Hace apenas un año, una idea comenzaba a tomar forma. El pianista y docente Sergio Jiménez llevaba tiempo dando vueltas a un proyecto propio, un espacio donde el piano fuera el punto de partida de una enseñanza musical cercana y personalizada, pero también donde tuvieran cabida otras disciplinas que hoy forman parte del amplio universo de la creación sonora, desde el lenguaje musical y la armonía hasta la producción musical o el trabajo de DJ. Aquel sueño empezó a materializarse a finales de junio de 2025, dio sus primeros pasos con las clases particulares en septiembre y terminó de consolidarse en enero con la apertura oficial de Pianovac, una escuela que en pocos meses ha conseguido reunir a alumnado de entre seis y setenta años.
Levantar una academia desde cero ha supuesto mucho más que abrir un aula y comenzar a impartir clases. Ha significado construir un proyecto empresarial, organizar horarios, diseñar una oferta educativa y, sobre todo, generar la confianza necesaria para que familias y estudiantes apostaran por una propuesta completamente nueva. Jiménez reconoce que esa parte inicial fue, probablemente, el mayor desafío de todo el proceso. Acostumbrado al ámbito musical, la creación de una empresa implicaba afrontar responsabilidades desconocidas, aunque el respaldo recibido durante estos primeros meses ha terminado confirmando que existía interés por una forma diferente de acercarse a la enseñanza de la música.
La evolución del centro ha sido rápida. Apenas unos meses después de su apertura, el horario se encontraba prácticamente completo y fue necesario ampliar la disponibilidad con clases también durante las mañanas para atender al alumnado adulto, reservando las tardes para niños y adolescentes que compatibilizan la formación musical con el calendario escolar. Esa respuesta ha permitido consolidar un proyecto en el que conviven perfiles muy distintos: desde pequeños que se acercan por primera vez a un instrumento hasta personas mayores que deciden comenzar a estudiar piano después de toda una vida.
Lejos de detener la actividad, el verano ha supuesto una prolongación natural de esa enseñanza. Pianovac ha participado durante el mes de julio en el programa Educa Verano 2026, impulsado por la Consejería de Educación, incorporando una propuesta que traslada la filosofía de la escuela a un formato más lúdico. Durante las dos quincenas del mes han participado cuarenta niños en cada turno, distribuidos por edades y conocimientos para adaptar las actividades al ritmo de aprendizaje de cada grupo.
Las sesiones, desarrolladas con la colaboración de dos profesoras, han convertido la música en el eje de una programación donde el juego ocupa un lugar protagonista. No se trata únicamente de enseñar conceptos musicales, sino de despertar la curiosidad de los participantes a través de la experimentación. Los instrumentos de percusión sirven como punto de partida para descubrir el ritmo y el pulso, mientras otros como el xilófono permiten dar los primeros pasos en la interpretación melódica y en el reconocimiento de las notas musicales.
Jiménez explica que la intención nunca ha sido reproducir una clase convencional, sino ofrecer una experiencia distinta, dinámica y motivadora en la que los niños descubran por sí mismos cómo funciona la música. La investigación de sonidos, la exploración de diferentes instrumentos y la participación constante forman parte de una metodología que pretende situar el aprendizaje en un plano práctico, donde cada alumno pueda construir su propio acercamiento al lenguaje musical, asociado a sonidos y ritmos que reconocen desde la interacción que proporciona el juego.
Los grupos, integrados por niños de entre cuatro y trece años, se organizan según la edad y también en función de la experiencia previa de cada participante. Algunos ya reciben formación musical o estudian en el conservatorio, mientras otros mantienen durante estos talleres su primer contacto con un instrumento. Esa diferencia obliga a adaptar las dinámicas y la dificultad de los ejercicios, permitiendo que cada grupo avance de acuerdo con sus propias capacidades.
Para el fundador de Pianovac, uno de los grandes retos de la enseñanza musical reside precisamente en explicar un lenguaje que no puede verse ni tocarse. La música, recuerda, es una disciplina abstracta y esa condición obliga a buscar estrategias que faciliten su comprensión, especialmente durante la infancia. Por ese motivo, buena parte del trabajo desarrollado tanto en la escuela como en los talleres de verano parte de referencias que el alumnado ya conoce. Canciones populares o melodías familiares sirven para asociar determinados patrones rítmicos a sonidos reconocibles, haciendo que conceptos aparentemente complejos resulten mucho más accesibles.
La filosofía del centro pasa por introducir los contenidos teóricos de forma progresiva, evitando que se conviertan en un obstáculo para quienes se inician. Antes de aprender a leer una partitura con soltura, el alumnado debe disfrutar haciendo música. Esa idea atraviesa toda la propuesta educativa de Pianovac y explica también el protagonismo que adquieren el movimiento, el juego y la escucha activa dentro de las clases.
Esa manera de entender la enseñanza se traslada igualmente al funcionamiento ordinario de la academia. La oferta formativa no se limita al piano, sino que incorpora clases de lenguaje musical, música y movimiento, análisis y armonía, además de sesiones colectivas de piano organizadas en grupos reducidos de únicamente dos alumnos. Una fórmula que permite mantener un seguimiento individualizado al mismo tiempo que favorece el aprendizaje compartido entre estudiantes con edades y niveles similares.
La organización de esas clases requiere un trabajo previo importante. No basta con reunir a dos alumnos en un mismo horario. Jiménez procura que ambos tengan un grado de desarrollo parecido y capacidades equivalentes para que puedan avanzar juntos durante el curso. Esa planificación resulta especialmente importante en las primeras edades, cuando apenas uno o dos años de diferencia pueden marcar un cambio significativo en la comprensión de conceptos abstractos relacionados con la música.
Aunque el piano continúa siendo el núcleo del proyecto, la mirada de Pianovac va más allá. Entre los objetivos para el próximo curso figura la incorporación de nuevos talleres especializados en producción musical y DJ, disciplinas que formaban parte del planteamiento inicial de la escuela pero cuya puesta en marcha tuvo que posponerse durante este primer año. La intención es ampliar el abanico formativo y ofrecer a los estudiantes una visión más completa de las posibilidades que ofrece la música contemporánea.
Ese crecimiento también llegará al propio equipo docente. Tras asumir prácticamente en solitario la actividad de la academia durante el curso, Jiménez prevé incorporar un profesor de piano para reforzar la enseñanza a partir de septiembre, una ampliación que permitirá atender la creciente demanda sin renunciar al modelo de atención personalizada que caracteriza al centro.
Las matrículas para el curso 2026-2027 se formalizarán a finales de agosto, una vez quede definida la distribución de horarios y grupos según las solicitudes recibidas. Hasta entonces, las personas interesadas pueden informarse a través del correo electrónico de la escuela sobre las distintas modalidades formativas que ofrece la escuela y conocer un proyecto que ya ha conseguido hacerse un hueco entre quienes buscan una enseñanza musical cercana y adaptada a las necesidades de cada alumno.
Después de apenas un año de recorrido, Pianovac continúa creciendo al mismo ritmo que lo hacen quienes se sientan frente a un teclado por primera vez. Porque, antes de interpretar una obra o dominar el lenguaje musical, aprender música comienza a través de la escucha, la experimentación, el juego y descubrimiento; percibiendo que cada sonido puede convertirse también en una forma de expresión y reconocerse posteriormente en la lectura de una partitura.








