Autoridades locales y la arquitecta Carolina Quevedo con las entidades que formarán parte de este centro.
La Ciudad Autónoma de Melilla ha dado este martes un paso decisivo en el ámbito de la atención social con la presentación del anteproyecto del futuro Centro TEA, una infraestructura concebida como referente en la atención integral a personas con discapacidad intelectual y del desarrollo. El acto ha contado con la presencia del presidente, Juan José Imbroda; la consejera de Políticas Sociales, Randa Mohamed; y la arquitecta y directora del proyecto, Carolina Quevedo, además de diversas entidades implicadas en el ámbito social.
Durante su intervención, Imbroda quiso agradecer la implicación de los colectivos participantes, destacando su papel tanto en la elaboración del anteproyecto como en el seguimiento del mismo. “Agradezco muchísimo la colaboración que tuvieron para poder redactar este anteproyecto de este centro y para que lo sigan y estén aquí con nosotros también”, expresó.
El presidente subrayó la relevancia de esta iniciativa, a la que calificó como “el proyecto estrella de esta legislatura”, enmarcado dentro del programa Melilla Invierte y destinado a cubrir una demanda histórica en la ciudad.
El futuro Centro TEA se ubicará en un solar de titularidad autonómica situado frente a la antigua Residencia Militar de Estudiantes, en la zona de la Hípica. Se trata de un espacio que permitirá albergar una infraestructura de gran envergadura, diseñada para atender de manera integral las necesidades de las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo.
El proyecto contempla la construcción de un edificio de aproximadamente 5.400 metros cuadrados, a los que se suman unos 1.400 metros cuadrados de espacios exteriores. Esta dimensión lo convierte, según la directora del proyecto, en una infraestructura “pionera en España por su magnitud y su escala”.
La adjudicación del anteproyecto y del futuro desarrollo técnico recayó en el equipo liderado por Carolina Quevedo, quien ha destacado la complejidad del proceso de diseño debido a la amplitud del programa de necesidades.
El anteproyecto ha sido entregado en tiempo y forma, y ahora se abre una nueva fase en la que la arquitecta dispone de un plazo de dos meses para presentar el proyecto definitivo. Una vez completado este trámite, se procederá a su paso por los procesos administrativos de contratación.
El objetivo del Gobierno local es iniciar las obras antes de que finalice el año. “La idea nuestra es que para el mes de noviembre, antes de final de año, estemos ya ejecutando la obra”, explicó Imbroda.
El plazo estimado de ejecución se sitúa en torno a los dos años y algunos meses adicionales, lo que permitiría que el centro estuviera finalizado en un horizonte aproximado de dos años y medio.
La arquitecta Carolina Quevedo ha detallado que el proyecto responde a tres condicionantes fundamentales: un programa de necesidades “muy complejo y exigente”, la morfología alargada del solar y la necesidad de establecer accesos independientes para las distintas áreas del edificio.
“Ha sido un auténtico tetris encajarlo”, reconoció, al tiempo que destacó la dificultad de distribuir los espacios en cuatro plantas, además de una planta sótano destinada a aparcamiento.
Este aparcamiento contará con altura suficiente para permitir el acceso de ambulancias y vehículos adaptados, además de incluir zonas de almacenamiento e instalaciones técnicas.
La planta baja del edificio estará dedicada a las áreas de terapia, apoyo y rehabilitación. En ella se ubicarán tres salas polivalentes de gran tamaño, una sala de fisioterapia y ocho despachos destinados a la atención individualizada y a las familias.
Además, contará con espacios para entidades colaboradoras y una zona administrativa compuesta por una amplia área de trabajo y varios despachos adicionales.
Uno de los elementos arquitectónicos destacados es el gesto de apertura en la fachada de esta planta, concebido para dar la bienvenida a los usuarios y favorecer la integración del edificio con el entorno urbano.
La primera planta se configura como uno de los núcleos principales de actividad del centro. En ella se desarrollará el centro de día, con seis salas destinadas a distintas terapias, así como el centro ocupacional, que incluirá talleres profesionales, salas de reuniones y espacios de descanso.
