Los policías nacionales y guardias civiles que prestan servicio en el puesto fronterizo de Beni Enzar no tienen posibilidad de utilizar los pivotes soterrados. Este dispositivo impide el paso de coches robados o de cualquier otro vehículo cuyo conductor trate de evitar los controles de seguridad. Sin embargo, desde hace meses el artilugio está averiado. Se estropeó en verano y así sigue desde entonces. Dentro de unos días llegará a la ciudad Ignacio Ulloa, secretario de Estado de Seguridad, para anunciar cómo será la frontera que proyecta el Ministerio. Es probable que durante la visita se hable de plazos de ejecución y es previsible que la inversión, dada la crisis económica que afecta al país, no sea en inmediata. Sin embargo, mientras el Ministerio diseña, proyecta, presenta y presupuesta, los policías y guardias civiles tienen que continuar prestando servicio en la frontera. Si el secretario de Estado se fija un poco cuando visite Melilla, comprobará que no es un trabajo fácil. Podrá ver, sí así lo desea, todas las dificultades a las que tienen que hacer frente los agentes y comprobará que además de los problemas que vienen del país vecino, aquí, en el nuestro, tampoco se lo ponemos fácil a nuestros policías y guardias civiles.
El proyecto y las ideas de Ignacio Ulloa o del ministerio en el que trabaja podrán ser analizadas, discutidas y reconsideradas cuando las dé a conocer en detalle. Pero entre tanto, el secretario de Estado también debería tener oídos para los agentes que trabajan a pie de calle y para sus representantes sindicales. Éstos le explicarían que hay situaciones que no pueden seguir esperando más tiempo una solución porque ésta no requiere grandes estudios, complicados análisis ni imposibles presupuestos. Basta con una mínima partida económica y algo más de interés que el demostrado hasta ahora para ir solventando pequeños problemas mientras llega la gran solución que prepara el Ministerio.







