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María Mansilla: "Tengo la suerte de convertir mi pasión en creaciones y mis creaciones en emociones"

Desde las primeras tarjetas que hacía de niña con botones y retales del costurero de su madre, hasta su espacio de "Scrap Dulce Scrap", la artesana ha construido un oficio autodidacta en torno al scrapbooking, las artes plásticas y el trabajo con la infancia

por Alejandra Gutiérrez
17/08/2026 18:10 CEST
María Mansilla: "Tengo la suerte de convertir mi pasión en creaciones y mis creaciones en emociones"

María Mansilla con dos mariposas en las muñecas realizadas de forma artesanal. -Cedida por Mansilla-


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Las primeras manualidades de María Mansilla fueron cartas dedicadas. De niña le gustaba dejar notas a sus hermanas y a sus padres y prepararlas a escondidas, como pequeñas sorpresas que después entregaba orgullosa. Abría el costurero de su madre y rebuscaba entre botones de colores, retales de tela y todo aquello que pudiera servirle para construir sus tarjetas personalizadas. No tenía herramientas específicas ni nadie que le enseñara. Tenía, sobre todo, curiosidad y ganas de hacer algo con las manos. Aquellas primeras tarjetas podían no tener una técnica definida, pero ella les daba color, les daba vida y encontraba en ellas una forma de expresar lo que quería transmitir a las personas que quería. Aquel gesto contenía ya buena parte de lo que, décadas después, definiría su manera de entender el oficio: "crear con las manos aquello que el corazón imagina" y convertir un objeto en una emoción. Hoy, a sus 45 años, Mansilla continúa dejando pequeñas sorpresas, aunque aquellas primeras tarjetas infantiles se han transformado.

Ese origen ayuda a comprender la relación que mantiene actualmente con las manualidades. En su casa ha creado un espacio dedicado únicamente a sus proyectos artesanos. Es una habitación en la que ha ido reuniendo, durante años, materiales y herramientas y que ella misma ha construido como su lugar de trabajo. Lo llama su "templo". Allí puede pasar horas aunque esté cansada, concentrada entre papeles, colores, modelos y pequeños detalles, hasta descubrir que han pasado las horas y son las cinco de la mañana. Es un espacio en el que se relaja y en el que encuentra su lugar feliz. El nombre de su propia marca, Scrap Dulce Scrap, nace precisamente de esa relación entre el scrap y el hogar, de la idea de "hogar, dulce hogar" aplicada a ese pequeño universo creativo que tiene su propia madriguera dentro de su vivienda.

Con los años, aquel espacio se ha ido llenando de posibilidades. Mansilla ha invertido en herramientas que le facilitan el trabajo y le permiten hacer realidad proyectos cada vez más elaborados: encuadernadoras de diferentes tamaños, plegadoras, troqueladoras, materiales de estampación, máquinas para realizar diferentes formas, una impresora 3D y una Cricut que todavía tiene pendiente explorar. También trabaja con telas y realiza productos textiles como tote bags, fundas para libros y tabletas y estuches. Le interesa especialmente poder combinar unas técnicas con otras y ampliar las posibilidades de cada creación. Ahora se prepara para adentrarse también en el mundo del vinilo. Su taller, así, ha ido creciendo a medida que crecía su oficio.

Las manualidades también le han servido a ella para aprender a concentrarse y a relajarse. Lo descubrió trabajando con las manos y después lo relacionó con el teatro, otra de las disciplinas que forman parte de su trayectoria. Para Mansilla, las manualidades se convirtieron en una forma de centrarse, de aprender a relajarse y de encontrar un momento de calma. Cuando está creando entra en un ritmo diferente y el tiempo deja de ser una referencia. El trabajo manual la absorbe, pero también le proporciona ese momento de relajación que necesita.

Algunas de las creaciones realizadas por Mansilla para los talleres o para encargos. -Cedidas por Mansilla-

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Esa experiencia personal es la que después traslada a los niños con los que trabaja. Mansilla forma parte desde hace siete años del programa MUSE de la Fundación Yehudi Menuhin, aunque lleva muchos más años vinculada al trabajo con la infancia. Ha realizado talleres en colegios, bibliotecas, museos y otros espacios y ha trabajado también en proyectos fuera de los centros educativos. En MUSE ha encontrado una manera de reunir dos de sus grandes intereses, el teatro y las artes plásticas, y de utilizar el arte para trabajar valores. En los más pequeños, las manualidades permiten además desarrollar la motricidad fina y adquirir destrezas a través de una actividad en la que están implicadas las manos, la atención y la imaginación.

Antes de convertirse en artesana, María tuvo que descubrir prácticamente sola el camino que quería seguir. Cuando comenzó a interesarse por el scrapbooking no tenía un referente cercano que pudiera enseñarle. Fue buscando vídeos y descubriendo poco a poco un mundo que, en España, todavía era muy desconocido. En aquellas imágenes aparecían papeles estampados, herramientas y máquinas que nunca había visto y que le parecían casi imposibles de conseguir. Ella quería hacer aquellas creaciones y empezó a investigar. Durante años, su aprendizaje fue autodidacta, siguiendo tutoriales y tratando de averiguar qué materiales utilizaban aquellas personas y dónde podía encontrarlos.

