El PSOE de Melilla no parece que vaya a salir muy beneficiado por las decisiones que está adoptando en la ciudad. El hecho de que votara en contra de una moción, apoyada por el 88% de los diputados locales, que defiende la españolidad de Ceuta y reclama medidas que permitan a los ceutíes recuperar cuanto antes su normalidad previa al 31 de julio pasado, no les va a reportar las simpatías de buena parte de los melillenses e incluso más allá de nuestros límites geográficos. Y ellos sabían que eso iba a suceder.
No fue precisamente una casualidad que, de pronto, los medios de comunicación recibieran un comunicado en la mañana del martes exponiendo que Riduan Moh, el portavoz socialista en la Asamblea, defendía la españolidad de las dos ciudades autónomas de nuestro país. Fue algo extraño porque aún no había trascendido públicamente que la Comisión de Presidencia se estaba reuniendo para abordar la propuesta de moción conjunta. Pese a ello, ya el PSOE se descolgaba con un pronunciamiento prosoberanista que parecía no venir a cuento.
No hizo falta rascar mucho para saber situar el porqué de esa estrategia: estaba poniendo el parche antes de que saliera el grano. El parche era justificarse hablando de españolidad y el grano es que apenas minutos antes habían votado en contra de un texto que institucionalmente lo ponía negro sobre blanco y con la firma favorable de la gran mayoría de los grupos de la Asamblea, de los que quedaba el PSOE descolgado. ¿El motivo? Que se cuestiona de alguna forma el papel del Gobierno de Sánchez por la falta de medidas y soluciones a tamaña crisis.
A la espera de que Vox, por su parte, quiera explicar a los melillenses por qué se abstuvo (otra actitud difícilmente comprensible), los socialistas se quedaron en la más pura soledad. Los diputados cepemistas y el representante de Somos Melilla transaccionaron el texto propuesto por los populares e incluyeron sus puntos de vista y sus iniciativas con el fin de que todo quedara integrado en un único pronunciamiento que recoja el sentir de toda la Asamblea. Es decir, CpM y Somos Melilla pusieron la unidad por encima de sus propios intereses, una decisión inteligente y que conecta directamente con el sentir de los ciudadanos.
Al margen quedaron los socialistas y, seguramente sin proponérselo, los reproches le han venido desde varios frentes: las redes sociales han expresado casi de forma unánime su rechazo al voto en contra y la noticia ha dado la vuelta a toda España, formando parte de las webs, ediciones escritas de periódicos, televisiones como Antena 3 y la práctica totalidad de las emisoras nacionales de radio.
Esto es lo que sucede cuando los hooligans de los partidos anteponen las siglas de su organización, el culto al líder, la seguridad de su sueldo y su posición orgánica a la tierra en la que viven.








