas. Y la clientela lo nota. La gente está satisfecha. Y si un día falta algo, al día siguiente lo tienes. No hay desabastecimiento".
El único punto negro, reconoce, es la zona del pescado.
La pescadería, cerrada por falta de género
A escasos metros de los puestos de fruta y verdura, justo en la planta de arriba, se encuentra la zona de la pescadería donde este martes permanecía cerrada. Persianas bajadas, luces apagadas, todo en silencio. El contraste es llamativo.
Según varios comerciantes consultados, la entrada de pescado desde Marruecos nunca se ha restablecido desde 2020. La península no ha conseguido cubrir la demanda de pescado fresco en Melilla de forma constante, lo que ha obligado a cerrar dos días a la semana por falta de mercancía.
"Los lunes y martes no abren. El barco llega tarde y muchas veces viene poca mercancía. Por eso, abren el miércoles, cuando hay más seguridad de que entre algo", asegura un comerciante que se encontraba en la zona de la carnicería.
Marruecos solía ser un proveedor clave de pescado fresco para Melilla, no solo por cercanía, sino también por volumen y variedad. Desde sardinas hasta doradas, el pescado marroquí abastecía la ciudad a diario. Ahora, la oferta es más limitada y más cara.
"La fruta y la verdura están resueltas. Pero el pescado... es otra historia. Hay semanas que hay muy poco. Y los precios han subido", añade el trabajador.
Los consumidores hablan
En los pasillos del mercado, los consumidores tienen también una visión clara sobre la situación. Una melillense, que se encontraba haciendo la compra, expresa con rotundidad sobre el cierre comercial de Marruecos: "Sí, lo estoy notando. Antes venía todo de Marruecos, y ahora no. Pero está bien. Si ellos no quieren que nosotros mandemos nada allí, nosotros tampoco tenemos que querer que entre lo suyo. No se van a beneficiar ellos y nosotros no".
Sobre los precios, reconoce que han subido un poco, pero no lo suficiente como para quejarse: "Sí, son un poquito más caros. Pero asumibles. Y la calidad es buena. No noto diferencia. Es lo mismo, o incluso mejor en algunos casos".
Al preguntarse si echa en falta algún producto, lo tiene claro: "No, hay de todo. Lo mismo que antes, solo que ahora viene de Andalucía en lugar de Marruecos. Para mí, mientras haya producto y esté bueno, me da igual de dónde venga".
¿Una solución a corto plazo?
Con el paso del tiempo, tanto comerciantes como consumidores parecen haber aceptado que esta situación va para largo. A pesar de los encuentros bilaterales y las promesas de reconstruir las relaciones comerciales con Marruecos, lo cierto es que no ha habido avances reales en el terreno económico, y mucho menos en lo que respecta al tránsito agrícola o pesquero.
"Esto ya no va a cambiar", opina Mustafa. "Con la fruta y la verdura estamos bien así. Para qué volver a lo de antes, si ahora funciona mejor. Yo, sinceramente, prefiero trabajar con la península".
Desde el punto de vista geopolítico, la frontera entre Melilla y Marruecos se ha transformado en un símbolo de tensión diplomática. Lo que comenzó como una medida sanitaria se convirtió en una barrera política y económica difícil de sortear. Y en medio de todo ello, los ciudadanos melillenses se han adaptado.
Un mercado que resiste
Hoy, el Mercado Central de Melilla es un ejemplo de resiliencia y adaptación. Sus fruteros madrugan cada día para descargar los palés que llegan por barco. Los consumidores recorren los puestos con la misma confianza de siempre. La cadena de suministro, basada ahora en proveedores nacionales, ha demostrado su eficacia.
"Gracias a Dios, tenemos de todo. Nunca nos ha fallado nada. Y si Marruecos no quiere, tampoco lo necesitamos", concluye Mustafa con una sonrisa, rodeado de manzanas, sandías y tomates recién llegados del sur peninsular.
Cinco años después de cerrarse la frontera, la ciudad no ha colapsado. La fruta sigue fresca, el pan crujiente y los tomates sabrosos. Lo único que falta, al menos por ahora, es el pescado. Y quizás, algo más de paciencia.








El cerrojazo fronterizo de delegación de gobierno a la entrada de pescado para autoconsumo a través de coches particulares vino motivada en parte por el abuso de varios pescaderos de barrio conocidos y restauradores que aprovecharon para traer decenas de kilos para venta en sus establecimientos y a través de "machacas" a los que realizaban encargos in situ. En vez de sancionar a estos cara dura que cobraban encima el género a precios europeos se ceban con el ciudadano de a pie que traía para consumo familiar 2 o 3 kilos de pescado.
Es normal que no entre pescado en Melilla hasta los miércoles porque los barcos españoles de puertos andaluces o levantinos no pescan en fin de semana ( desde hace años por normativa) y por las reducciones de días de faena impuestos por Bruselas.
En Marruecos los barcos salen todos los días y no se controlan bien tallas mínimas y otras cuestiones.
Mi opinión, ya que Marruecos sigue abusando igual, es cerrar las fronteras hasta que entren en razón. Lo siento mucho por los trabajadores que no tienen la culpa pero su gobierno sí
Que tido el problema, sea ese. Total el precio ya esta igual.
Ánimo compatriotas, desde Asturiaa