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La ilusión pudo más que la lluvia: Melilla despierta con la magia intacta del Día de Reyes

La cancelación de la cabalgata por las inclemencias meteorológicas dejó imágenes de tristeza en la tarde del 5 de enero, pero la mañana del 6 devolvió la sonrisa a miles de niños con regalos, ilusión y tradición

por Tania Chocrón
06/01/2026 11:46 CET
La ilusión pudo más que la lluvia: Melilla despierta con la magia intacta del Día de Reyes

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La tarde del 5 de enero de 2026 quedará grabada en la memoria de muchas familias melillenses como una de las más agridulces de los últimos años. La esperada cabalgata de los Reyes Magos, uno de los actos más multitudinarios y emotivos del calendario festivo, tuvo que ser cancelada debido a las adversas condiciones meteorológicas que azotaron la ciudad minutos antes de su inicio. La lluvia intensa, persistente y acompañada de fuertes rachas de viento obligó a suspender el desfile, dejando calles inundadas, paraguas rotos y, sobre todo, a cientos de niños con el corazón encogido.

Sin embargo, la magia no se apagó del todo. A las 18.00 horas, Sus Majestades los Reyes Magos hicieron acto de presencia saliendo del Belén del Foso del Hornabeque, permitiendo que los más pequeños y sus familias pudieran, al menos, verlos de cerca, saludarlos y mantener viva la ilusión. Fue un gesto breve, cargado de simbolismo, que sirvió de consuelo antes de que el cielo terminara de desatar su furia.

Una tarde marcada por la incertidumbre y la esperanza

Desde primeras horas de la tarde, la incertidumbre planeaba sobre Melilla. Las previsiones meteorológicas no eran favorables, pero muchas familias decidieron salir igualmente a la calle, confiando en que la lluvia diera una tregua. Niños abrigados, padres con chubasqueros y móviles preparados, y una ciudad expectante aguardaban el inicio de la cabalgata.

A las seis en punto, los Reyes Magos salieron del Belén del Foso del Hornabeque. Durante unos minutos, Melilla volvió a llenarse de aplausos, saludos y miradas emocionadas. Los niños levantaban la mano para saludar a Melchor, Gaspar y Baltasar, intentando atrapar ese instante mágico que se repite cada año y que forma parte de su infancia.

Pero la tregua duró poco. Apenas unos minutos antes de que la cabalgata pudiera ponerse en marcha, una fuerte lluvia comenzó a caer sobre la ciudad, primero tímida y después con una intensidad que hizo imposible continuar. El agua golpeó con fuerza calles y aceras, provocando pequeñas inundaciones y obligando a las familias a buscar refugio apresuradamente.

Calles inundadas y un desfile imposible

La lluvia no dio opción. En cuestión de minutos, varias calles del centro quedaron anegadas, los sistemas de drenaje se vieron desbordados y el suelo se convirtió en un mosaico de charcos y corrientes improvisadas. El desfile, que requiere condiciones mínimas de seguridad tanto para los participantes como para el público, se volvió inviable.

La decisión de cancelar la cabalgata fue rápida y necesaria, aunque dolorosa. Padres y madres trataban de explicar a sus hijos lo ocurrido, mientras recogían a toda prisa globos, bolsas de chucherías y disfraces empapados. Muchos niños rompieron a llorar, incapaces de entender por qué, después de tanta espera, los Reyes no recorrerían las calles como cada año.

Las imágenes de pequeños con lágrimas en los ojos, abrazados a sus familiares bajo la lluvia, reflejaron la cara más amarga de la tarde. Para muchos, era la primera vez que vivían una cancelación de este tipo.

Una noche larga de nervios y expectativas

A pesar del desencanto de la tarde, la noche del 5 de enero mantuvo intacta su ritual. Los niños dejaron agua para los camellos, algo de comida para los Reyes y sus zapatos bien colocados. La ilusión, aunque herida, seguía viva.

Muchos pequeños se acostaron preguntándose si los Reyes habrían podido repartir los regalos con tanta lluvia. Otros, agotados por la jornada, cayeron rendidos al sueño, con la esperanza de que la mañana siguiente trajera una sorpresa capaz de borrar cualquier tristeza.

En ese tránsito entre la decepción y la ilusión, Melilla se fue apagando lentamente, mientras la lluvia seguía golpeando ventanas y tejados.

El amanecer del 6 de enero: la magia regresa

La mañana del 6 de enero devolvió la sonrisa a miles de hogares melillenses. Desde muy temprano, las casas se llenaron de risas, carreras por los pasillos y gritos de emoción. Los Reyes Magos habían cumplido su promesa.

La tristeza del día anterior quedó rápidamente olvidada cuando los niños encontraron sus regalos esperándolos junto al árbol o en el salón. Muñecas, carritos, juegos de mesa, figuras de Spiderman, coches teledirigidos, consolas, peluches y todo tipo de juguetes llenaron las habitaciones, transformando la decepción en alegría desbordante.

