La melillense María Dolores Fontecha Heredia, conocida por todos como Lola Fontecha, ha sido distinguida con la Medalla de Plata al Mérito Filatélico. Un reconocimiento concedido por unanimidad por el Consejo de la Orden Civil del Mérito Postal y la Medalla al Mérito Filatélico. La noticia le llegó por carta hace apenas unos días y, aunque asegura que nunca trabajó esperando un premio, reconoce que esta distinción ha supuesto un respaldo muy especial a años de dedicación silenciosa.
El galardón será entregado el próximo 26 de septiembre en Mérida, en la 64 Exposición Filatélica Nacional. Para ella, más que una medalla, representa el reconocimiento a una forma de entender la filatelia basada en el compromiso, el trabajo constante y las ganas de acercar este mundo a otras personas.
Aunque lleva casi toda la vida en Jaén, Lola nació en Melilla. Tenía apenas cinco años cuando sus padres se trasladaron a Andalucía. Hoy vive en la capital jienense, muy cerca de la catedral, y trabaja como administrativa. Sin embargo, nunca ha dejado de sentirse melillense.
"Hay gente que me dice que soy de Jaén y yo siempre respondo que no. Que aunque llevo aquí más años que las aceitunas, soy de Melilla. Esa siempre será mi tierra", afirma.
Su historia con la filatelia comenzó siendo una niña. No fue una afición heredada por la familia, sino una curiosidad que nació de forma natural. Cada sello que caía en sus manos era cuidadosamente despegado con agua caliente, secado y guardado. Lo mismo hacía con las monedas que encontraba.
Con el paso del tiempo, la vida fue ocupando el primer plano. Se casó muy joven, tuvo tres hijos y dedicó gran parte de su esfuerzo a sacar adelante a su familia.
"Han sido tantas cosas las que he tenido que hacer sola que casi no me ha dado tiempo a pensar en mí. Ya he visto que mi familia está completa y está cada uno haciendo su vida, y ahora ya me puedo tomar el lujo de mirarme al espejo y decirme ahora te toca a ti", resume.
Su implicación en el mundo filatélico dio un giro en 2012, cuando conoció a quien hoy es su pareja, Paco Velázquez, presidente de la Sociedad Filatélica Gaditana. Gracias a él comenzó a participar de forma mucho más activa en congresos, campeonatos y exposiciones nacionales e internacionales. Sobre todo, pudo descubrir el trabajo que hay detrás de la organización de estos encuentros y el enorme esfuerzo que realizan quienes mantienen viva esta afición.
Sin embargo, insiste en que nunca ha buscado protagonismo. Se define como una persona que trabaja "como una hormiguita", ayudando allí donde hace falta.
Por eso la carta que anunciaba la concesión de la medalla la sorprendió por completo.
"Me sentí valorada. Yo hago las cosas porque me gustan y porque me ilusiona echar una mano. Pero también es bonito que, de vez en cuando, alguien te dé una palmada en la espalda y te diga que lo has hecho bien", explica.
La noticia la recibió de una manera muy especial. Fue su pareja quien recibió primero la correspondencia y la llamó inmediatamente. Ambos leyeron la carta juntos en la Plaza de Santa María de Jaén.
"Le hizo muchísima ilusión y a mí también. Al final es una forma de reconocer un trabajo que haces con mucho cariño."
Lola cree que el Consejo ha valorado especialmente su labor divulgativa. Recuerda con especial cariño un taller organizado durante una exposición filatélica nacional celebrada en Cádiz junto a Paco Velázquez. Allí explicaron a decenas de niños cómo nacieron los sellos, cómo se escribían antiguamente las cartas o cuál era el recorrido del correo antes de la llegada de internet.
"Yo le pongo mucha emoción cuando hablo de estas cosas. Creo que alguien vio esa ilusión y decidió que merecía este reconocimiento."
Actualmente forma parte de la junta directiva de la Sociedad Filatélica Gaditana y trabaja en la organización de la Exposición Filatélica Andaluza (Exfilándalus), que se celebrará en Cádiz entre el 4 y 8 de noviembre. En ella participarán coleccionistas de distintos puntos de España y también del extranjero, mostrando colecciones que serán evaluadas por su calidad y presentación.
Pese al reconocimiento recibido, considera que todavía tiene muchos retos por delante. Uno de ellos será iniciarse en la maximofilia, una especialidad de la filatelia que combina sellos, tarjetas postales y matasellos relacionados entre sí.
Su intención es preparar su propia colección para poder exponerla en futuras muestras.
Pero si hay algo que le preocupa es el futuro de la filatelia. Reconoce que el relevo generacional es escaso y que la mayoría de los aficionados supera ya los 50 años. "Aunque vivimos en la era digital, el sentimiento que se pone en una carta no debería perderse nunca", reflexiona.
Y, aunque dejó Melilla siendo muy pequeña, conserva recuerdos muy vivos de su infancia. Habla con emoción del barrio del Real y de aquellas imágenes junto a su madre buscando coquinas en la playa. No sabe si son recuerdos reales o si los ha reconstruido con el paso del tiempo, pero asegura que siguen muy presentes.
Cada vez que vuelve a la ciudad siente que regresa a casa.
Ahora, esa ciudad que la vio nacer suma un nuevo motivo para sentirse orgullosa. Porque una melillense que ha dedicado años a preservar la historia del correo y de los sellos acaba de recibir uno de los mayores reconocimientos que existen en este ámbito. Y lo ha hecho, como ella misma dice, trabajando siempre "con ilusión y como una hormiguita".








