Desde el pasado 29 de junio, la sala infantil de la Biblioteca Pública ha recuperado uno de los sonidos más singulares del verano: el de los niños y niñas compartiendo historias, descubriendo nuevos libros y llenando de vida un espacio que, durante las mañanas, se transforma en el escenario del campamento Biblio Lab. Entre estanterías repletas de cuentos, ilustraciones y personajes, las mesas se llenan de materiales para manualidades, mientras la lectura se convierte en el hilo conductor de una programación que busca acercar los libros a los más pequeños desde el juego, la creatividad y la participación activa.
Cada mañana, de 8:45 a 14:15 horas, María Mansilla y Marina Avilés, monitoras de Abracadabra, acompañan a un grupo de veinte niños y niñas de entre 5 y 12 años en una propuesta que combina lectura, interpretación, artes plásticas, reciclaje, juegos cooperativos y actividades para trabajar la concentración, la memoria o la escucha activa.
La jornada comienza alrededor de un libro. Es el momento de leer, escuchar e interpretar historias. Nagore, una de las participantes, pone voz a La cigarra y la hormiga, uno de los cuentos populares con los que trabajan estos días. Después, la lectura da paso a la conversación. Las monitoras explican que han querido recuperar relatos clásicos que muchos de los niños no conocen porque están más familiarizados con las versiones de Disney. Entre esos títulos también aparece Los viajes de Gulliver, un libro que el pequeño Bruno reconoce y disfruta especialmente, demostrando el interés y la familiaridad que siente por la lectura y por los personajes que va encontrando cada día en la biblioteca.
Para María Mansilla, el objetivo va mucho más allá de que los niños lean correctamente. "A los que acaban de iniciarse intentamos reforzarlos un poco más y a los que ya saben leer queremos enseñarles a interpretar, a cambiar la voz cuando hay un diálogo y a comprender realmente lo que están leyendo". Esa lectura comprensiva se complementa con actividades de escucha activa y con pequeños cuentos interpretativos en los que los propios participantes representan las historias.
La creatividad ocupa también un lugar destacado dentro de la programación. Cada semana elaboran una manualidad utilizando materiales reciclados, demostrando que objetos cotidianos pueden tener una segunda vida. Flores en tres dimensiones o pequeños proyectores construidos con materiales que cualquiera puede encontrar en casa forman parte de esas propuestas. Precisamente, Marta, una de las participantes, decidió repetir por la tarde en su casa el proyector que había aprendido a fabricar durante el campamento y enseñárselo a su padre, trasladando así lo aprendido durante la mañana al entorno familiar.
Antes incluso de comenzar con las actividades habituales, durante el primer día del campamento, las monitoras propusieron una dinámica para que los niños se conocieran mejor. Cada uno elaboró un escudo personal en el que representó sus aficiones, sus colores favoritos o aquellas actividades con las que más se identifica, como la música, el baile o el deporte. Todos esos trabajos permanecen expuestos en la biblioteca a modo de pequeño museo para que quienes visitan el espacio durante la tarde puedan contemplar las creaciones de los participantes.
Los juegos también forman parte del día a día. La pequeña Marta destaca especialmente el juego de las cuerdas, una dinámica en la que las monitoras entrelazan a todos los niños con un hilo de lana que después deben desenredar colaborando entre todos. A través de propuestas como esta, las monitoras trabajan valores como la cooperación, al mismo tiempo que desarrollan habilidades relacionadas con la atención o la resolución de problemas.
María Mansilla explica que, al tratarse de muchas horas de convivencia, diseñaron una programación variada y dinámica que alterna lectura, artes plásticas, juegos funcionales, actividades de memoria y juegos de mesa populares. "Ellos están de vacaciones y tenemos que cambiar el chip", explica. Por eso, todas las propuestas buscan que el aprendizaje llegue de una forma natural, a través de experiencias que resulten atractivas para los niños y las niñas.
Ese trabajo también se refleja en el ambiente que se respira en la biblioteca. Aunque las actividades incluyen juegos y movimiento, los participantes aprenden desde el primer momento a respetar el espacio y a mantener el silencio cuando es necesario, entendiendo que comparten las instalaciones con otros usuarios. Hay momentos para todo, y las dinámicas reconocibles como de concentración o el silencio entre los más pequeños, ayudan a potenciar el desarrollo de las actividades y la participación activa de todos los integrantes del grupo.
Marina Avilés destaca que una de las claves del campamento es la adaptación constante a las edades de los participantes, que abarcan desde los cinco hasta los doce años. Mientras los mayores realizan de forma más autónoma las actividades, los pequeños reciben un apoyo más cercano para iniciarse en la lectura, reconocer vocales, consonantes y avanzar en ese primer contacto con los libros. También en el desarrollo de las actividades plásticas y motrices. El límite de veinte participantes permite, precisamente, ofrecer esa atención más individualizada cuando es necesario, sin interferir en el proceso colectivo de las propias actividades.
Las monitoras defienden una forma distinta de acercar la lectura a la infancia. "No es la típica lectura de leer y hacer un resumen", explica Marina. Los cuentos sirven como punto de partida para manualidades, interpretaciones, juegos o conversaciones que ayudan a los niños a comprender que leer también significa imaginar, crear y disfrutar. "Queremos que entiendan que la lectura no es aburrida bajo ningún concepto", señala.
La biblioteca ofrece además un fondo muy amplio adaptado a todas las edades, desde libros de pictogramas o primeras lecturas hasta cuentos clásicos y personajes actuales. Esa variedad hace que algunos participantes prolonguen la experiencia más allá del campamento. Avilés recuerda cómo uno de los niños pidió a su abuela llevarse un libro prestado a casa después de una de las jornadas, un gesto que refleja el interés que poco a poco despierta la lectura entre los participantes de este campamento.
Biblio Lab permanecerá activo hasta el 31 de agosto. Mientras algunos niños participan durante todo el verano, otros lo hacen por periodos más cortos, lo que permite incorporar a nuevos participantes de la lista de espera. Cada mañana, la sala infantil vuelve así a llenarse de historias, imaginación y pequeños lectores que descubren que, entre las estanterías de una biblioteca, también hay espacio para jugar, crear y aprender.