Regalos que curan cualquier pena

Para los más pequeños, los regalos fueron el mejor bálsamo. Aquellos que la tarde anterior se marcharon a casa con lágrimas en los ojos despertaron con una emoción renovada. La ilusión volvió a ocupar el lugar que la lluvia había intentado arrebatar.

Los juguetes se convirtieron en protagonistas absolutos de la mañana. Los coches teledirigidos recorrieron pasillos, las muñecas ocuparon sofás improvisados como casas de muñecas, y los juegos de mesa reunieron a familias enteras alrededor de la mesa del salón.

Spiderman, superhéroes, puzzles y construcciones formaron parte de una escena repetida en cientos de hogares, demostrando que, pese a todo, la esencia del Día de Reyes seguía intacta.

El desayuno de Reyes, punto de encuentro familiar

Junto a los regalos, el desayuno de Reyes volvió a ejercer su papel de ritual imprescindible. El roscón, acompañado de chocolate caliente, reunió a familias enteras para compartir impresiones, risas y anécdotas de la tarde anterior.

Mientras se buscaba la figurita y el haba, muchos niños contaban emocionados qué les habían traído los Reyes, olvidando por completo la lluvia y la cabalgata cancelada. Para los adultos, ese momento fue también una forma de relativizar lo ocurrido y valorar lo verdaderamente importante.

Una ciudad que recupera el ánimo

A lo largo de la mañana, Melilla fue recuperando el pulso festivo. Las calles se llenaron de niños estrenando juguetes, familias paseando y conversaciones animadas en terrazas y parques. La lluvia dio una tregua y el ambiente se volvió más amable.

La ciudad, que la tarde anterior había vivido una de sus estampas más tristes, amaneció con una energía renovada. La cancelación de la cabalgata pasó a un segundo plano frente a la evidencia de que la ilusión infantil había sobrevivido.

La cabalgata que no fue, pero la magia que sí llegó

Aunque la ausencia del desfile dejó un vacío, la experiencia demostró que la magia del Día de Reyes no depende únicamente de una cabalgata. Los Reyes Magos encontraron la forma de estar presentes, primero saliendo del Belén del Foso del Hornabeque y, después, cumpliendo con su misión durante la noche.

Para muchos niños, el recuerdo de la lluvia quedará difuminado frente al impacto de los regalos recibidos. Para los adultos, la jornada dejó una lección de paciencia, adaptación y esperanza.

Tradición, ilusión y resiliencia

El episodio vivido este año en Melilla pone de manifiesto la fortaleza de una tradición que va más allá de cualquier contratiempo. La ilusión infantil, alimentada por la familia y los pequeños rituales, supo sobreponerse a las inclemencias meteorológicas.

Ni la lluvia intensa, ni las calles inundadas, ni la cancelación de un evento tan esperado lograron apagar la esencia del Día de Reyes. La mañana del 6 de enero volvió a demostrar que la magia, cuando es auténtica, siempre encuentra la manera de llegar.

Un Día de Reyes para recordar

El 5 y 6 de enero de este año quedarán como un recuerdo singular en la memoria colectiva de Melilla, una estampa marcada por el contraste entre dos jornadas completamente distintas. La tarde del día 5 estuvo teñida de cielos encapotados, lluvia persistente y calles anegadas, en la que la ilusión infantil se vio momentáneamente interrumpida por unas inclemencias meteorológicas que obligaron a suspender uno de los actos más esperados del calendario festivo. Fue una tarde de paraguas, de prisas por refugiarse y de miradas infantiles cargadas de decepción, una escena que quedará grabada en muchos hogares.

Sin embargo, ese mismo episodio gris dio paso, apenas unas horas después, a una mañana completamente diferente. El amanecer del 6 de enero devolvió la luz a los hogares melillenses, no solo en forma de una climatología más benigna, sino a través de la emoción desbordante de los niños al descubrir los regalos que los Reyes Magos habían dejado durante la noche. Las risas sustituyeron a las lágrimas, los pasillos se llenaron de carreras y las casas recuperaron el bullicio propio de una jornada marcada por la magia y la ilusión.

Porque, al final, los Reyes Magos cumplieron con su cometido. Supieron llegar a cada hogar pese a la lluvia, el viento y las dificultades, demostrando que la esencia de esta tradición no depende únicamente de una cabalgata ni de un desfile por las calles. Su verdadera fuerza reside en la capacidad de mantener viva la ilusión infantil, de convertir la espera en emoción y de transformar una decepción pasajera en un recuerdo cargado de significado.

Melilla volvió así a confirmar que, incluso en los días más grises, la ilusión de la infancia posee una fuerza extraordinaria. Una fuerza capaz de sobreponerse a cualquier contratiempo, de recomponer sonrisas y de unir a las familias en torno a pequeños gestos y rituales que se repiten año tras año. El Día de Reyes de este año será recordado no solo por la lluvia que impidió la cabalgata, sino por la manera en que la ciudad supo reencontrarse con la magia, recordando que hay tradiciones que, pase lo que pase, siempre encuentran el camino para cumplirse.

 

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Tags: Noticias de Melilla

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