En un paso audaz hacia la defensa del medio ambiente marino, Guelaya Ecologistas en Acción, la asociación ecologista de Melilla, anuncia que pronto incorporará un velero a sus actividades, gracias a una iniciativa conjunta con otras dos organizaciones hermanas: Verdemar Ecologistas en Acción (Tarifa) y Guadalfeo Ecologistas en Acción (Motril). El velero, cuya adquisición ya está avanzada, permitirá desarrollar acciones de conservación, educación ambiental, vigilancia ecológica y reivindicación política en el mar de Alborán, uno de los ecosistemas más valiosos y a la vez más amenazados del Mediterráneo.
Vocación educativa y reivindicativa
Para entender la magnitud de este proyecto, hay que mirar hacia atrás. Guelaya nació en los años 80, como recuerda Manolo Tapia, actual coordinador del colectivo.
“Aunque yo no estaba en los comienzos, sé que fue un grupo de profesores, tanto universitarios como de secundaria los que vieron la necesidad de crear algo así en Melilla, que hasta entonces no existía”.
Desde el principio, la asociación se forjó con una clara vocación educativa, centrada en divulgar los valores del medio ambiente y fomentar una conciencia ecológica entre la ciudadanía. Sin embargo, los problemas ambientales de la ciudad empujaron pronto al colectivo hacia una labor también reivindicativa, combinando la pedagogía con la denuncia de agresiones medioambientales.
Hoy, con más de 175 miembros activos, Guelaya es una de las voces más firmes en la defensa del entorno natural melillense, operando con independencia económica y política, gracias a la autofinanciación mediante las cuotas de sus socios.
“La autofinanciación es nuestra mayor fortaleza. Nos permite actuar sin depender de subvenciones ni de voluntades políticas", afirma Tapia.
Un velero para proteger el Mar de Alborán
El nuevo proyecto que ahora ilusiona a Guelaya y sus asociaciones aliadas tiene nombre y rumbo: navegar el Mar de Alborán con un velero para visibilizar su riqueza y sus amenazas, y exigir su protección como Área Marina Protegida, una figura que la ONU ya ha propuesto para esta región.
El mar de Alborán, situado entre Europa y África, no solo es el espacio marino más biodiverso del Mediterráneo, sino también uno de los más frágiles.
“Es un mar único por su biodiversidad, pero también uno de los más amenazados: alta densidad de tráfico marítimo, mucha población en sus costas, vertidos, sobrepesca...”, explica Tapia.
El velero, actualmente en fase de inspección técnica, ya ha trabajado en campañas de avistamiento de cetáceos y está adaptado para las actividades que las tres asociaciones planean realizar: estudios de fauna marina, seguimiento de vertidos, talleres a bordo, navegación educativa con jóvenes y visitas a localidades costeras, incluyendo también enclaves del norte de Marruecos como Alhucemas.
“Queremos que el velero sirva de plataforma para divulgar la riqueza del mar, denunciar sus amenazas y formar a la ciudadanía”, dice Tapia. “Queremos estar presentes, físicamente, en el mar que defendemos”.
El barco tendrá como base el puerto de Motril, gracias a un acuerdo con la autoridad portuaria local que permite un amarre económico y estable. Desde allí, navegará entre Tarifa, Melilla y Motril, así como por otras zonas clave del Alborán, siempre con el objetivo de proteger el ecosistema y de presionar para su reconocimiento legal como área marina protegida.
Una biodiversidad que pide auxilio
Las campañas de avistamiento de fauna marina que ya ha realizado Guelaya sirven para constatar la riqueza del Mar de Alborán: delfines comunes, listados y mulares, tortugas marinas, peces luna, cetáceos mayores sin identificar, bancos de túnidos… todo ello desde un simple ferry entre Málaga y Melilla.
Pero también sirven para constatar el deterioro ambiental, con aguas contaminadas por residuos urbanos, plásticos y vertidos industriales. La denuncia constante por parte de Guelaya ha sido una de las claves para mantener la presión sobre las administraciones, aunque Tapia no oculta su frustración.
“Las instituciones locales no están cumpliendo con su papel. Vemos una falta clara de voluntad política para abordar los problemas ambientales de verdad”.
La reciente entrega de una bandera negra por parte de Ecologistas en Acción al Gobierno local melillense, como símbolo de mala gestión ambiental, no es casual. Según Tapia, la acumulación de basuras en espigones, la falta de sanciones por vertidos ilegales y el incivismo impune en la ciudad reflejan una inacción institucional preocupante.
El civismo, una batalla por ganar
Tapia reconoce que hay avances en concienciación, pero aún insuficientes. “Aunque hay más educación ambiental y conciencia que antes, en Melilla el incivismo sigue saliendo gratis. Verter basura, cazar pajarillos, ensuciar el entorno... todo eso sigue ocurriendo sin sanción”.
Uno de los ejemplos más sangrantes es la caza ilegal de pajarillos, una práctica que, según Guelaya, debería estar erradicada desde hace décadas y que sigue ocurriendo con normalidad.
“La población de aves pequeñas está en declive en toda Europa. Estos pájaros controlan plagas como mosquitos o insectos. Su desaparición tiene efectos directos sobre nuestra calidad de vida”, apunta Tapia.
El velero no es el único proyecto de Guelaya. La asociación mantiene también un vivero de especies forestales autóctonas, un proyecto educativo y restaurador que permite reforestar zonas degradadas con árboles y arbustos propios del entorno.
El colectivo combina estas tareas con charlas en centros educativos, campañas de limpieza, jornadas de formación, rutas interpretativas y una intensa labor de vigilancia ecológica que ha sacado a la luz muchas irregularidades ambientales en Melilla en los últimos años.
Un futuro navegable y esperanzador
Con la incorporación del velero, Guelaya y sus asociaciones hermanas se embarcan –literalmente– en una nueva etapa. El mar de Alborán, con su belleza y su fragilidad, será el escenario de una lucha que combina esperanza, ciencia, activismo y compromiso ciudadano. “Estamos muy ilusionados. Queremos estar en el mar, vivirlo, cuidarlo y defenderlo”.
Y esa es quizás la clave de todo: la cercanía, la conexión emocional con un entorno que solo se protege cuando se ama. Guelaya quiere acercar el mar a la ciudadanía, a los jóvenes, a las escuelas, a los barrios… y convertirlo no solo en objeto de denuncia, sino en espacio compartido y defendido.
Porque el futuro del Mediterráneo no se decide solo en despachos, sino también a bordo de un velero, entre olas, con prismáticos, libreta y brújula en mano. Y Guelaya ya está lista para zarpar.








