La tarde del 28 de abril en la Uned de Melilla transcurrió entre imágenes, sonidos y palabras compartidas. El XVIII Conversatorio de la Casa de la Palabra reunió a decenas de asistentes en torno a la figura de la cineasta marroquí Farida BenLyazid, en una cita que combinó la proyección de su documental “A través de los valles en flor” con un diálogo cercano que prolongó la experiencia más allá de la pantalla.
En el salón de actos, el silencio inicial dio paso a una sucesión de paisajes y escenas donde la cultura amazige se desplegaba en toda su riqueza musical, atravesada por elementos comunes y singulares propios de cada lugar recorrido por la cineasta. El documental, producido en 2016 por Dounia Benjelloun Mezian, propone un un camino que atraviesa territorios como Tsiwant, Uarzazat o Tunfit, además de las montañas del Rif, siguiendo los relatos de comunidades que mantienen vivas sus formas de expresión.
La música marca el pulso de la estructura del documental. Cánticos, palmas, flautas y panderetas acompañan coreografías colectivas en las que cada gesto parece contener un significado heredado. El color de las vestimentas, los detalles de joyería, el ritmo de los movimientos y la presencia de instrumentos de viento y percusión construyen una narrativa donde tradición y territorio se entrelazan. En ese universo aparecen los boughanim, figuras que recorren espacios llevando historias de un lugar a otro a través de versos, en una práctica que conecta generaciones.

Al finalizar la proyección, los aplausos rompieron la quietud de la sala. No fue un cierre, sino un tránsito. Algunos de los asistentes se dirigieron entonces al aula 10, donde el encuentro adquirió otro tono: más próximo, más conversado. Allí, a través de la conexión telemática, Farida BenLyazid compartió su historia y la de otros creadores con los que definió caminos, encuentros, admiración y humor.
Su relato comenzó en Tánger, donde nació en 1948, en una familia atravesada por distintas influencias culturales. Habló de su madre melillense, de la lengua española vehicular, de su padre adoptado e integrado a corta edad en la cultura rifeña, de las primeras visitas al cine de la mano de su progenitora. Unas visitas que marcarían su forma de relacionarse y acoger en su desarrollo de vida el séptimo arte-, de una ciudad, Tánger, donde la experiencia cinematográfica formaba parte de la vida cotidiana. Ese vínculo temprano con el mundo audiovisual fue tomando forma con los años, acompañado de una intensa relación con la lectura.
Durante la conversación, fue desgranando episodios de su vida con naturalidad y humor: su primer casamiento temprano, con tan solo a los 17 años, con un preso político, su formación en literatura y cine, su estancia en París en un contexto de agitación social y cultural marcado por Mayo del 68, y una manera de entender el feminismo vinculada a estructuras más amplias y enfoques culturales diferentes. También, explicó su decisión de regresar a Marruecos, motivada por la necesidad de contar una cultura que, según trasladó, había sido frecuentemente mal interpretada, especialmente en lo que respecta al mundo de las mujeres.
BenLyazid repasó sus inicios en el cine en un momento en el que la industria apenas tenía reconocimiento en su país. Recordó sus primeros pasos como productora y guionista, así como las dificultades de abrir camino en ese contexto. A lo largo del encuentro, también evocó su relación con figuras del ámbito cultural como Mohamed Choukri, Juan Goytisolo o Fátima Mernissi, en recuerdos que entrelazaban vida personal y trayectoria intelectual con un marcado tono distendido, cercano y natural.
El conversatorio se fue desarrollando así como una extensión natural del documental: si en la pantalla se mostraban paisajes, tradiciones y símbolos, en el aula emergía la voz de quien los había querido contar. Entre ambos espacios se construyó una experiencia completa, donde el cine sirvió como punto de partida para un diálogo sobre cultura, memoria y reconocimiento.








