La marcha de Eduardo Resa de Melilla pone fin a una etapa de ocho años al frente de la Vicaría Episcopal y de la parroquia del Sagrado Corazón. También cierra un periodo especialmente estrecho para la Cofradía de la Soledad, de la que ha sido director espiritual durante todo este tiempo.
El hermano mayor de la corporación, Francisco Javier Calderón, hace un balance muy positivo de estos años y destaca especialmente el trabajo realizado en un contexto marcado por las dificultades que encontró a su llegada.
“La labor que ha hecho aquí la considero muy, muy, muy positiva. Fue una etapa muy complicada. Llegó en un momento difícil por la pandemia y tuvo que afrontar prácticamente solo una situación que fue complicada para todos”, explica Calderón.
A su juicio, Resa se encontró una parroquia que necesitaba numerosas mejoras y cambios. Durante estos ocho años, considera que ha desarrollado una labor “especialmente satisfactoria”, tanto en el plano pastoral como en el organizativo.
Para el hermano mayor, si hay una palabra que define estos ocho años es integración. “Es un hombre accesible, receptor de cualquier propuesta y sobre todo integrador. Ha tratado de unir los diferentes movimientos que hay dentro de la parroquia. Integró de una manera extraordinaria a las cofradías y a otros movimientos parroquiales. También creó el grupo del coro y dio un papel muy importante al Consejo Pastoral”, afirma.
Además de la labor pastoral, recuerda algunas de las actuaciones materiales realizadas durante su etapa. Entre ellas menciona las obras que tuvo que asumir nada más llegar al Sagrado Corazón, así como otras mejoras posteriores, como la instalación de los nuevos bancos o la remodelación de las puertas del templo. “Creo que todavía no hemos llegado a valorar realmente el esfuerzo que ha hecho”, señala.
Sin embargo, más allá de las actuaciones materiales, Calderón cree que el principal legado de Resa está en el trato con las personas. “Ha dado capacidad a todos para estar y sentirse Iglesia, que es lo importante”, resume.
El hermano mayor también recuerda que Resa ha tenido que afrontar otras dificultades derivadas de la situación de la Iglesia en Melilla y de la escasez de sacerdotes en la ciudad.
“Al ser vicario y tener que preocuparse de toda la Iglesia de Melilla, con los pocos sacerdotes que tenemos, ha tenido una época muy complicada”, comenta.
Como director espiritual de la Soledad, Eduardo Resa ha acompañado algunos de los proyectos más importantes desarrollados por la hermandad en los últimos años.
Calderón define su relación con la cofradía como una relación de apoyo permanente. “Siempre ha estado predispuesto a ayudar y a encauzar las cosas. Ha sido una persona integradora y de ayuda constante”.
La posibilidad de la marcha de Eduardo Resa no era una sorpresa absoluta para quienes siguen de cerca la vida eclesial melillense. Según explica Calderón, desde el año pasado ya existían rumores sobre posibles cambios.
“Los que llevamos muchos años en esto sabemos que son ciclos. Los sacerdotes vienen por un tiempo determinado, aunque luego ese tiempo pueda ser más o menos largo”, comenta.
Aun así, la noticia ha sido recibida "primero con sorpresa y después con pena" entre los miembros de la cofradía.
El propio Calderón recuerda los mensajes intercambiados en los grupos internos de la hermandad tras conocerse la noticia, precisamente ayer coincidiendo con el cumpleaños del vicario.
Entre todas las muestras de afecto recibidas, hay una frase que considera especialmente significativa: “Se va nuestro vicario, pero será siempre nuestro vicario”.
Para el hermano mayor, esas palabras resumen el sentimiento general de quienes han compartido estos años con Eduardo Resa.
Confianza en el futuro
Respecto a la llegada del nuevo vicario episcopal, Calderón asegura que la Cofradía de la Soledad mantendrá la misma disposición de colaboración que ha mostrado hasta ahora.
“Cuando el obispo ha considerado que es la persona idónea para venir a Melilla, nosotros estaremos siempre a su disposición y predispuestos a ayudar en todo lo que considere necesario”, afirma.
Además, considera que encontrará una comunidad consolidada gracias al trabajo realizado durante estos años por su predecesor. “Creo que tiene un camino abierto en Melilla y muy consolidado por don Eduardo”, señala.
Las referencias que maneja la hermandad sobre el nuevo responsable eclesiástico son, además, muy positivas. Calderón recuerda su vinculación con la cofradía del Socorro de Antequera, corporación hermanada con la Soledad melillense. “Los antecedentes que tenemos es que es una persona extraordinaria”, concluye.
Con la salida de Eduardo Resa se cierra una etapa que, para la Cofradía de la Soledad, deja el recuerdo de un sacerdote cercano, accesible y comprometido con la integración de todos los grupos parroquiales. Una huella que, según reconoce su hermano mayor, permanecerá en la memoria de la hermandad más allá de su marcha de Melilla.








