A Juan Tomás Ruiz Chica (Mancha Real, Jaen, 1937) le ha podido la pasión por escribir desde siempre. Colaborador en la prensa de su tierra desde los años 70, hacia el año 2004 dio un paso más adelante y se estrenó como autor de libros. Ya lleva siete publicados, dos de ellos en el género de la novela. Precisamente la última de éstas, titulada ‘Tánger: al otro lado del Estrecho. 1898-1936’, la presenta esta tarde (19:30 horas) en la UNED.
Las fechas incluidas en el título de esta obra tienen un gran significado. En su visita a la redacción de El Faro, Ruiz Chica explica que “1898 es el año en el que España perdió Cuba y Filipinas”. Por otro lado, en el 36 estalló la Guerra Civil, conflicto que no narra en la novela, pero se intuye que el argumento llega hasta ese momento trágico de la Historia de España.
El Desastre del 98 tampoco marca el origen de una novela protagonizada por un héroe de guerra. Se llama Roque Sanjuán, “un cordobés muy patriota que viene a Melilla de voluntario para la Legión”. En su periplo en el Tercio, llega a ser asistente del mismísimo general Millán Astray. Una licencia de ficción que el autor se toma con todo derecho.
El protagonista se enamora de una mujer que es madre soltera y ha de luchar contra los prejuicios morales de la época. El autor destaca la integridad de Roque Sanjuán, quien evita que ella se dedique a trabajar en un cabaret y le consigue un trabajo en Tánger, adonde ambos se desplazan.
Esa ciudad tenía entonces un estatus internacional, época en la que experimentó “un auge tremendo”. Juan Tomás Ruiz Chica destaca el papel fundamental que ha tenido en el alumbramiento de esta novela su amistad con Vicente Jorro, español a la par que “tangerino íntegro y buen amigo”, como lo define en la dedicatoria del libro. Su ayuda le ha servido para documentarse, tanto sobre Tánger como sobre Melilla, ciudad con la que Jorro también tiene vínculos familiares y que Ruiz Chica ha visitado por primera vez para presentar su libro.
El escritor se muestra “encantado” de sus paseos por Melilla La Vieja y admira también los edificios modernistas de la ciudad. Considera que estos últimos son “un desagravio de Alfonso XIII” a esta población. Y lo explica: “Melilla sufrió mucho con la Guerra del Rif”, por lo que considera que la belleza arquitectónica es una forma de compensar los duros tiempos vividos.
El protagonista de la novela vive el Desastre de Annual, pero también participa en el Desembarco de Alhucemas, el hito que marcó el principio del fin del conflicto con las huestes de Abd-El-Krim.
Juan Tomás Ruiz Chica hace una importante lectura sobre la época del Protectorado: “No hubo colonialismo”, proclama. “Fue una entente cordial entre España, Francia y el sultán de Marruecos. Y subraya que nuestro país no se llevó ningún beneficio. “Fue más un servicio prestado a la gente que vivía en esta tierra”.
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