La crisis económica, sus efectos, el porcentaje de desempleo, el control del déficit, el nivel de la prima de riesgo... tienen una presencia constante en los diarios y en los informativos de radio y televisión. Esas cifras vienen siendo las principales protagonistas de los titulares en los últimos años. Sin embargo, existen otros números más preocupantes, al menos, en Melilla. Ayer el oncólogo del Hospital Comarcal, Eduardo Triguboff, participaba en unas jornadas sobre el cáncer de mama. Allí explicó que sólo el 17% de las mujeres con edades comprendidas entre los 45 y los 65 años se realiza mamografías para detectar posibles cánceres con la suficiente antelación para que la enfermedad no sea mortal o para que tenga las menores consecuencias. Ese 17% indica que en nuestra ciudad el 83% de las mujeres de esa franja de edad (la de mayor riesgo) corre el peligro de sufrir un cáncer de mama y no ser consciente de la enfermedad hasta que ya es demasiado tarde.
Acabar con esa inquietante proporción de persona que pueden desarrollar una dolencia mortal obliga a poner manos a la obra cuanto antes. Es necesario combinar campañas publicitarias, con actividades informativas y acciones formativas en los centros educativos. En este caso, la excusa para permanecer con los brazos cruzados no pueden ser las dificultades para disponer de un amplio presupuesto. Aquí la única dificultad es que los responsables sanitarios de la ciudad tomen conciencia de la gravedad de la situación y se decidan a poner manos a la obra.
Afortunadamente, muchos de los asuntos que nos preocupan a los melillenses no se solucionan con dinero. Basta con convencernos de la necesidad de abordar el problema y ponernos a trabajar. Por desgracia, habitualmente falta quien dé el primer paso y después abandere a una población acostumbrada a que la soluciones las ponga otro.