La palabra scrapbooking fue determinante porque le permitió poner nombre a aquello que estaba buscando. A partir de ahí empezó a descubrir que existía una técnica dedicada a la creación de álbumes de recuerdos y que detrás de ella había un universo de materiales, herramientas y formas de encuadernación. Su primera experiencia en una tienda especializada fue en Londres, cuando tenía alrededor de 26 años. Recuerda todavía la sensación de entrar en Play Rubber Stamp y encontrarse delante de todo ese universo creativo y sus funcionalidades; un conjunto de productos que hasta entonces había visto solamente en vídeos. La tienda tenía incluso un sótano dedicado a los papeles estampados. Para ella fue descubrir físicamente todo un mundo que hasta entonces había tenido que imaginar.

Las primeras troqueladoras que consiguió llegaron de Estados Unidos. Eran solamente dos, pero el envío costó más que las propias máquinas. Después comenzaron a aparecer tiendas especializadas en España y la venta online facilitó el acceso a los materiales. María fue reuniendo poco a poco los artilugios y construyendo su taller. La dificultad para conseguir determinados productos también le enseñó a buscar alternativas. Durante una etapa incluso trasladó esa manera de trabajar a la televisión local, en su programa El baúl del Scrap, donde enseñaba las técnicas y ofrecía siempre una segunda posibilidad para quienes no disponían de las herramientas especializadas. Si para marcar un pliegue ella utilizaba una plegadora, podía explicar cómo hacerlo con el mango de unas tijeras. Era, en definitiva, la misma forma en la que ella había aprendido.

El scrapbooking continúa siendo para ella una de las técnicas más amplias y también uno de sus mayores retos. Le interesa la cantidad de posibilidades que ofrece: las diferentes formas de encuadernar, los tamaños, las estructuras y las combinaciones de materiales. Ha trabajado con encuadernación japonesa, francesa, cosida a mano y con anillas, y ha realizado álbumes desde formatos pequeños hasta otros de 30 por 30 centímetros. El interior se construye desde cero. Hace sus propios sobres con papel estampado y los incorpora a las páginas, de manera que cada parte de la pieza forma parte del trabajo artesanal.

Esa posibilidad de construirlo todo desde el origen es también la que le permite hacer creaciones completamente personalizadas y únicas. Cuando recibe un encargo, necesita conocer a la persona que lo va a recibir. Pregunta por sus gustos, sus colores, sus aficiones y por aquellos detalles que puedan ayudarla a encontrar el hilo del proyecto. Si se trata de alguien relacionado con un deporte, incorpora referencias a él; si tiene una afición determinada, busca la manera de trasladarla al álbum. Después mezcla esa información con su propia creatividad. Por eso cada encargo es diferente y no hay dos piezas iguales.

Algunos de esos trabajos son álbumes de recuerdos para familias que quieren conservar las fotografías de un viaje o de un momento especial. Otros se convierten en regalos. Entre ellos están los álbumes de dinero, que Mansilla empezó a elaborar cuando alguien le pidió que hiciera una creación que ella ya había visto y que llevaba tiempo pensando cómo adaptar. A partir de ahí empezó a construirlos. Los billetes forman parte de la propia estructura y pueden convertirse, a través de la papiroflexia, en barcos de papel, corazones o aparecer escondidos en diferentes elementos. El regalo deja de ser simplemente dinero y pasa a formar parte de una creación pensada para la persona que lo recibe.

Ahora trabaja también en un álbum para una niña de cinco años en el que volverá a unir varias de sus inquietudes. Habrá fotografías de la niña convertidas en dibujos para colorear y una pequeña historia en la que ella será la protagonista. El encargo lo ha realizado una abuela para su nieta. Mansilla disfruta especialmente de estos proyectos porque le permiten fusionar las artes plásticas con el teatro y construir algo que no se limita a guardar imágenes, sino que incorpora una historia alrededor de ellas.

En ese trabajo hay una exigencia personal muy alta. Mansilla reconoce que es muy meticulosa y perfeccionista cuando trabaja como artesana. Puede detenerse en un detalle que para otra persona sería prácticamente imperceptible, como una esquina que no ha quedado exactamente como quería o una puntada en una cremallera. Ella sí lo ve porque conoce todo el proceso. Y si ese detalle no le convence, la pieza puede quedarse en casa aunque otra persona la considere terminada.

Esa forma de trabajar está ligada al valor que concede al tiempo. María recuerda que existe un refrán según el cual cuando un artesano regala algo está regalando lo más valioso que tiene, su tiempo. En sus encargos dedica muchas horas y pone mucho de sí misma. Quiere que quien recibe una pieza tenga una reacción de sorpresa, que encuentre algo que estaba pensado especialmente para esa persona. La creación artesanal, en su caso, está vinculada a esa dedicación y a la posibilidad de regalar algo que ha requerido tiempo para ser construido.

