El flamenco sale al encuentro de los turistas en una Melilla volcada en la calle

Carmona y Madolell acercaron la danza española a los cruceristas con una propuesta en la que el cante, el baile y la participación del público transformaron el Kursaal Lounge Café en un espacio escénico abierto

La llegada de más de 4.000 cruceristas a Melilla este miércoles alteró el ritmo habitual del centro y dejó una imagen distinta de la ciudad. Las calles se llenaron de visitantes, los comercios extendieron su actividad hacia el exterior y el espacio público comenzó a funcionar de otra manera, más abierto, más dinámico, más cercano a esa lógica de escaparate urbano que acompaña a otros destinos acostumbrados a recibir viajeros. En ese contexto de tránsito constante, de curiosidad compartida y de actividad a pie de calle, la cultura encontró un lugar natural desde el que integrarse en la jornada.

No se trató únicamente de una sucesión de puestos, terrazas o tiendas abiertas, sino de una forma distinta de habitar el centro. En los cruces de las calles peatonales convivían telas, productos artesanales, degustaciones y música en directo, componiendo una escena poco frecuente en la ciudad, pero muy reconocible en lugares donde la vida comercial y cultural se vuelca hacia el exterior. Melilla pareció adaptarse por unas horas a ese pulso, reorganizando sus tiempos y sus espacios para recibir a quienes llegaban, pero también para mostrarse desde lo que tiene de propio.

Dentro de esa atmósfera, una de las escenas más significativas se vivió en el Kursaal Lounge Café, donde el flamenco no apareció como un espectáculo distante ni encerrado en los márgenes de un escenario, sino como una expresión viva, cercana y compartida. Allí coincidieron Gonzalo Carmona y Lorena Madolell en una propuesta pensada para acompañar el paso de los visitantes por el centro después de su recorrido por otros puntos de la ciudad. Madolell llegaba además desde la Plaza de Toros, donde había participado previamente junto a Ballet de Noe Mata, enlazando así dos espacios distintos de una misma jornada marcada por el movimiento.

La escena comenzó desde el baile. Fueron el compás, las palmas y el movimiento los que tomaron primero el espacio del café, captando la atención de quienes se encontraban allí y transformando poco a poco el ambiente. No hubo una separación tajante entre lo que sucedía delante y lo que observaba desde fuera. El ritmo se fue instalando en el lugar con naturalidad, como si el flamenco no irrumpiera, sino que encontrara simplemente su hueco.

A partir de ese arranque, la propuesta fue creciendo hacia una integración completa entre cante y baile. Carmona asumió la voz, pero no quedó limitado a ella; cantaba y compartía el movimiento con Madolell, de manera que la escena avanzaba desde un diálogo continuo entre ambos lenguajes. El cante sostenía el pulso, el baile lo desarrollaba, y los dos artistas se acompañaban en una dinámica marcada por la compenetración. Esa conexión no necesita grandes explicaciones, porque se apoya en la intuición, en la mirada, en el estudio profundo de la danza española, en una forma compartida de leer el compás y de entender qué pide cada instante.

Esa idea de conexión aparece como uno de los elementos más sólidos del relato. No se plantea desde una preparación rígida ni desde una sucesión cerrada de pasos, sino desde una confianza artística construida en experiencias compartidas y en una forma similar de respirar la escena. Un movimiento de manos, una mirada, un pequeño gesto, basta para anticipar lo que vendrá después. Esa fluidez fue la que permitió que el espectáculo se sostuviera con naturalidad y que el cante y el baile no aparecieran como dos planos separados, sino como partes de una misma conversación escénica.

Pero si algo subrayaron especialmente los artistas fue el modo en que el público se integró en la propuesta. Lo que empezó como observación, rápidamente fue derivando a la participación activa. No hubo pausa. Primero llegaron las palmas, la respuesta espontánea al compás que los turistas veían frente a ellos. Después, la invitación fue más allá. Los asistentes no quedaron reducidos al papel de espectadores que contemplan y aplauden, sino que fueron llamados a levantarse, a moverse, a compartir el ritmo y a entrar en la escena. “Los hemos sacado a bailar”, sostuvo Carmona, expresando que incluso el guía turístico terminó participando en ese momento común.

