Por mucho que quieran justificarse tanto el PSOE como CpM, lo cierto es que ambas organizaciones políticas cometieron un error al no participar en la concentración en solidaridad y apoyo a la ciudad de Ceuta, víctima de la crisis fronteriza que ha vivido España en el último medio siglo y en una situación de extrema vulnerabilidad como consecuencia del colapso de los servicios públicos de toda clase, incluida la sanidad, además de sufrir las consecuencias de miles inmigrantes ilegales deambulando por sus calles como consecuencia de la inacción humanitaria por parte del Gobierno de Sánchez.
Ambos partidos melillenses se excusan afeando al Ejecutivo local las formas en que se aprobó el manifiesto institucional, que no contó con la opinión de los grupos de la oposición por cuanto que fue aprobado exclusivamente por el Consejo de Gobierno y no por la Asamblea en su conjunto como cámara de representación de toda la ciudad. Cierto es que lo ideal habría sido un pronunciamiento unánime y consensuado, eso es indudable, pero que puedan tener cierta razón en sus críticas no les exime de la grave irresponsabilidad de no haber estado en la concentración, que reunió a más de tres mil melillenses a las puertas del Palacio de la Asamblea.
Y ahí hay que poner como ejemplo la actitud, sin embargo, tanto de Vox como de Somos Melilla. Ambos partidos acudieron a la convocatoria, a pesar de no estar de acuerdo con la sucesión de los hechos por parte del Gobierno de Imbroda. Es decir, sus respectivas direcciones políticas priorizaron el qué al cómo, una actitud que pone sobre la mesa que supieron distinguir entre el fondo y la forma, lo cual es importante ante situaciones como las que padecen nuestros compatriotas ceutíes.
Hasta en el caso de los socialistas puede vislumbrarse cierta coherencia entre no asistir a la convocatoria y la línea política que mantienen el PSOE y Pedro Sánchez al respecto: distancia, relato por encima de datos, normalización de lo anormal y retorcer el discurso para que, al final, la culpa la tenga Vivas y su equipo. Pero lo de CpM es más complicado de digerir.
El partido que lidera todavía Mustafa Aberchán se ha puesto de perfil en todo momento desde que los días 30 y 31 de julio pasado se produjera la invasión de Ceuta con la aquiescencia (por no decir organización), al menos tácita, de Marruecos. Solo salió en dos ocasiones: una para hablar de ser humanitarios con los inmigrantes y otra para criticar a la Ciudad Autónoma por la poca protección, en su opinión, de los menores que entraron en Melilla ilegalmente en esas mismas fechas. ¿Críticas a la falta de soluciones por parte del Gobierno central, a su indolencia, a la pasividad marroquí? Ningunas. A partir de ahí, que cada cual obtenga sus propias conclusiones.








