Los agentes de la Policía Nacional han vuelto a poner sobre la mesa su enorme profesionalidad y el enorme valor de su trabajo con la detención en Melilla del que se considera mayor depredador sexual de menores de toda la historia de la ciudad, según han señalado fuentes oficiales de la Jefatura Superior. Se trata de un individuo de 40 años de edad y que trabajaba como camarero en sucesivos bares y cafeterías melillenses. Lo que hacía era utilizar perfiles femeninos en las redes sociales para ganarse la confianza de las más jóvenes y así conseguir que le enviaran cierto tipo de fotografías e incluso mantener conversaciones subidas de tono.
A partir de ahí, cuando ya tenía el material que pretendía obtener, llegaba la extorsión. Al final, se le imputan tres delitos de agresión sexual a menores de 16 años por vías telemáticas, once delitos de ciberacoso a menores conocido como child grooming, corrupción de menores, tenencia y distribución de pornografía infantil, además de varios delitos contra la intimidad por captar imágenes no consentidas de mujeres en la vía pública.
Esta noticia trae de nuevo a la actualidad la pregunta de si los progenitores de estas menores ejercen debidamente los límites y controles más convenientes en el uso de las redes sociales. Y lamentablemente, la respuesta es que no. Son muchísimos los padres que desconocen qué tipo de páginas o actividades desarrollan sus hijos menores de edad cuando entran en el mundo virtual. Cierran las puertas de sus habitaciones y nada saben de lo que están haciendo o los peligros que están enfrentando desde una pantalla sin que ni siquiera se estén dando cuenta de lo que sucede.
Es absolutamente necesario que los adultos enfrenten este tipo de situaciones con sus hijos, que los alerten de lo que puede pasarles en las redes y, sobre todo, utilicen las herramientas de control parental que existen y que funcionan para que no puedan acceder a determinados contenidos, por citar un ejemplo. La responsabilidad de los padres tiene que estar por encima de cualquier pereza o huida de la discusión con el hijo; más vale una discusión y una prohibición a tiempo que lamentar que tu hija haya sido abusada por un depravado, cuya única dirección en su vida debe ser la cárcel.








