El problema de la vivienda se acentúa en España y lo sufren personas de todas las edades. Jóvenes que buscan ganar cierta estabilidad, o aquellos que llevan una vida ahorrando y por fin han dado el paso de comprar una casa. La cuestión es que los alquileres tampoco están precisamente baratos; la tendencia en los últimos años ha ido a la alza. Si entramos en Idealista, en Melilla hay 145 casas y pisos en el portal que se encuentran repartidos por todos los barrios de la ciudad. Calvo Sotelo, El Real, el centro, El Industrial… Los precios son variados y cambian en función de la zona, los metros cuadrados, el número de habitaciones o los servicios disponibles (piscina, ascensor…).
Aquellas que están entre los 100.000 y los 150.000 euros, son viviendas normalmente antiguas que necesitan reforma, o están en el entorno de las barriadas norte y más a la periferia. A veces, se trata de plantas altas sin ascensor. Pero, lo más frecuente en la ciudad, es que superen los 200.000 euros. Algunos dúplex incluso llegan a sobrepasar los 300.000 euros. El panorama es similar en los escaparates de las inmobiliarias y gestorías melillenses. Es un fenómeno que se está dando en toda España, sobre todo en las grandes ciudades, y en resto de países: los precios están desorbitados.
Uno de los principales motivos es que hay menos oferta que demanda, y la intervención en el mercado no ayuda, puesto que disminuye las opciones disponibles. A la par, tampoco se están construyendo nuevas zonas para vivir, y la actividad económica de algunos territorios está cada vez más concentrada en el sector servicios y, por lo tanto, en los centros de las ciudades y los alrededores. Estas situaciones terminan provocando que estudiantes y trabajadores, por ejemplo en Melilla, tengan que compartir piso, también a la edad adulta. Porque la media de alquileres para una sola persona no suele bajar de los 700 euros. Si es compartido, una casa con dos o tres habitaciones ronda los 900 euros aproximadamente.
Para la compra de vivienda, los vecinos y vecinas tienen algunas facilidades por parte del Gobierno local. Desde hace pocos años, el Ejecutivo se encarga de avalar o financiar a los jóvenes el 20 % del valor de una vivienda que previamente tenga concedida una hipoteca y hasta 40.000 euros. Forma parte del programa ‘Melilla Joven’, que abarca medidas diversas para ayudar a este colectivo en su inserción laboral y emancipación. Otras actuaciones impulsadas consisten en la reposición del ajuar doméstico en un 50 % y hasta 3.000 euros y en el aumento de 450 euros a las ayudas del alquiler.
En comunidades como Andalucía, por otro lado, los propietarios están optando por dar un uso turístico a los pisos, que en algunas ciudades no tienen cupo alguno, reduciendo la oferta disponible para fines residenciales. El resultado ya se está viendo, y es que muchos residentes están teniendo que salir del casco antiguo y de los barrios colindantes puesto que los precios son inasumibles. Además, profesionales del sector inmobiliario apuntan que los dueños de las casas temen que los contratos se alarguen en el tiempo, por lo que prefieren opciones más a corto o medio plazo. Por no mencionar que ahora se piden muchos más requisitos a parte de la fianza: varios meses en la entrada, avales y documentación sin fin.
Parece una broma pero coincide con la realidad: algunas personas que se han mudado a la ciudad autónoma, han escuchado eso de que en las gestorías solo se aceptan inquilinos que sean funcionarios. Así, para comprar una vivienda, se debe tener ahorrado al menos un 30 % del coste total: una parte para la compraventa, y otra para los impuestos. Al fin y al cabo, el precio lo pone el mercado; cuando hay pocos compradores, los precios bajan. Actualmente, el euríbor, un índice de referencia que se publica diariamente y que marca el tipo de interés promedio que adoptan muchos bancos europeos para conceder préstamos que terminan en manos de particulares y empresas, se ha estabilizado. Es una noticia buena y mala a partes iguales: aumentará la compra porque se aceptarán más hipotecas, pero los precios volverán a subir.
Ante este panorama, hay quienes piensan que la burbuja inmobiliaria terminará explotando como lo hizo en 2008, y no son capaces de adelantar cuáles podrían ser las consecuencias. Lo cierto es que hace apenas unos años, el metro cuadrado en Melilla estaba a 9,1 o 9,4 euros. Con la inflación de precios, lo que antes era asequible ya no lo es. Hace una década, un piso de unos 80 metros cuadrados costaba alrededor de 120.000 euros. En el pico de la burbuja, alcanzó su máximo, y en la pandemia, el coste iba in crescendo. Como ha sucedido en el resto del país, los alquileres han pasado de publicarse en 450 o 550 euros mensuales, a prácticamente duplicarse.
Es un asunto complejo que merece ser visto desde muchas perspectivas para entender sus causas y posibles soluciones. Pero lo que es innegable es que los españoles, y también los melillenses, no lo tienen fácil para poder comprar o alquilar una vivienda. A menos que sean jóvenes y reciban ese impulso de la Ciudad, o que tengan lo suficiente ahorrado para asumir gastos adicionales. Y el techo, en definitiva, no deja de ser una necesidad y un derecho básico para todos.








