El Salón Dorado del Palacio de la Asamblea acogió este miércoles la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad. Este año, las distinciones han reconocido al Club Melilla Ciudad del Deporte Torreblanca y a la Mesa Interconfesional.
El acto comenzó con las palabras del presentador, Francis Alemany, que definió la ceremonia como un momento para que Melilla dijera “gracias en mayúsculas” a quienes han contribuido a hacer una ciudad mejor. Y puso sobre la mesa los valores que, a su juicio, representan los dos reconocimientos. "Esfuerzo, compromiso, respeto, convivencia, solidaridad e interculturalidad".
La primera Medalla de Oro fue para el Torreblanca. Su presidente, Rafael Torreblanca, recordó que todo comenzó en 2012 por una razón muy sencilla. Su hija Lidia quería continuar jugando al fútbol y cada vez encontraba más dificultades para hacerlo.
No había entonces grandes presupuestos ni títulos. Solo una niña que quería jugar y la convicción de que debía tener esa oportunidad.
El proyecto fue creciendo. En 2014 llegó el ascenso a Segunda División y en 2020 el salto a Primera. Después llegaron las grandes finales y los títulos. En 2024 el Torreblanca conquistó su primera Copa de la Reina y en 2026 añadió una Supercopa de España y una segunda Copa de la Reina.
Pero Torreblanca quiso dejar claro que la historia del club no se mide únicamente por sus trofeos. “Torreblanca no son títulos. Torreblanca son personas”, afirmó. Jugadoras, técnicos, familias, trabajadores y todas aquellas personas que han formado parte del camino.
También destacó el crecimiento de la cantera femenina. Actualmente, el club cuenta con más de 100 jugadoras y equipos femeninos en todas las categorías. “Una copa permanece en la vitrina. Pero conseguir que una niña mire una pista, vea a una jugadora y piense ‘yo algún día quiero estar ahí’ deja una huella mucho más profunda”, señaló.
La segunda Medalla de Oro correspondió a la Mesa Interconfesional, que reúne a representantes de las comunidades cristiana, musulmana, judía e hindú. Eduardo Resa, vicario episcopal de Melilla, tomó la palabra en nombre de la comunidad cristiana y lo hizo con una emoción especial, ya que se encuentra próximo a dejar la ciudad después de ocho años.
Resa recordó que conoció la concesión de la medalla mientras estaba en Asís. Allí vio una frase que le hizo pensar inmediatamente en Melilla: “Asís, ciudad de la paz”. Su propia conclusión fue otra: “Melilla, ciudad de la concordia”.
Durante su intervención reconoció que estos ocho años le han cambiado. “Melilla me ha hecho más tolerante, más dialogante, con un espíritu mucho más abierto”, afirmó. También aseguró que se marcha “con el corazón partido” y definió como “un don y una gracia” haber vivido ocho años en la ciudad y sentirse “un melillense más”.
Abdeselam Hassan Abselam, vicepresidente de la Comisión Islámica, destacó la importancia de la Mesa como espacio de encuentro. Recordó su propia formación en Granada y cómo, al regresar a Melilla, fue descubriendo de cerca la dimensión de su multiculturalidad.
“Hablar de Melilla es hablar de convivencia, de diversidad y, sobre todo, de vecindad”, afirmó. Para Hassan, la Mesa no es una construcción teórica, sino una realidad cotidiana basada en el respeto. Su cometido, explicó, también pasa por detectar posibles conflictos de carácter religioso y trabajar para evitar la confrontación.
Elías Chocrón, presidente de la Comunidad Israelita, aprovechó la ceremonia para repasar la historia de los judíos de Melilla. Recordó que la comunidad actual comenzó a establecerse a mediados del siglo XIX y que participó activamente en el crecimiento comercial y económico de la ciudad.
Chocrón destacó la creación de instituciones, sinagogas y centros educativos y recordó figuras como Yamín Benarroch. También subrayó que, pese a la emigración de muchas familias, la vida judía continúa presente en Melilla.
“Después de tantas generaciones podemos decir con orgullo que la historia de los judíos de Melilla es también la historia de Melilla”, afirmó. Y defendió la responsabilidad de conservar las tradiciones y transmitir a las nuevas generaciones la convivencia recibida de sus mayores.
Ramesh Ramchand, presidente de la Comunidad Hindú, recordó los 25 años de trayectoria de la Mesa Interconfesional y a quienes participaron en sus primeros pasos. Destacó el trabajo de aquellos primeros representantes y defendió que, desde el principio, lo importante fue “el ser humano, la persona”, por encima de la religión o la procedencia.
Ramchand puso también el acento en la educación. Consideró necesario conocer otras religiones y culturas para afrontar las diferencias y evitar la discriminación. “La única manera de que este mundo salga adelante es leyendo, estudiando, charlando, aprendiendo acerca de otras religiones y culturas”, señaló.
El encargado de cerrar el acto fue el presidente de Melilla, Juan José Imbroda. En su discurso destacó que las dos medallas representan “la importancia que tiene el trabajo conjunto, la unidad de criterios y el esfuerzo solidario”.
Sobre el Torreblanca declaró que, “la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad no se ciñe únicamente a sus extraordinarios éxitos, que también, sino al maravilloso legado social que ha sembrado. Ha permitido llevar el nombre de Melilla por toda España”, señaló.
En cuanto a la Mesa Interconfesional, puso en valor sus 26 años de trayectoria y sus iniciativas, entre ellas la Ruta de los Templos, el programa ‘Conozcámonos’ y la oración por la paz. Pero destacó especialmente su capacidad para proteger la convivencia de Melilla frente a conflictos externos. “Si como presidente de la ciudad me exigiera escoger un único logro, elegiría sin duda su capacidad para actuar de paraguas protector de todos los melillenses y evitar que los conflictos externos se hagan fuertes en Melilla”
“Los cuatro aquí representaban a toda Melilla”, afirmó Imbroda al referirse a los representantes de las distintas comunidades religiosas.
Y así terminó la ceremonia. Con dos medallas y una misma idea de fondo. Una ciudad que reconoce el esfuerzo de quienes han contribuido, desde el deporte y desde la convivencia, a construir una Melilla más unida.








