Al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le han entrado las prisas para tratar de algo de orden a la hora de abordar las medidas que Ceuta necesita para ir recuperando la normalidad perdida los días 30 y 31 de julio, cuando entraron ilegalmente en la ciudad unos 80.000 inmigrantes con la aquiescencia, por no decir complicidad, de las autoridades marroquíes. Tan rápido quiere tomar decisiones La Moncloa que lo único que está consiguiendo en estos momentos es constatar y confirmar que los ceutíes han estado abandonados a su suerte durante casi un mes.
Ha sido volver de sus magníficas vacaciones pagadas por los españoles en la Mareta y ponerse manos a la obra convocando al Consejo de Seguridad Nacional para hacer un Real Decreto que declare la "situación de interés para la seguridad" en Ceuta, un mecanismo que se utiliza por vez primera en la historia democrática de España. Es decir, no solo ha demostrado que el Gobierno hizo política de brazos caídos, sino que reconoce la excepcionalidad de lo sucedido en tierras ceutíes, algo que venían negando los ministros de manera sistemática a lo largo de la crisis, que aún continúa.
De pronto, un mando único, 25 millones de euros rápidamente para los menores migrantes, solicitud Bruselas de las ayudas procedentes de la financiación de emergencia de la que dispone la Unión Europea... Las preguntas que cabe hacerse son obvias: ¿Por qué no se hizo nada de eso en estos 27 días de agonía en Ceuta? ¿Acaso es que nadie podía ponerse medallas hasta que no llegara Sánchez de su descanso estival y ahora todas deben ser para él? ¿En qué valora este presidente del Gobierno el bienestar de nuestros hermanos ceutíes? ¿En cómo poder utilizarlos para mejorar ahora su imagen haciendo ver que es el que lo resuelve todo ante la inutilidad de sus ministros?
Hagan lo que hagan desde el Gobierno de España a partir de ahora, los ceutíes, como tampoco los melillenses, olvidarán que Sánchez prefirió irse de vacaciones a ayudarlos, que optó por su bienestar por encima del de estos ciudadanos, que siguen sufriendo las consecuencias de la crisis, que tienen miedo de salir a la calle, que ven espantados cómo van a ir sus hijos al colegio, que la salida de las chicas les hace estar en un sinvivir.
Y para espectáculo, el que han ofrecido hoy los dos grandes enemigos íntimos del Gobierno: la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, a costa de si había o no información del CNI de lo que podía ocurrir en Ceuta. La primera afirma que se pasaron los informes a la Delegación del Gobierno y a los cuerpos y fuerza de seguridad mientras el segundo sigue negándolo. Difícil es de creer que los empleados de la inteligencia española, siempre competentes en el cumplimiento de su deber, no trasladaran sus datos a Interior por mucho que a Marlaska le duela el bofetón sin manos de su adversaria Robles.