Ese detalle cambia por completo el sentido de lo ocurrido. Ya no se trataba solo de presentar una actuación para quienes pasaban por allí, sino de convertir ese instante en una experiencia que trasciende la vivencia y la estancia. Que permite apropiarse de un lenguaje artístico ajeno. La escena se acercó así a la idea de una clase abierta improvisada, en la que quienes estaban sentados en el café podían llevarse no solo el recuerdo de haber visto un número flamenco, sino de haberlo vivido desde dentro. Algunos se sumaron con timidez, otros con más soltura, pero la propuesta rompió esa frontera habitual entre artista y público y dio lugar a una cercanía que rara vez se ve en la ciudad, aunque sí resulta familiar en otros espacios turísticos donde el arte forma parte del paisaje urbano. Aquellos espacios donde un guitarrista toma una plaza, o un grupo de baile se hace con la vía pública aglomerando personas a su alrededor. También, aquellos espacios hosteleros donde los tablaos o las propuestas artísticas tienen hueco y relevancia.

En ese punto aparece otra de las ideas que los artistas trasladan con claridad, pues el arte no debe entenderse únicamente desde los grandes formatos o desde los escenarios convencionales. Hay una reivindicación de la calle, del café, del espacio abierto como lugares válidos y necesarios para la expresión artística. Carmona insiste en que un artista debe entregar el alma tanto en un teatro como en cualquier otro lugar, porque el valor de lo que hace no depende exclusivamente del marco que lo abriga, sino de la profesionalidad con la que se ofrece al público. Esa forma de entender el oficio habla también de adaptación, de compromiso y de una concepción del espectáculo ligada a la cercanía.

En su relato hay, además, una defensa muy clara del trabajo artístico como parte activa de la vida de la ciudad. No se trata solo de actuar, sino de contribuir a generar ambiente, de participar en la dinamización del centro y de asumir que existen públicos diversos, muchos de ellos alejados de los circuitos escénicos más tradicionales. Llevar el baile y el cante a un espacio como el Kursaal Lounge Café supone, en ese sentido, una forma de ampliar el alcance del arte y de hacerlo accesible a quienes quizá no acudirían a una sala o a una programación más formal.

Por eso, lo vivido en ese punto del centro no puede leerse únicamente como una anécdota dentro de una jornada con muchos visitantes. La actuación condensó una serie de cuestiones que van más allá del momento: la capacidad del arte para integrarse en el recorrido turístico, la posibilidad de convertir la calle en espacio escénico, la fuerza de la participación directa y el valor de un tejido cultural que existe, que está preparado y que puede formar parte de la imagen que la ciudad proyecta hacia fuera y que debe reconocerse hacia dentro.

Melilla dejó este miércoles una estampa distinta, más abierta y más viva, en la que comercio, artesanía y cultura convivieron en un mismo plano. Y dentro de esa imagen, el flamenco que compartieron Gonzalo Carmona y Lorena Madolell mostró algo más que una actuación puntual: mostró hasta qué punto una propuesta artística bien integrada puede transformar un lugar, atraer la mirada, invitar a quedarse y convertir un paso fugaz en una experiencia cercana que sirva de recuerdo y lleve a otros lugares el nombre de Melilla a través de esas personas que se sentaron en un café. Queda por ver si escenas como esta se consolidan en el tiempo, pero lo ocurrido dejó claro que hay artistas, hay oficio y hay una forma de hacer ciudad que también puede expresarse desde el arte y la cultura.

Compartir

Artículos recientes

Las terrazas, protagonistas ante la avalancha de cruceristas

La llegada simultánea de dos cruceros a Melilla no ha sido solo una estampa curiosa…

20 minutos hace

Zona Centro hace un balance positivo en ventas, aunque ligeramente por debajo de lo esperado

La Asociación de Comerciantes Zona Centro ha vivido una jornada marcada por la llegada de…

1 hora hace

Gema Menéndez: “Deir el-Medina nos permite conocer la vida cotidiana de los artesanos del Antiguo Egipto”

La doctora Gema Menéndez Gómez participará este miércoles 22 de abril en la Uned de…

3 horas hace

Patrimonio, ambiente y clima: Los grandes tesoros melillenses que han deleitado a los cruceristas

Los miles de personas que han llegado a Melilla este miércoles han tenido la oportunidad…

3 horas hace

Melilla supera con creces su gran prueba turística, más de 4.300 cruceristas descubren la ciudad

Melilla vive este miércoles 22 de abril una jornada histórica. Por vez primera, la ciudad…

4 horas hace

Miércoles 22 de abril, el día en que Melilla se llenó de mundo

Era miércoles, sí, pero no uno cualquiera. Era el día en que Melilla iba a…

5 horas hace