El principito, la obra más famosa del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), es un cuento poético cuyo escenario es el desierto del Sáhara. Los lugares más inhóspitos esconden belleza si te decides a buscarla. El principito se ha convertido en el libro escrito en francés más leído y más traducido de todos los tiempos. Así pues, cuenta con traducciones a más de doscientos cincuenta idiomas, incluyendo el sistema de lectura braille. El libro es considerado el primero del mundo en haber sido transcrito en símbolos fonéticos en lengua inglesa para estudiantes de inglés como segunda lengua. La obra también se ha convertido en uno de los libros más vendidos de todos los tiempos, puesto que ha logrado vender más de 140 millones de ejemplares en todo el mundo, con más de un millón de ventas por año. La novela fue traducida al español por Bonifacio del Carril y su primera publicación en dicho idioma fue realizada por la editorial argentina Emecé Editores, en septiembre de 1951. Entrevista a Marifé Santiago-Bolaños, poeta, filósofa, profesora de Estética en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, patrona de la Fundación María Zambrano y académica correspondiente de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce.
-Es el libro más traducido del mundo con permiso de la Biblia. ¿Dónde radica el éxito de este pequeño libro?
-Imagino que en la dulzura con la que se habla de la soledad, de la amistad, de los sueños creadores. Y en saber que “todas las personas adultas hemos sido niños”, lo que si olvidamos hace que nos abandonemos y nos olvidemos de nosotras mismas en el hoy. Quizás el desasosiego y la frustración que nuestras sociedades de supuesto bienestar acarrean procede, precisamente, de ese olvido.
-El principito de Antoine de Saint-Exupéry lo publicó la editorial Reynal & Hitchcock por primera vez en Estados Unidos en 1943, tres años antes de que lo hiciera en su Francia natal. ¿Por qué?
-Si vemos la fecha se responde con facilidad: Francia, Europa, estaba sumida en la II Guerra Mundial. Saint-Exupery estaba exiliado en Estados Unidos, donde se publica en inglés y poco después en francés. Hasta la liberación de Francia no se publica en Gallimard, es el año 1945, aunque al público no saliera hasta el 1946.
-Usted atesora 1.400 ejemplares en 647 lenguas distintas, en cingalés, bielorruso, molisano, sorbiano y uropi, el cheli de Madrid, la gacería de Segovia y el churro de Valencia, en código morse, traducidos al klingon, el idioma alienígena de Star Trek, aurebesh, el sistema de escritura ideado para La guerra de las galaxias. ¿Por qué esta colección?
-No empecé de un modo premeditado, más bien fue una curiosidad: es el primer libro que pedí que me compraran, tras leerlo en el colegio cuando tenía unos 10 años. Pasó el tiempo y ya adulta encontré varias ediciones en distintos idiomas buscando otras cosas, una casualidad. Y busqué en cuántas lenguas estaba traducido. Eran muchísimas. Empecé, casi como homenaje a aquel momento infantil en el que “pedía” un libro y ya no eran solo los que me regalaban o leía en bibliotecas, a comprar ejemplares en los viajes, amigos y amigas también nos traían de los suyos. Comenzó siendo una colección “amistosa”, cada ejemplar tenía su propia historia. Y eso fue el germen de la colección actual.
-A pesar de que es considerado un libro infantil por la forma en la que se encuentra escrito, también posee observaciones profundas sobre la vida. ¿Por qué este libro lo puede leer igualmente un niño que un adulto?
-Porque viaja por ese filo difícil de recorrer que es la imaginación y la experiencia. Y, me parece, porque desde el primer momento sabemos que el principito no es exactamente un niño, pero tampoco renuncia a esa condición. Y hace que al narrador-aviador-lector se le desvele una
condición personal y al tiempo especular, como si la historia concreta rebasara los límites de una biografía.
-El principito es un cuento poético que viene acompañado de ilustraciones hechas con acuarelas por el mismo Saint-Exupéry. En él, un piloto se encuentra perdido en el desierto del Sáhara después de que su avión sufriera una avería, pero para su sorpresa, es allí donde conoce a un pequeño príncipe proveniente de otro planeta. La historia tiene una temática filosófica, donde se incluyen críticas sociales dirigidas a la “extrañeza” con la que los adultos ven las cosas. Estas críticas a las cosas “importantes” y al mundo de los adultos van apareciendo en el libro a lo largo de la narración. ¿Sería éste el misterio de este libro que lo hace inmortal?
-Supongo que está en una de las frases más conocidas del libro: lo esencial es invisible a los ojos. Invisible no quiere decir que no se vea. Se siente, tal vez. Esos ojos físicos que no saben ver lo esencial, sin embargo, no agotan el ver. Cuando la racionalidad instrumental se transforma en razón poética, como diría la filósofa María Zambrano, los vínculos que se trenzan lo son siempre de respeto, es decir, de escucha y atención, de cuidado y hospitalidad. El otro deja de serlo para reconocerte en él.
-El principito había visitado otros seis planetas, cada uno de los cuales estaba habitado por algún adulto de mente estrecha. ¿De todos los personajes que se encuentra el principito, cuál es que más le fascina?
-Todos son arquetípicos, depende de la circunstancia. Ese farolero encargado de darle luz y oscuridad al mundo, ese guardián de las penumbras, me parece más que simbólico.
-Dígame tres ideas importantes (entre muchas otras) que este libro transmite.
-La necesidad de darle hospitalidad a lo inesperado. Nuestra naturaleza vulnerable y, a la vez, la grandeza de saber que toda vida es indispensable. La grandeza de la amistad, de amor que -otra vez recuerdo a María Zambrano- “engendra siempre”. Y lo que engendra es paz.
-El pequeño príncipe explica que cuida y protege a su rosa con un biombo y una cúpula de cristal y aunque estaba encantado con ella, de pronto empezó a sentir que se estaba aprovechando de él. Así, el principito decidió abandonar su planeta y explorar el resto del universo. A pesar de que la rosa se disculpó por su vanidad y ambos se reconciliaron, esta le animó a seguir adelante con su viaje y el príncipe obedeció. La rosa y el principito. “Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa”. ¿Qué tipo de amor sentía el principito por su rosa roja...?
-El amor sin por qué, el que no exige ni impone. El que se da y que cuando llega se vive como un regalo.








