Hay personas que nacieron para crear magia, y Manolo Martín es una de ellas. Con más de una década transformando la elegancia melillense en proyección internacional, este maestro de la belleza se prepara para la edición más ambiciosa de Miss y Mister Melilla 2025, donde 14 jóvenes competirán no solo por el título, sino por un futuro que trasciende las fronteras de la Ciudad Autónoma.
"Esto se hace porque se tiene mucha pasión, porque te gusta mucho la moda", confiesa Manolo con esa honestidad que desarma, mientras ultima los detalles de un certamen que este año incorpora una novedad revolucionaria: las categorías Miss y Mister Redes Sociales, donde el público tendrá voz y voto directo.
La gran apuesta de Manolo para 2025 es entender algo que las grandes marcas internacionales apenas están asimilando: el poder ya no está solo en manos del jurado tradicional. "Si tú tienes un proyecto en el que implicas a siete personas, y esas siete personas tienen no sé cuántos seguidores, tu programa ya está viéndose multiplicado por siete", explica con la claridad de quien ha captado el pulso de su tiempo.
Esta innovación no es casualidad. Los datos internacionales confirman que el 70% de las compras de belleza están influidas por las redes sociales, y Manolo, sin necesidad de estadísticas corporativas, lo ha entendido desde la experiencia directa trabajando con jóvenes que viven conectados.
Comenzaron siendo trece, pero terminaron catorce. "La Feria de Málaga hace estragos y hace que la juventud se marche", reconoce Manolo con pragmatismo, pero ha convertido este aparente inconveniente en ventaja: trabajar con un grupo más reducido permite una preparación personalizada que grandes certámenes no pueden ofrecer.
Entre los candidatos masculinos destacan nombres como Mario Pérez Navarro, Imad Amadmad Mohamed y Hugo Sánchez Rodríguez, mientras que en la categoría femenina brillan Eva María Álvarez Aguilar, Nour Musa Mohamed y Lucía de los Ríos Cano. Cada nombre refleja la riqueza multicultural de Melilla, esa diversidad que Manolo ha convertido en el sello distintivo de su certamen.
Detrás del éxito está Eva Blanco, su compañera profesional y sentimental, junto a su hija, implicada desde pequeña en este proyecto familiar. "Llevamos toda la atención tuya, la de Eva y la de mi hija, que está muy implicada", explica Manolo, retratando una realidad donde vida personal y profesional se funden en una misión común.
La satisfacción en la voz de Manolo es evidente cuando habla de Mario Jiménez y Nerea Soler, sus actuales embajadores internacionales. Mario ya representó a Melilla en Míster Internacional, mientras Nerea se prepara para Miss Mundo. "Son dos chicos fantásticos de los que estamos muy contentos", dice con el orgullo del mentor que ha visto crecer a sus pupilos.
Para Manolo, la belleza del siglo XXI trasciende los cánones tradicionales. Su pregunta clave al jurado es reveladora: "¿Quién te ha transmitido? ¿En quién te has fijado desde el momento uno?". Esta aproximación demuestra una comprensión sofisticada de lo que realmente importa: esa cualidad indefinible que hace conectar emocionalmente con quien observa.
"Los géneros se están perdiendo. Muchas pasarelas ya se juegan con la ambigüedad", reflexiona, captando tendencias que las grandes capitales aún están procesando.
Cuando se le pregunta por sus planes futuros, Manolo responde con la naturalidad que lo caracteriza: "Mañana estaremos por ahí. Muy bien". En esas seis palabras está todo: la determinación tranquila de quien sabe que el éxito se construye día a día, certamen a certamen, sueño a sueño.
Manolo Martín no es solo un organizador de certámenes. Es el arquitecto de sueños melillenses, el guardián de una tradición que sabe reinventarse sin perder su alma, y el hombre que ha demostrado que desde Melilla también se puede conquistar el mundo, una pasarela a la vez.








