La situación de Melilla como frontera sur de Europa hace imprescindible que las instituciones comunitarias no pierdan de vista la realidad de la ciudad. Su condición de territorio español y europeo no puede quedarse en una mera declaración institucional, sino que debe traducirse en respaldo, cooperación y medidas concretas ante cada desafío.
En definitiva, la distancia geográfica con respecto al continente europeo no puede convertirse también en distancia política.
La visita de la secretaria general del Partido Popular Europeo, Dolors Montserrat, ha vuelto a situar esta cuestión en el centro del debate. La dirigente ha defendido la implicación de la Unión Europea en la protección de las fronteras y ha desgranado una batería de iniciativas aprobadas en el Parlamento Europeo para apoyar a Melilla y Ceuta. Entre ellas, la resolución de respaldo a ambas ciudades y una enmienda que contempla 80 millones de euros para mejorar los medios de protección fronteriza. Son decisiones que ponen de manifiesto la importancia de que Europa preste atención a lo que sucede en sus límites exteriores.
En este sentido, resulta difícil comprender que formaciones políticas con supuesto sentido de Estado, como el Partido Socialista, se abstengan o voten en contra de iniciativas dirigidas a reforzar la protección y el respaldo a ambas ciudades. Las discrepancias políticas son legítimas, pero cabe preguntarse qué razones llevan a anteponerlas a cuestiones que afectan directamente a los intereses de tu país.
La gestión migratoria exige responsabilidad, coordinación y respeto a los derechos humanos. Melilla conoce de primera mano la complejidad de este fenómeno y sus consecuencias. Por eso, no basta con que la ciudad aparezca en los discursos cuando se produce una crisis. Es necesario mantener una colaboración estable, dotar a las Administraciones de recursos suficientes y garantizar que las respuestas europeas tengan en cuenta las particularidades locales.
El respaldo comunitario, además, no debe limitarse a la cuestión fronteriza. Melilla necesita oportunidades económicas, mejores conexiones, inversiones y políticas que contribuyan a reducir su aislamiento. La implicación de Europa debe servir también para impulsar su desarrollo y reforzar su papel dentro del proyecto común.
La defensa de los intereses de Melilla requiere interlocutores capaces de trasladar sus demandas a Bruselas y unas instituciones europeas dispuestas a escucharlas.
Que Europa esté con Melilla significa, en definitiva, reconocer sus necesidades y actuar en consecuencia. Porque la frontera sur no es un asunto lejano ni exclusivo de la ciudad: también interpela a los 27 Estados miembro.








