Las orillas del mar de Alborán
La primera vez que nos sumergimos con unas gafas de buceo puede llegar a ser una experiencia inolvidable, pues este objeto en apariencia tan sencillo nos proporciona la capacidad de poder observar el mundo que se oculta bajo la superficie del mar con la misma claridad con la que vemos en tierra. Aquí en el mar de Alborán, desde la misma orilla, justo donde rompen las olas, veremos peces de vivos colores y de infinidad de formas y tamaños; blénidos como el blenio blanco (Parablennius rouxi), múlidos como el salmonete de roca (Mullus surmuletus), espáridos como el sargo (Diplodus sargus) y la salema (Sarpa
salpa) y lábridos como el tordo (Symphodus tinca) serán las especies más abundantes que veremos en las zonas más próximas a la orilla, pero serán otros lábridos, los fredis , por su abundancia, su colorido y su comportamiento confiado, los que lograrán captar nuestra atención antes que ninguna otra especie.
Lábridos, sexo por edades
El fredi o pez verde (Thalassoma pavo) es un lábrido de vivos colores con un marcado dimorfismo sexual, ya que las hembras tienen un color diferente a los machos, lo que puede llevar incluso a una identificación incorrecta, pensando en que se trata de otra especie. Coincide en esta y otras muchas características con la mayoría de los miembros de la familia Labridae, pero en el fredi el dimorfismo se manifiesta por partida doble, pues también se diferencian entre sexos por el tamaño, ya que las hembras son más pequeñas que los machos. Otra característica común entre los lábridos, la de los colores brillantes, es fácilmente observable en el entorno de los fredis, pues otros miembros de la familia que los acompañan habitualmente, como los tordos antes mencionados o las doncellas (Coris julia) lucen también un colorido que recuerda al de los peces tropicales. Pero si hay una característica de los lábridos que maravilla al mundo científico es su capacidad para cambiar de sexo, un proceso natural denominado “hermafroditismo secuencial protogínico”, por el que las hembras dominantes pasan a ser machos con el tiempo, asegurando siempre que haya miembros de los dos sexos en el grupo y por tanto que siempre exista la posibilidad de reproducirse. Es un sistema tan perfecto que si por alguna circunstancia, de manera sorpresiva, desaparecen los machos del grupo, las hembras más cualificadas pasarán a ser machos en un tiempo récord. Otra característica común en los lábridos es el tamaño de sus labios, más grandes que los de la mayoría de peces de su entorno, lo que les facilita su alimentación basada en invertebrados marinos como crustáceos, moluscos y gusanos, que tienen que arrancar en muchas ocasiones del fondo marino. Este detalle de su anatomía es el que ha terminado dando nombre a la familia, pues Labridae proviene de la palabra “labrum”, que en latín quiere decir labio.
Thalassoma, los colores del mar
Pero si hay un nombre acertado es el del fredi, Thalassoma pavo, y es que la parte del nombre que se refiere al género, Thalassoma, proviene de las palabras griegas “Thalassa”, que es como denominaban los griegos antiguos al mar, y “soma”, que en griego clásico es cuerpo, una forma de decir que los miembros de este género tienen el color del mar. El nombre específico, pavo, se usa en latín para referirse a la belleza, y es que los fredis son indiscutiblemente uno de los peces más bonitos de nuestro litoral, y a pesar de su abundancia nunca cansa admirar su belleza mientras se nada entre ellos. Las primeras que suelen acercarse cuando nos sumergimos son las hembras, atraídas por los fragmentos de algas que desprendemos de las paredes rocosas del litoral, en los que es más fácil encontrar esos pequeños invertebrados que forman parte de su dieta. Por eso se muestran tan confiadas y nos dejan observarlas con detalle. Son de un color amarillo anaranjado, con bandas más claras, como un traje a cuadros grandes. Los machos, mucho menos abundantes y algo más desconfiados, lucen un color verde azulado con una banda de diferentes colores que separa su cabeza, adornada ésta con bellos arabescos azules y rojos. Si nos fijamos con detalle y buceamos de forma tranquila, sin alterar la tranquilidad del arrecife, podemos observar una curiosa escena: Un pez, en la mayoría de las ocasiones un tordo, adopta una posición nada habitual, en vertical y quieto en medio del agua. Es una señal que indica a los peces limpiadores del litoral que este pez quiere ser “limpiado” de parásitos, y las hembras de fredi, que son las que habitualmente realizan esta tarea, pronto rodean al pez y nadan confiadas a su alrededor mientras buscan sus presas en el cuerpo del pez hospedante. Es una simbiosis entre especies, un comportamiento del que ambas especies obtienen beneficio y que conlleva un ritual previo en el que muestran su predisposición; en este caso el ritual es esa postura en vertical, separado de las rocas, para dejar un espacio de seguridad.
Los fredis machos, más grandes, se esmeran en la búsqueda de otras presas en el bentos, siempre atentos a que sus vivos colores no atraigan a otros depredadores y se conviertan ellos mismos en presas. Para evitar estos depredadores, en las zonas arenosas los fredis se acuestan de lado sobre la arena por la noche, y con un violento coletazo levantan la arena para que los cubra. Este compendio de cualidades y comportamientos hacen de este pez un experto en la supervivencia en los fondos poco profundos, y su abundancia en este medio es buena prueba de ello.









