Tras realizar un análisis de cómo quedó congelada la elaboración del Plan Integral de Seguridad Nacional para Ceuta y Melilla desde que se incluso fuese publicada oficialmente por el Gobierno en 2021, el diario El Periódico plantea una cuestión interesante al albur, incluso, de lo expresado por fuentes experimentadas de la diplomacia española: ¿Dónde están las prioridades de España en sus relaciones con Marruecos? ¿En el blindaje de las dos ciudades autónomas en el norte de África o en la recomposición de los vínculos con el régimen de Rabat?
El nacimiento del citado plan se anunció a bombo y platillo por el Ejecutivo nacional en 2021, después de que los marroquíes invadieran Ceuta por vez primera con el apoyo de sus autoridades; se calculan que entraron entre 10.000 y 12.000 personas, en su mayoría menores. Marruecos castigaba así a España por haber permitido que el líder del Frente Polisario fuera tratado de Covid en un hospital de La Rioja.
Sin embargo, cinco años después del lanzamiento de aquella idea, ni siquiera existe un borrador sobre el que basar la redacción definitiva del plan. Es decir, se trata de una iniciativa que venía contemplada en el documento "Estrategia de Seguridad Nacional 2021", publicado en el BOE, pero que jamás fue dotada de contenido. Y ahí sigue durmiendo el sueño de los justos vaya usted a saber en el cajón de qué ministro o alto cargo del Gobierno.
Entre las cuestiones que se pretendían dejar plasmadas en el plan figuran ideas como ejercer un mayor control sobre las mezquitas y los imanes, manejados y financiados desde Marruecos en ambas ciudades, hacer censos demográficos fiables en barrios como El Príncipe de Ceuta, y la garantía de suministro de agua, alimentos y productos sanitarios ante posibles crisis fronterizas. O sea, protección de infraestructuras críticas de cara a los ciudadanos ceutíes y melillense.
Asimismo, también se identificaron otras vulnerabilidades, clasificadas como secretas, en infraestructuras críticas como el puerto de Ceuta y el aeropuerto de Melilla, cuyas rutas de aproximación dependen del espacio aéreo marroquí.
La pregunta que cabe hacerse ante la paralización y el olvido del plan es simple: ¿qué ha pasado entre mayo de 2021 y el verano de 2026 que pueda explicar que la redacción de las medidas, su presupuesto y demás puntos de ejecución nunca se llevaran a cabo? El cambio de la postura de España en su política con Marruecos, que se inició oficialmente en 2022 con la carta que Rabat hizo pública sobre la cesión del Sáhara por parte de Sánchez, el posterior encuentro entre el presidente y Mohamed VI, y el desarrollo de varias reuniones de alto nivel. Sin contar, por cierto, con la infección del móvil del jefe del Ejecutivo con el programa Pegasus, que la mayoría de los analistas políticos ponen en el foco cuando se abordan estas cuestiones.








