Una niña en el taller de pintacaras.
La esperanza de una blanca Navidad en Melilla es prácticamente nula. Por ello, la ciudad se esfuerza en ofrecer un sinfín de ofertas de ocio para mantener ocupados a los más pequeños durante el período vacacional. Así las actividades infantiles, que se desarrollan en la céntrica plaza de las Culturas, funcionan como un imán que mueve la Navidad en Melilla.
En la tarde de ayer los niños disfrutaron de la presencia del paje real, se divertieron con el tradicional juego de las sillas y se convirtieron en sus personajes favoritos con un taller de pintacaras.
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