La presencia en Melilla del presidente del Senado, Pedro Rollán, tiene un gran valor institucional que no puede pasarse por alto. Que el máximo representante de la Cámara Alta se desplace hasta nuestra ciudad no es un hecho menor. Supone acercar uno de las principales órganos constitucionales a un territorio que, por su situación geográfica y sus circunstancias históricas y actuales, necesita sentir la cercanía y el respaldo del conjunto de España.
Melilla es España, no existe debate alguno, pero sí merece que esa realidad se traduzca en atención, compromiso y presencia institucional. La visita de Pedro Rollán ofrece una oportunidad para transmitir ese mensaje: la ciudad forma parte plena del Estado y sus ciudadanos cuentan con las mismas garantías, oportunidades y consideración que cualquier otro español. No se trata sólo de pronunciar afirmaciones solemnes, sino que estas vayan acompañadas de hechos.
La agenda prevista para Rollán incluye su participación en el acto institucional por el Día de los Difuntos en el cementerio de La Purísima, una recepción en el Palacio de la Asamblea con el Gobierno local y los portavoces de los grupos políticos y una reunión con el Ejecutivo melillense. Son encuentros que deben servir para escuchar distintas sensibilidades y conocer de primera mano las necesidades de la ciudad autónoma.
Precisamente por eso, sería un error que el desplazamiento quedara reducido a una simple fotografía institucional o se interpretara como un acto ligado al calendario de precampaña electoral. Melilla necesita algo más que declaraciones de apoyo en momentos puntuales. Necesita que el interés del Estado se mantenga cuando los focos se apagan y que las preocupaciones de sus vecinos encuentren continuidad en las instituciones con capacidad para abordarlas.
El Senado, por su función de representación territorial, tiene una responsabilidad especial en ese acercamiento. La visita debe ser una ocasión para reforzar los canales de diálogo, trasladar las demandas melillenses y hacer seguimiento de los compromisos que puedan surgir. También para recordar al conjunto de España que la realidad de Melilla no puede quedar relegada a los designios del país vecino.
La mejor prueba de que esta visita ha merecido la pena no estará en el protocolo, sino en lo que venga después. El respaldo institucional se demuestra con presencia sostenida, escucha y respuestas. Melilla no pide privilegios: reclama atención y el lugar que le corresponde dentro de España.