Esa relación entre las manualidades y los recuerdos se hace especialmente evidente cuando habla de su madre. Después de su fallecimiento, mientras guardaba sus cosas, Mansilla encontró una caja con tarjetas que había hecho cuando era niña. Volver a verlas tantos años después fue recuperar de nuevo una parte de su infancia y tener presente a su familia a través de aquellas pequeñas creaciones. Las tarjetas que un día había hecho para provocar una sorpresa se habían convertido, con el paso del tiempo, en un recuerdo que su madre había conservado y que ahora custodia ella como un tesoro.

Por eso entiende también la necesidad de guardar las pequeñas cosas que hacen los niños. Todavía conserva algunos dibujos y tareas que realizó su hijo, que ahora tiene 15 años, y tiene la idea de seleccionar algunos, plastificarlos y encuadernarlos para reunirlos en un solo volumen. Quiere que sea una evolución desde que era pequeño hasta ahora. De nuevo, el trabajo manual aparece como una forma de conservar algo que el tiempo va transformando.

Esa misma mirada está presente en sus talleres. María trabaja mucho con materiales reciclados y busca que los niños descubran que pueden crear con aquello que tienen en casa. Un cartón de huevos puede convertirse en un autorretrato; una caja de zapatos, en un teatro de sombras; un rollo de papel higiénico, en una marioneta, una flor o una corona. Le interesa que los niños aprendan una creación y después puedan repetirla por su cuenta. Para ella, una de las mayores satisfacciones llega cuando un alumno vuelve y le cuenta que ha hecho en casa aquello que aprendieron juntos y que se lo ha regalado a un ser querido. Es ahí cuando siente que lo aprendido ha continuado fuera del taller. Lo que le hace sentir que su trabajo merece la pena.

La familia tiene también un papel importante en su manera de entender las actividades. Cuando llegan niños pequeños que todavía necesitan ayuda para realizar una manualidad en alguno de sus talleres, Mansilla invita a los adultos que los acompañan a quedarse y construir con ellos. Padres, abuelos, tíos o hermanos mayores pueden sentarse junto al pequeño y participar. Le gusta que la creación sea un momento compartido y ha comprobado la ilusión que sienten los niños y las niñas cuando descubren que sus familiares van a participar en una actividad con ellos.

En sus talleres intenta además trabajar responsabilidades. Algunas niñas de la biblioteca le han pedido ser "la maestra" y María aprovecha esa petición para darles pequeñas tareas: organizar grupos, ayudar a los más pequeños, explicar algo a un compañero. De esta manera, las manualidades se convierten también en una oportunidad para aprender a trabajar en equipo. Ella observa que los niños muchas veces quieren imponer sus ideas, tienen dificultades para escuchar las de los demás o se frustran cuando su propuesta no sale adelante. A través de la actividad plástica intenta trabajar el diálogo, el respeto y la escucha activa. En definitiva, los valores que vincula al desarrollo de las actividades plásticas con la infancia.

En el programa MUSE ha encontrado precisamente la posibilidad de unir todo aquello que forma parte de su trayectoria. Teatro, artes plásticas y trabajo con niños aparecen juntos en una actividad en la que puede desarrollar su faceta de artista multidisciplinar. Lleva siete años en el programa, pero su experiencia con la infancia comenzó antes, a través de asociaciones, talleres y actividades extraescolares de teatro. Para ella, MUSE representa la posibilidad de trabajar con los niños desde aquello que le gusta y de utilizar el arte como herramienta para acompañarlos.

Fuera de los colegios, muchos de los niños que participan en sus talleres ya la conocen porque han sido alumnos suyos. Saben cómo trabaja y se acercan a las actividades con esa confianza. Mansilla procura mantener ese vínculo y crear un espacio en el que los más pequeños puedan sentirse cómodos. Para ella, trabajar con ellos es una responsabilidad, pero también una fuente continua de satisfacción.

Su sueño sigue siendo abrir algún día su propia tienda de scrapbooking donde impartir talleres; o tener un programa familiar de manualidades. Le gustaría tener un espacio donde las personas pudieran encontrar los materiales y herramientas que durante tantos años ella tuvo que buscar fuera, y donde también se pudieran organizar talleres. Es el modelo que ha conocido en otros lugares y que le gustaría trasladar a su entorno. Sabe que necesita una inversión importante y bromea con que tendría que tocarle la lotería, pero sigue teniendo ese proyecto pendiente.

Mientras tanto, María continúa trabajando desde su espacio de casa, rodeada de las herramientas que ha ido incorporando a lo largo de los años. Allí conviven las máquinas con los papeles, las telas y los materiales reciclados; las nuevas técnicas con aquellas primeras formas de crear que descubrió cuando era niña. La diferencia es que ahora sabe cómo se llama aquello que empezó haciendo de manera intuitiva y ha convertido aquella curiosidad en un oficio. Pero cuando habla de lo que significa para ella seguir creando, vuelve a aquella idea que ha acompañado toda su trayectoria: "Mis manos crean lo que mi corazón imagina". Y después añade otra frase que resume el lugar que ocupa hoy ese trabajo en su vida: "Tengo la suerte de convertir mi pasión en creaciones y mis creaciones en emociones".

Tags: infanciaManualidadesMaría MansillaScrap Dulce Scrap

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