Los encuentros con los responsables de las distintas áreas del Gobierno continuaron sucediéndose ayer y ya están a punto de llegar a su fin. Hasta ahora, los representantes del Ejecutivo local que han participado en estas reuniones y el propio presidente Imbroda han salido de los encuentros plenamente satisfechos. Entienden que las reivindicaciones de Melilla, la petición de soluciones a determinados problemas y la necesidad de cooperar en asuntos de interés tanto para la administración local como nacional están siendo bien acogidas, entendidas y asumidas por los miembros del equipo configurado por el presidente Rajoy. Hasta ahora, apenas si hay diferencias esenciales con lo que ocurría cuando en el Gobierno estaban los elegidos por el presidente Zapatero. Quizás sólo existan algunas diferencias en los matices o en el entusiasmo para decir “sí” a determinadas peticiones o reivindicaciones. La verdadera diferencia, si llega a producirse, vendrá a partir de ahora, cuando tras el acuerdo entre las partes sea el momento de materializar las promesas.
Las circunstancias por las que atraviesa Melilla en asuntos sangrantes como, por ejemplo, el desempleo, son tan evidentes que ningún ministro puede negarse a verlas y a prometer soluciones. Sin embargo, el verdadero compromiso no debe limitarse a abrir los ojos a la realidad. El apoyo real y el respaldo firme a esta tierra se comprobará cuando las soluciones prometidas sean cosa del pasado porque se hayan cumplido y no porque hayan caído en el olvido. Melilla, sus ciudadanos, tienen derecho a unos servicios y a una calidad de vida similares a los del resto del país. Y ese derecho, para que sea entendido como tal, debe ser más que una promesa o buenas palabras.







