Los presupuestos de Melilla deberán esperar hasta que los ministros Montoro y De Guindos terminen de hacer las cuentas de lo que debemos, de lo que podemos pagar y de lo que las autonomías tienen que dejar de gastar. Sus números son imprescindibles para saber si aún hay más agujeros que tapar con otros nuevos que hagamos en el cinturón.
Sin embargo, si son importantes los resultados de las sumas y las restas de estos dos ministros, lo es aún más que el Gobierno explique cuál es su planteamiento para superar la crisis una vez que los números cuadren. Desgraciadamente, el problema no está en que a los gobernantes de turno se les haya ido la mano con el gasto. El verdadero quebradero de cabeza está en cómo recuperar los ingresos que hasta hace unos años se daban por descontado. Aún no está claro en qué va a consistir la recuperación económica, pero desde luego no va a venir por sí sola cuando el Gobierno consiga hacer desaparecer los números rojos a base, únicamente, de reducir el gasto.
La propuesta del antecesor de Rajoy fue aquello de la Ley de Economía Sostenible, que no se mantenía en pie ni era capaz de superar el más simple examen de sentido común. Ya no está Zapatero, pero aún falta definir las soluciones a corto, medio y largo plazo. Hay que aclarar si se da por perdido el sector del ladrillo, si es posible evitar la fuga de cerebros, si la productividad de las empresas españolas es recuperable, si hay capacidad para una apuesta seria en I+D+i, si es posible crear en la UE unos organismos económicos independientes y operativos, si es viable el actual sistema de comunidades autónomas... Son demasiadas incógnitas que no se despejan sólo con sumas y restas, por muy importante que sea saber cuánto se debe y cómo vamos a ahorrar para pagarlo.







