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Manuel Rojas se reencuentra con la Divina Pastora de las Almas

Sevillano de nacimiento y melillense de corazón, será el encargado de realizar la exaltación 2026, marcada por una vida entera de devoción heredada, y el firme propósito de emocionar a la ciudad

por Carmen González
14/04/2026 20:04 CEST
Manuel Rojas se reencuentra con la Divina Pastora de las Almas

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La emoción tiene nombre propio en el inicio de las Fiestas de la Divina Pastora 2026. Manuel Rojas. Este sábado 18 de abril, a las 20:45 horas, la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús se convertirá en el escenario de un momento especial, no solo para la hermandad, sino también para un hombre que lleva toda una vida unido a esta devoción.

Será él quien pronuncie la exaltación a la Divina Pastora, el acto que abre oficialmente las celebraciones en plena Pascua del Señor. Junto a sus palabras, verá la luz el cartel anunciador de las fiestas, obra de Ricardo Gil, en una jornada que culminará con una cena homenaje en honor a los protagonistas, en un ambiente de auténtica hermandad.

Pero más allá del programa, hay una historia que late con fuerza. La de un sevillano que creció a la sombra de una devoción que ahora vuelve a abrazarle, esta vez en Melilla.

“Yo soy sevillano, nacido en Sevilla. Estoy en Melilla desde hace 15 años. Trabajo aquí, dirijo la clínica Vitaldent en la Plaza de España”, explica Manuel Rojas, con la naturalidad de quien ha construido su vida entre dos tierras. Sin embargo, hay algo que nunca ha cambiado. Su vínculo con la Divina Pastora.

Ese lazo nace en su infancia, en el barrio Ronda de Capuchinos, uno de los lugares más emblemáticos en la historia de esta advocación. “Allí fue donde hace casi 320 años nació la devoción a la Divina Pastora. Es un barrio muy unido a la Virgen, donde la convivencia con los frailes ha sido constante. Todo el barrio se ha construido alrededor del convento”, recuerda.

En sus palabras hay memoria, pero también pertenencia. Porque para Manuel Rojas, la Divina Pastora no es solo una imagen, sino una herencia. “Esto lo hemos heredado de mis padres. En la hermandad de la Divina Pastora de Sevilla soy hermano desde niño”, afirma, dejando entrever una devoción que ha pasado de generación en generación.

Esa misma devoción le llevó, en 2004, a convertirse en pregonero de la Divina Pastora de Sevilla con motivo del centenario de la coronación. Hoy, más de dos décadas después, la historia vuelve a repetirse, pero en un contexto distinto y, quizá, aún más íntimo.

Su llegada a Melilla por motivos profesionales no rompió ese vínculo. Al contrario, lo mantuvo vivo en la distancia. “Siempre sabía que había una Divina Pastora aquí y la visitaba a menudo”, señala. Con el paso del tiempo, la creación de la hermandad en la ciudad reforzó ese sentimiento de cercanía. “La alegría ha sido ver cómo se ha formado un grupo de personas que le rinden culto y hacen que esta devoción crezca también aquí”.

El destino hizo el resto. Encuentros en eventos musicales, conversaciones compartidas, afinidades que se descubren sin buscarlas. Hasta que llegó la llamada. “Fue un miembro de la Junta de Gobierno quien me lo propuso. No lo pude rechazar. Me siento muy ligado y una parte de mí, entre comillas, pues entendía que era como una obligación hacerlo con gusto”, confiesa.

Y es ahí donde la emoción se convierte en responsabilidad. Porque no se trata solo de hablar, sino de transmitir. “Es un orgullo muy grande, porque es una de las devociones de mi corazón. Pero también es una responsabilidad, porque estaré delante de mis amigos y vecinos para contarles las cosas maravillosas de la Divina Pastora a nivel mundial”, explica.

Su exaltación, asegura, será fiel a su forma de sentir. “Intentaré que sea cercana, amena, muy mía. Un pregón cristiano, sin perder esa esencia sevillana”, adelanta, guardando aún algunos secretos. Porque, como él mismo dice, hay cosas que solo pueden descubrirse en el momento.

Lejos de ser un proceso complicado, la escritura ha fluido con naturalidad. “No me ha costado. Para estas cosas tiendo a encomendarme y a pedir siempre ayuda a los que están arriba, tanto a los familiares como a la propia Divina Pastora. Ha salido desde dentro, desde mis vivencias”, afirma. Y ahí reside, precisamente, la fuerza de su mensaje. En lo vivido, en lo sentido, en lo auténtico.

Uno de los aspectos que más ha cuidado es la conexión con Melilla. No ha querido quedarse en el recuerdo de Sevilla, sino tender un puente entre ambas realidades. “Quiero que Melilla se sienta incluida. Esta devoción también forma parte del corazón de la ciudad, de su historia y de su gente”, subraya.

Porque si algo tiene claro Manuel Rojas es que la Divina Pastora no entiende de fronteras. Es una devoción universal, pero también profundamente local, que se adapta, crece y echa raíces allí donde encuentra fe.

A medida que se acerca el momento, los nervios hacen su aparición, aunque él los recibe con serenidad. “Un poquito de nervios siempre hay, porque eso significa responsabilidad. Pero tengo muchas ganas”, reconoce.

Más allá del acto en sí, lo que realmente le mueve es devolver el cariño recibido. “Quiero estar a la altura de la confianza que han puesto en mí y devolver todo el afecto que me han demostrado”, afirma.

Este sábado, cuando tome la palabra, no hablará solo un exaltador. Hablará un niño que creció en Ronda de Capuchinos, un sevillano que nunca olvidó sus raíces, un melillense de adopción que ha encontrado una nueva forma de vivir su fe.

Y en cada palabra, en cada recuerdo, en cada emoción, estará presente la Divina Pastora. No solo como imagen, sino como hilo invisible que une vidas, ciudades y corazones.

Así comenzarán las Fiestas de la Divina Pastora 2026. Con una voz cargada de historia, de fe y de verdad. La de Manuel Rojas.

Tags: Noticias de Melilla

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