El incendio de contenedores se viene produciendo cada madrugada a modo de señuelo para atraer a policías y bomberos, y luego apedrearlos. "Día sí y día también" se reciben llamadas de las zonas periféricas de la ciudad avisando de la existencia de fuego en ciertos puntos concretos (habitualmente, los recipientes para las basuras) con el único fin de atacar a estos servidores públicos, algunos de los cuales se preguntan qué va a pasar el día que ocurra una desgracia y a quién se le deberán exigir entonces responsabilidades. Y esa cuestión no es baladí.
Los datos recabados por El Faro apuntan a que las emboscadas que se preparan antes de llamar a Bomberos pueden estar formada por entre 30 y 50 personas. Es decir, existe una coordinación previa para delinquir. Esto ya no es cosa de cuatro niñatos que se quieren entretener haciendo el salvaje. En definitiva, se trata, visto así, de una cuestión de seguridad ciudadana, cuya competencia directa apunta a la Delegación del Gobierno como máxima responsable de la Guardia Civi y la Policía Nacional en Melilla. Sin embargo, por ahora no ha dicho ni pío con respecto a este asunto tan grave ni ha tenido a bien hacer caso a los representantes sindicales de la Policía Local, que han pedido la convocatoria de una Junta Local de Seguridad para abordar este problema, cada vez más preocupante.
Según han contado los bomberos, la madrugada de este pasado miércoles tuvieron que salir tres veces hacia el Tiro Nacional para apagar el fuego de contenedores y otras tantas tuvieron que volverse a sus dependencias en el Tesorillo porque la policía no daba autorización como consecuencia de la presencia de esos grupos de emboscados y el riesgo de apedreamientos. Hasta las ocho de la mañana, cuando todos esos individuos se habían ido a dormir, no pudieron ir al barrio y actuar.
Aquí hay algo muy claro: o se actúa de forma contundente y se acaba con esta especie de "kale borroka" con actuación policial y colaboración ciudadana, o cualquier día va a ocurrir una desgracia. Esperemos que no se tenga que producir un daño irreparable para tomarse en serio este asunto.