También se habilitarán zonas de comedor, actividades y una cocina en vivo, pensadas para fomentar la autonomía personal de los usuarios. Todos los espacios estarán adaptados, con aseos accesibles y dimensiones adecuadas a las necesidades de las personas usuarias.
Según Quevedo, esta planta será clave para impulsar actividades orientadas al desarrollo personal y la comunicación.
La segunda planta albergará el área residencial, concebida como un espacio de estancia temporal. Estará compuesta por doce habitaciones dobles de aproximadamente 32 metros cuadrados cada una, todas ellas con baño adaptado y terraza acristalada para garantizar la seguridad.
Este espacio está pensado como una zona de respiro familiar, permitiendo a las familias contar con un recurso de apoyo en momentos determinados.
En esta misma planta se ubicará uno de los elementos más destacados del proyecto: un gimnasio de 200 metros cuadrados, diseñado con mayor altura que el resto del edificio. Este espacio podrá funcionar también como salón de actos, lo que le confiere una gran versatilidad.
Otro de los elementos diferenciadores del Centro TEA será su cubierta transitable, de aproximadamente 1.000 metros cuadrados. Este espacio estará acondicionado con zonas pergoladas y áreas abiertas, permitiendo la realización de actividades al aire libre.
Entre las posibles utilidades se contemplan huertos urbanos, actividades deportivas y espacios de ocio, con el objetivo de complementar las terapias y fomentar la interacción social.
La arquitecta ha subrayado la importancia de estos espacios exteriores para generar una sensación de libertad y bienestar en los usuarios.
Desde el punto de vista arquitectónico, el diseño busca romper con la monotonía que podría generar la forma alargada del solar. Para ello, se ha optado por dividir la fachada en tres cuerpos diferenciados, incorporando elementos verticales que aportan dinamismo.
El objetivo, según Quevedo, es crear “un edificio moderno y pionero”, capaz de convertirse en un referente tanto por su funcionalidad como por su estética.
En total, el centro contará con cerca de 50 espacios distintos, incluyendo salas de terapia, talleres, despachos, áreas de fisioterapia, comedor, gimnasio y zonas de atención a familias y entidades.
La inversión estimada para la construcción y equipamiento del Centro TEA ronda los 12 millones de euros. Se trata de una apuesta económica significativa que refleja la prioridad que el Ejecutivo local otorga a este proyecto.
En cuanto a su capacidad, el diseño permite albergar a más de 1.000 personas de manera simultánea, lo que, según los responsables del proyecto, permitirá cubrir la demanda existente en la ciudad en este ámbito.
No obstante, la zona residencial tendrá un uso más limitado, al estar concebida como un recurso temporal y no como un espacio de estancia permanente.
Imbroda también ha abordado la cuestión de la futura gestión del centro, señalando que, por el momento, no se ha definido un modelo de explotación. Dado el plazo de ejecución previsto, este aspecto se abordará más adelante.
“El año 27 tendremos que empezar a trabajar para ver cómo se va a mantener y a explotar este edificio”, indicó, adelantando que se contará nuevamente con la participación de entidades y profesionales para definir la mejor fórmula.
El objetivo es que, una vez finalizada la obra, el centro pueda entrar en funcionamiento de manera inmediata, sin retrasos en su puesta en marcha.
La presentación del anteproyecto del Centro TEA marca el inicio de un proyecto que aspira a transformar la atención a la discapacidad en Melilla. Con un enfoque integral, una dimensión sin precedentes en la ciudad y una clara vocación innovadora, esta infraestructura se perfila como un referente a nivel nacional.
El compromiso institucional, la colaboración con entidades sociales y el diseño técnico especializado confluyen en una iniciativa que busca dar respuesta a una necesidad largamente demandada por las familias.
Si se cumplen los plazos previstos, Melilla contará en los próximos años con un espacio moderno, funcional y adaptado, capaz de mejorar la calidad de vida de cientos de personas y de consolidar un modelo de atención más inclusivo y completo.
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