Mañana, 23.000 estudiantes melillenses tomarán los autobuses, caminarán por las calles empinadas de la ciudad o cruzarán sus barrios para iniciar un nuevo curso escolar que arranca con cifras históricas de inversión pero que no logra ocultar una realidad preocupante: Melilla mantiene la mayor segregación educativa de España, con una brecha socioeconómica de 0,98 entre sus centros públicos y concertados que triplica la media nacional.
Un curso de contrastes: récord de inversión y desigualdad persistente
La Directora Provincial de Educación, Elena Fernández Treviño, confirmó que este curso supone "la mayor apuesta por la educación en Melilla de la historia", respaldada por una inversión de más de 7 millones de euros en digitalización, infraestructuras y personal. Sin embargo, los datos revelan que esta inversión se distribuye de manera desigual en un sistema fragmentado en tres velocidades.
Los 25 centros públicos atienden a la mayoría del alumnado con una educación completamente gratuita, mientras que los 3 centros concertados (La Salle El Carmen, Enrique Soler y Ntra. Sra. del Buen Consejo) concentran paradójicamente a las familias con mayor poder adquisitivo, a pesar de ser subvencionados con fondos públicos. Los aproximadamente 7 centros privados completan un mapa educativo que refleja las divisiones socioeconómicas de la ciudad autónoma.
Formación Profesional: la apuesta ganadora
El sector que más crece es la Formación Profesional, con 3.000 estudiantes matriculados y 29 nuevas titulaciones en siete años. "Hemos hecho la mayor apuesta por la FP en Melilla de la historia", declaró Treviño, destacando las 1.200 plazas adicionales y la especial demanda en ramas sociosanitarias.
El Centro Integrado de Formación Profesional Reina Victoria Eugenia, que recibió una inversión de 741.000 euros en mejoras, se ha convertido en el buque insignia de esta transformación, matriculando 1.250 alumnos en 21 ciclos diferentes. Una realidad que contrasta con el abandono escolar temprano que tradicionalmente ha afectado a la ciudad.
El desafío de los servicios complementarios: avances y carencias
Una de las novedades más significativas es la ampliación del servicio de comedor escolar, con 930 becas oficiales respaldadas por un presupuesto de 865.555 euros. El CEIP Encarna León estrena un comedor con capacidad para 300 estudiantes, mientras que otros centros como León Solá y el CEE Reina Sofía mantienen la gratuidad total.
Sin embargo, Elena Fernández Treviño reconoció que Melilla tiene "el 11,9% de uso de comedores escolares, la cifra más baja de España", evidenciando la distancia que aún separa a la ciudad de estándares educativos integrales.
Las aulas matinales, que comenzarán mañana mismo, atenderán a más de 300 alumnos con un presupuesto de 1,7 millones de euros, ofreciendo un servicio gratuito de conciliación familiar que funciona de 7:30h a 9:30h y de 13:30h a 15:30h.
El currículo melillense: entre la diversidad y la integración
Los centros melillenses afrontan este curso con un sistema curricular adaptado a su realidad multicultural. Los centros públicos siguen estrictamente el currículo oficial del Ministerio, con especial atención a la educación compensatoria para el alumnado de origen bereber y árabe, que representa una proporción significativa del estudiantado.
Los centros concertados, mayoritariamente religiosos, combinan el currículo oficial con sus proyectos educativos basados en valores cristianos. La Salle El Carmen, Enrique Soler y Ntra. Sra. del Buen Consejo mantienen sus idearios mientras cumplen con los requisitos curriculares establecidos por la administración.
Innovación tecnológica: la digitalización como palanca de cambio
Este curso introduce 382 nuevos docentes y una digitalización masiva con 3 millones de euros en pantallas digitales, 324.000 euros en portátiles y 75.240 euros en tablets. Una inversión que busca situar a Melilla en la vanguardia tecnológica educativa.
Además, se incorporan 17 enfermeros escolares con un convenio de 724.339 euros, una medida pionera que refuerza la atención sanitaria en los centros educativos.
La asignatura pendiente: la equidad educativa
A pesar de los avances, los datos del Consejo Escolar del Estado son tajantes: el porcentaje de alumnado extranjero en centros privados melillenses es del 2,82%, frente al 18,05% de la media nacional. Esta cifra evidencia una segregación que va más allá de lo económico y se adentra en lo étnico y cultural.
Miguel Ángel Fernández Bonnemaisón, Consejero de Educación de la Ciudad Autónoma, reconoce implícitamente este desafío al priorizar la construcción de nuevos centros públicos y la mejora de condiciones en aquellos catalogados como "de difícil desempeño".
El reto de la educación inclusiva
Los 438 menores de 0-3 años que acceden por primera vez al sistema educativo melillense se enfrentarán a un panorama complejo. Mientras algunos ingresarán en centros con recursos abundantes y ratios reducidas, otros lo harán en aulas masificadas donde el número de estudiantes por clase supera las recomendaciones pedagógicas.
La pregunta fundamental no es solo cuánto se invierte, sino cómo se distribuye esa inversión para garantizar que los 23.000 estudiantes melillenses, independientemente de su origen socioeconómico o étnico, tengan acceso a una educación de calidad.
Perspectivas de futuro: construir puentes, no muros
Melilla tiene la oportunidad histórica de convertirse en un laboratorio de convivencia educativa. Con una población estudiantil diversa, inversiones récord y profesionales comprometidos, la ciudad autónoma puede liderar un modelo educativo que combine excelencia académica con inclusión social.
Sin embargo, esto requiere voluntad política para abordar la segregación que actualmente caracteriza su sistema educativo. No basta con invertir más; es necesario invertir mejor, garantizando que cada euro público contribuya a reducir, no a ampliar, las desigualdades educativas.
Mañana, cuando suenen los primeros timbres del curso 2025-2026, Melilla tendrá la oportunidad de demostrar que la diversidad puede ser una fortaleza educativa, no una barrera. El éxito no se medirá solo en cifras de inversión, sino en la capacidad de garantizar que cada estudiante, sin excepción, tenga acceso a las mismas oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal.








