“Aquí me pillas modelando una de las piezas principales del monumento”. Ahí está, “al pie del cañón”, Jesús García Ligero, aprovechando el verano antes de que comiencen las clases en el IES Miguel Fernández, donde es profesor de dibujo.
García Ligero está modelando el monumento ‘El Socorro de Melilla’, en honor a los héroes que acudieron al auxilio de la ciudad autónoma el día 24 de julio de 1921 durante el Desastre de Annual para evitar el avance rebelde y que se ubicará en la Plaza de España, junto al Real Club Marítimo de Melilla.
Según García Ligero, la obra tiene “muchísimo trabajo” y es bastante “compleja”. Para empezar, lleva una parte arquitectónica que hay que ir ajustando para que las medidas coincidan.
En cada uno de los frentes del pilar, hay cuatro esculturas que son cuatro figuras simbólicas. No representan a nadie en concreto y no van encadenadas, pero sostienen unas cadenas. Cada eslabón de esas cadenas simboliza a los soldados que vinieron al socorro de la ciudad y enlazan un regimiento con otro, como algo simbólico del perímetro de la ciudad y de la protección de las columnas.
Con una mezcla de bronce -los elementos escultóricos- y piedra -la columna y los basamentos sobre los que se asientan las esculturas-, al estar situada en un espacio amplio, el autor tenía la obra condicionada por el tamaño de las esculturas de los hombres que lleva y que son figuras 1,5 veces el tamaño natural, el equivalente a esculturas de 2,70 metros de alto para que sean perfectamente visibles. Ello, a su vez, condiciona la altura del monumento, que va a ser de casi nueve metros. En cuanto a la base, será un cuadrado de 3,5x3,5 metros.
La obra lleva cuatro esculturas en cada uno de los frentes del pilar y en las bases de cada escultura aparecen los escudos de los regimientos más simbólicos que vinieron al socorro de la ciudad -La Legión, los Regulares de Ceuta y el Regimiento de la Corona- más el escudo de España en aquella época, en la que el Rey era Alfonso XIII.
Arriba de la columna, a modo de capitel, hay cuatro tondos -adornos circulares rehundidos en un paramento- con unas cabezas femeninas y unos motivos florales geométricos. La columna, con esa decoración de tipo modernista, simboliza la ciudad, que está protegida simbólicamente por las cuatro figuras. Y luego lleva dos relieves más: uno de la llegada de las tropas al puerto y otro, la placa institucional en la que irá el texto de referencia, el motivo que se está conmemorando y el escudo de la Ciudad.
La figura que está modelando García Ligero va, según cuenta, “bastante avanzada”, y los cuatro tondos de arriba, que son iguales, también los tiene “prácticamente resueltos”. “O sea, que le queda bastante, pero va avanzando”, cuenta el autor, con el objetivo de que el monumento esté terminado durante el primer trimestre del próximo año como es el deseo del Gobierno local.
Previo a Alhucemas
Aquel desembarco en el puerto de Melilla, conocido por los historiadores y popularmente como el ‘socorro’ de Melilla, supuso un importante revulsivo para las tropas nacionales acantonadas y para la propia sociedad melillense, tras conocer el avance de las tropas rifeñas de Abd El-Krim y de distintas cabilas dedicadas principalmente al saqueo que, paulatinamente durante los meses anteriores, habían ido ganado terreno mermando a las unidades españolas encuadradas en la Comandancia de Melilla, y ocupando gran parte de su demarcación durante la Guerra en el Rif. De hecho, Melilla quedó prácticamente a merced de los rifeños, que llegaron a avanzar hasta Nador, a unos 15 kilómetros tan sólo de los melillenses.
El 21 de julio se ordenó el auxilio militar de Melilla y, el 24, llegaron las unidades de refuerzo -la primera unidad fue el Regimiento de la Corona y, horas más tarde esa misma jornada, el grueso de los demás cuerpos enviados- y comenzó el despliegue de la Fuerza (que fue reforzándose y ampliándose con posterioridad), lo que impidió a los sublevados acercarse a Melilla y permitió los puestos de defensa que habían caído en manos rifeñas a raíz de los combates previos y posteriores a Annual (en donde se calcula que murieron unos 14.000 españoles entre civiles y militares), de modo que esta importante operación, que incluyó el uso de carros de combate blindados por vez primera por el Ejército español en acciones de guerra, se dio por finalizada en septiembre de 1922, cuando se consiguió restituir la situación de la demarcación de la Comandancia de Melilla a su situación previa al Desastre de Annual.
Aunque las hostilidades continuaron durante los siguientes meses, la victoria española definitiva se produjo en el norte africano con el Desembarco de Alhucemas en septiembre de 1925, operación combinada del Ejército y la Armada Española que contó con el apoyo aliado francés, y sirvió para luchar contra los rebeldes rifeños mandados por Abd El-Krim.








