La última entrada irregular de cientos de jóvenes marroquíes en Melilla ha vuelto a poner el foco sobre una frontera que lleva meses viviendo una presión constante. Para Carlos Echeverría, director del Observatorio de Ceuta y Melilla, lo ocurrido no puede analizarse como un hecho aislado. A su juicio, forma parte de una estrategia de presión de Marruecos sobre España y la Unión Europea que, lejos de remitir, se ha intensificado. "Marruecos controla cuando quiere controlar".
El experto recuerda desde hace meses se viene produciendo un "goteo" continuo de llegadas por vía marítima que, entre enero y mayo, ya dejó varios miles de accesos irregulares "sin reacción alguna por parte de las autoridades españolas". Lo sucedido ahora, explica, supone simplemente una "aceleración" de ese fenómeno.
Echeverría considera que existen muchas explicaciones sobre la mesa para intentar justificar este repunte. Algunas apuntan a la reciente visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Argelia. Otras, a la regularización extraordinaria de inmigrantes impulsada por el Ejecutivo. Sin embargo, cree que todas esas cuestiones son secundarias frente al verdadero problema.
"Es verdad que hay un montón de argumentos que se están utilizando para explicarlo, pero lo que tenemos que explicar ante todo y sobre todo es que la política chantajista marroquí en relación con España y con la Unión Europea, pues no solo se mantiene, sino que se intensifica".
Una estrategia que viene de lejos
El director del Observatorio sostiene que no estamos ante un episodio puntual. Cree que responde a una estrategia planificada cuyo objetivo sería aumentar la presión sobre España utilizando la inmigración como herramienta política. "No olvidemos que estamos hablando ya de cifras insoportables y de un vago compromiso de las autoridades marroquíes de colaborar con las españolas para devolver a personas".
También menciona la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en frontera. Según explica, incluso las diferencias jurídicas entre las entradas por tierra y por mar podrían estar siendo aprovechadas dentro de esa estrategia. Aunque reconoce que no puede demostrarse "al 100%", sostiene que es "la hipótesis más verídica".
Uno de los argumentos que desarrolla durante la entrevista a este medio gira en torno al control que, a su juicio, ejerce el Estado marroquí sobre su territorio.
Recuerda que el rey Mohamed VI estuvo recientemente en Castillejos, junto al presidente de la FIFA y al príncipe heredero, precisamente en una zona muy próxima a Ceuta. Para Echeverría, resulta difícil pensar que las autoridades desconocieran lo que estaba ocurriendo.
Insiste en que Marruecos ha demostrado en otras ocasiones su capacidad para controlar movimientos sociales y protestas internas cuando ha querido hacerlo. Por eso sostiene que, si ahora no impide estos desplazamientos masivos hacia la frontera española, responde a una decisión política.
"Pensemos en el conato del Hirak que hubo en el norte de Marruecos hace algunos años; pensemos en el control y la desactivación rápida y eficaz, entre diciembre y enero, de esas movilizaciones juveniles; pensemos que en Marruecos no se mueve nadie para criticar esa aproximación tan chocante, en otras latitudes del mundo árabe o musulmán, a Israel. Es un Estado que controla, salvo cuando deja de controlar", resume.
Para Echeverría, la pregunta no es por qué Marruecos no puede controlar estos movimientos, sino por qué decide no hacerlo. "Hay una estrategia para debilitar a España, vía Ceuta y vía Melilla", afirma. A su juicio, el objetivo es normalizar la presión sobre las dos ciudades autónomas y convertir este tipo de episodios en algo habitual. El analista advierte de que se trata de una situación "muy peligrosa" y lamenta que, tras la crisis migratoria de Ceuta en 2021, no se adoptaran las medidas necesarias. "Nunca es tarde, pero no se hizo en 2021 y cinco años después seguimos en la misma situación".
Relación que dista de ser ejemplar
Preguntado por el estado de las relaciones entre ambos países, Echeverría asegura que la situación está "a años luz" de la imagen que transmite el Gobierno español. "No es una relación ejemplar", afirma.
Considera que Marruecos no ofrece garantías suficientes como socio para el control de las fronteras. "No es un país que asegure o que refuerce la seguridad de España. Utiliza a personas como munición en ese chantaje migratorio, que también llevan a cabo países como Turquía o como Bielorrusia, en relación con otras fronteras de la Unión Europea".
Además, añade que el incremento del narcotráfico en el Estrecho refuerza esa percepción de que Marruecos no actúa como un vecino fiable en materia de seguridad. "No se puede decir que Marruecos sea un vecino ejemplar. Es una broma de mal gusto".
Política migratoria española
Echeverría también dedica parte de su análisis a la política migratoria del Gobierno español. "Debería de ser distinta a la que es". Considera que la regularización masiva aprobada recientemente ha tenido consecuencias tanto dentro de España como en el resto del espacio Schengen.
Cree que la presión que ahora soportan Ceuta y Melilla representa "la gota que colma el vaso" y advierte de que España necesita recuperar credibilidad ante sus socios europeos si quiere gestionar con eficacia la frontera sur.
Sáhara
El director del Observatorio evita afirmar que Marruecos haya cambiado definitivamente su prioridad del Sáhara por Ceuta y Melilla. Sin embargo, sí observa una evolución en la estrategia del reino alauí.
Recuerda que el conflicto del Sáhara Occidental sigue sin resolverse desde el punto de vista del derecho internacional y señala que España, como Estado, no ha reconocido oficialmente la soberanía marroquí sobre ese territorio.
Aun así, considera que Marruecos ha ampliado sus frentes de actuación. "Lo que nos lleva sorprendiendo a analistas como yo es que, si antes mantenía un frente abierto, ahora abre varios al mismo tiempo". Además del Sáhara, mantiene tensiones con Argelia y, según sostiene, también ha abierto un nuevo escenario de presión sobre los territorios españoles del norte de África. Una muestra, según su análisis, de la "extremada ambición y osadía" con la que está actuando su política exterior.
"Es un mal vecino y como españoles debemos de tener claro, que nunca es tarde para tener una estrategia de firmeza en relación con Marruecos para que no se comporte como lo está haciendo desde hace años y para que no tengamos que sufrir situaciones tan tristes y tan lamentables".
Respecto al papel de Bruselas, Echeverría cree que la Unión Europea dispone de herramientas para ayudar, pero recuerda que no puede actuar por iniciativa propia. Insiste en que corresponde al Gobierno español solicitar formalmente esa intervención y utilizar los mecanismos comunitarios disponibles.
Echeverría evita hablar de optimismo o pesimismo. Prefiere remitirse, dice, al análisis de los hechos. Sin embargo, reconoce que resulta difícil lanzar un mensaje esperanzador porque, en su opinión, durante estos años no se han dado los pasos necesarios para cambiar la situación.
Por eso concluye con un llamamiento a la ciudadanía para que exija respuestas a las administraciones y advierte de que la presión migratoria sobre Ceuta y Melilla difícilmente disminuirá si no se adopta una estrategia distinta. "Nunca es tarde", afirma. "Pero hay que actuar ya".








