Málaga y Melilla, una a cada orilla del Mediterráneo y hermanadas desde hace siglos por su cercanía, han aprobado una declaración conjunta al término del I Foro Interreligioso "Puentes de Paz y Convivencia", celebrado estos dos últimos días, que convierte a ambas ciudades en dos grandes faros y símbolos del entendimiento y la cooperación entre culturas distintas. Es una buena noticia que pone de manifiesto que la unión suma para sacar adelante un trabajo importante a favor de una interrelación más que necesaria en los tiempos que corren.
Hay que felicitar por ello a la consejera de Cultura, Patrimonio Cultural y el Mayor, Fadela Mohatar, que ha puesto todas sus energías en promover, organizar y celebrar un encuentro que ha puesto a Melilla en el foco internacional como referente del diálogo interreligioso y la diplomacia local. Mohatar persiguió ese objetivo con ahínco y para ello contó con la colaboración del Ayuntamiento malagueño y el Centro Cifal Málaga de la Junta de las Naciones Unidas.
Esta iniciativa tendrá continuidad en 2026, pero la sede en esa ocasión será la capital de la Costa del Sol. Lo importante ahora es que se han sentado las bases para que anualmente pueda realizarse una revisión de cómo se va desarrollando esa convivencia intercultural y poner sobre la mesa iniciativas que contribuyan a mejorar y profundizar esas relaciones. “Durante estos dos días hemos comprobado que la convivencia no es un punto de llegada, sino un camino que requiere voluntad, educación y responsabilidad compartida”, comentó al respecto Débora Salafranca, directora de Cifal Málaga.
Los cuatro puntos fundamentales sobre los que se seguirá trabajando serán la cooperación interreligiosa como eje de la diplomacia local, practicar la educación y la cultura contra la intolerancia, establecer la paz como proceso no como uniformidad y establecer la hoja de ruta Melilla-Málaga 2026.
“El futuro que anhelamos no se levantará sobre muros de miedo, sino sobre puentes de respeto, conocimiento y confianza mutua”, manifestó Fadela Mohatar en la conclusión de la clausura de las jornadas, una frase de gran interés e importancia para una ciudad como Melilla, que solo puede tener futuro desde la convivencia y la unidad como pueblo.








