El grupo joven del Cautivo prepara su “Miércoles de las flores” entre claveles y devoción

La Casa de Hermandad acoge una jornada de recogida y preparación de flores que culminará con la tradicional petalada en el recorrido procesional

El grupo joven de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli y María Santísima del Rocío ha celebrado un año más su tradicional “Miércoles de las flores”, una jornada que vuelve a reunir a hermanos, fieles y devotos en torno a uno de los preparativos más simbólicos de estas fechas.

Bajo el lema “Flores de oración”, la actividad se ha desarrollado durante toda la jornada del miércoles en la Casa de Hermandad, con horario de 11:00 a 13:30 horas por la mañana y de 16:00 a 19:00 horas por la tarde. A lo largo del día, el goteo de personas ha sido constante, con ramos en las manos y una intención compartida: formar parte de una iniciativa que, con el paso de los años, ha ido ganando arraigo dentro de la cofradía.

Los claveles rojos vestirán la base del trono de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli, integrándose en su exorno floral, mientras que los blancos se reservan para la petalada que caerá sobre ambos sagrados titulares durante el recorrido procesional. Cada flor entregada encuentra así su lugar dentro de los preparativos, anticipando una imagen que se completará en la calle.

En el interior de la Casa de Hermandad, la escena se construye con un ritmo continuo. Sobre mesas y sillas se acumulan los claveles, mientras el trabajo avanza sin pausa. Los rojos se reservan para el montaje del trono, mientras que los blancos se deshojan con cuidado, pétalo a pétalo. Las manos del grupo joven se suceden en una tarea constante, y los pétalos comienzan a llenar cajas donde quedan organizados para su uso posterior.

La petalada, tal y como explican desde el propio grupo joven, consiste en lanzar estos pétalos al paso de los titulares durante la procesión. Para ello, se preparan con antelación y se trasladan a una vivienda situada en una de las calles del barrio de Calvo Sotelo, cedida por hermanos y devotos. Desde ese punto, cuando el Cristo y la Virgen discurran por debajo, los pétalos caerán sobre ambos, acompañando su paso en uno de los momentos más esperados del recorrido.

Ese instante, breve y señalado, se sostiene sobre horas de preparación. Todo lo que se organiza durante el “Miércoles de las flores” tendrá su reflejo al día siguiente, el Jueves Santo, cuando la procesión avance y los pétalos, ya listos, se conviertan en parte del acompañamiento de los titulares.

Esta tradición comenzó a gestarse hace aproximadamente cuatro o cinco años. Según relatan desde el grupo joven, la idea surgió al observar prácticas similares en otras ciudades de Andalucía, donde la petalada forma parte habitual del acompañamiento a las imágenes. En Melilla, su incorporación se produjo inicialmente en un traslado de vuelta de los titulares, marcando el inicio de una costumbre que desde entonces se ha mantenido.

Desde entonces, la iniciativa ha ido creciendo y consolidándose dentro de la cofradía. La respuesta de los fieles ha acompañado esta evolución, con una participación que se deja notar especialmente durante esta jornada, en la que la llegada de personas marca el pulso del día.

El “Miércoles de las flores” no solo articula la recogida de claveles, sino también todo el proceso previo necesario para que la petalada sea posible. La selección de flores, su deshojado —en el caso de los claveles blancos— y la organización de los pétalos forman parte de un trabajo que se desarrolla de manera continuada durante horas.

Junto a esta iniciativa, el grupo joven también se encuentra implicado en otros preparativos de cara a la Semana Santa. Entre ellos, la elaboración de una alfombra de serrín tintado que, si las condiciones lo permiten, se instalará en la Plaza de Toros con motivo del Domingo de Resurrección, dedicada a María Santísima del Rocío.

A medida que avanza el día, las flores cambian de forma y se preparan para su destino. Los claveles rojos aguardan su lugar en el trono, los pétalos blancos se acumulan en cajas y todo queda dispuesto para el momento señalado.

El “Miércoles de las flores” deja así una estampa que se repite cada año: claveles que llegan, manos que trabajan y pétalos que esperan su instante. Una jornada que forma parte de la antesala de la procesión y que encuentra su sentido cuando, al paso del Cristo y la Virgen, las flores vuelven a caer sobre ellos.

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