Se empieza a extender la idea entre observadores políticos de que la crisis de Ceuta no va a terminar todo lo pronto que debería. El hecho de que centre día sí y día también el foco mediático en todo el país lleva a pensar en que esta situación le conviene al presidente del Gobierno y a su partido, que ven relegada a un segundo plano la atención a sus problemas de corrupción: desde Zapatero a las "cloacas" pasando por la supuesta financiación ilegal y el enorme reguero de imputaciones por las "mordidas" en obras públicas, que afectan de lleno incluso a empresas públicas. Y ello, sin contar con que la mismísima mujer del presidente, Begoña Gómez, está a un paso de verse sentada en el banquillo ante un jurado popular.
Sostienen estos analistas que la intención de Sánchez sería alargar el conflicto de Ceuta hasta bien entrado 2027 y viendo cómo se está actuando desde el Gobierno en la ciudad hermana adquiere sentido el refrán ese de "piensa mal y acertarás". Las ideas y venidas de ministros no ha supuesto ni una medida concreta sobre la mesa para la recuperación socioeconómica de los ceutíes. Tampoco se ha visto intención alguna de agilizar las expulsiones de los que entraron ilegalmente, no se ha pedido ayuda a Europa, no hay refuerzo sanitario ni nada de lo que ha pedido el presidente Vivas con urgencia. Nada de nada más allá de unas tiendas para 1.800 inmigrantes y cierta potenciación de servicios de vigilancia.
Han pasado más de tres semanas desde la invasión de la ciudad española y Sánchez se ha limitado a estar allí unas horas el día 31 de julio, irse rápidamente de vacaciones, conectarse unos minutos a reunión online con algunos de sus ministros y nombrar a Ángel Víctor Torres responsable de la coordinación de las medidas (inexistentes por ahora) para paliar la crisis. Eso es lo que ha hecho todo un jefe de Gobierno, aparte de pedirle al Rey que llamara a Mohamed VI para darle las gracias, no se sabe por qué ni a qué respondería el agradecimiento.
El caso de Felipe VI merece, por su parte, un análisis más pormenorizado porque empiezan a surgir voces que arman jurídicamente la idea de que el monarca no necesitaría la autorización gubernamental para viajar a Ceuta ante una situación tan excepcional como ésta. El presidente Imbroda ya le ha pedido que haga esa visita "sin más dilaciones" y se comienzan a deslizar ideas preocupantes sobre el uso político que el líder socialista quiere dar a la Corona, a la que, en modo alguno, permitiría darse un baño de masas en Ceuta y salir airosa respecto de la Presidencia del Gobierno en esta crisis.








