La directora provincial de Educación, Elena Fernández Treviño, no estuvo ayer nada afortunada cuando públicamente comentó el estado de salud del alumno del instituto Leopoldo Queipo, que el pasado viernes tuvo un accidente en el centro educativo por tropezar con la red de una portería en mal estado y tirada en el suelo. El golpe fue de tal magnitud, que el menor fue operado de urgencia en el Hospital Comarcal y se le debió de extirpar el bazo, una circunstancia que le provocará secuelas de por vida, dada la importancia del órgano dañado para la salud humana.
Fernández Treviño jamás debió hacer referencia a si el joven ha salido o no de la UCI como tampoco si está o no mejorando en su grave estado. La familia del alumno está indignada y es comprensible si se tiene en cuenta que no ha tenido contacto con la directora provincial desde la operación y, en consecuencia, no se explica cómo puede tener datos sobre el estado del paciente cuando ninguno de ellos le ha informado de nada en ese sentido.
¿Quién le ha filtrado a Treviño datos sobre la salud del niño? Sería de interés que alguien pudiera responder a esa pregunta porque, de lo contrario, habría que pensar que la responsable del Ministerio de Educación en Melilla ha fabulado con algo tan íntimo y protegido por la ley como es la situación clínica de un menor de edad.
Por eso no es de extrañar que la familia del muchacho se esté planteando iniciar acciones judiciales contra Fernández Treviño. La directora provincial tenía que haber sido consciente de que no podía en modo alguno hacer valoraciones sobre la salud del alumno accidentado y mucho menos si no cuenta con la autorización expresa de la familia. Da la sensación, a la vista de la actitud de Elena Fernández, que trataba de quitar hierro a un asunto extremadamente grave, ocurrido en un centro educativo bajo su responsabilidad y que le costará importantes secuelas al joven.
Todo parece indicar que la Dirección Provincial quiere pasar de puntillas sobre este lamentable y trágico suceso y para eso necesita normalizar un accidente que jamás debió ocurrir si esa portería hubiese sido retirada en su momento del patio donde se realizan los ejercicios de la asignatura de Educación Física. Se equivoca Treviño si piensa que puede invocar eso de "pelillos a la mar" ante lo ocurrido porque, a juzgar por las declaraciones de la portavoz de la familia, al final será la Justicia la que fije las responsabilidades que se deriven de este durísimo suceso.








