La Feria de Melilla debe ser, ante todo, un espacio de encuentro, convivencia y celebración. Son días en los que miles de melillenses y visitantes salen a la calle para disfrutar de las casetas, la música y el ambiente festivo. Precisamente por ello, garantizar que ese disfrute pueda desarrollarse con libertad y seguridad debe ser una prioridad.
La campaña impulsada por la Viceconsejería de Igualdad y Mujer parte de una idea sencilla, pero fundamental: un “no” siempre debe ser respetado. El lema elegido, “Si digo que no, se acabó la copla”, adapta un mensaje de prevención a una expresión propia de estas fiestas y recuerda que no deben existir insistencias, presiones ni excusas cuando una persona establece un límite.
Resulta especialmente importante que esta prevención no se plantee desde la restricción de la libertad de las mujeres. No corresponde a ellas modificar su comportamiento, su forma de vestir o su manera de disfrutar para evitar posibles agresiones. La responsabilidad recae siempre en quien agrede. La sociedad y las administraciones deben trabajar para que los espacios festivos sean seguros y para que existan recursos suficientes cuando se produzca una situación de riesgo.
En este sentido, la presencia de agentes de igualdad, el punto de información de la mujer, el refuerzo del Centro de Crisis y las pulseras centinela constituyen herramientas que pueden contribuir a detectar y atender posibles situaciones de violencia o sumisión química. También es positiva la implicación de las casetas mediante la colocación de decálogos y mensajes de sensibilización.
Pero ninguna campaña puede sustituir al compromiso colectivo. Una Feria libre de violencias machistas requiere que quienes presencien una situación preocupante no miren hacia otro lado y que sepan que pedir ayuda forma parte también de la responsabilidad ciudadana.
La diversión y el respeto no son conceptos incompatibles. Al contrario, deberían avanzar siempre juntos. Una Feria verdaderamente inclusiva será aquella en la que todas las personas puedan disfrutar sin miedo, sin presiones y sin tener que renunciar a su libertad. Porque celebrar también significa respetar.








