Mirrolde Teatro ha participado en el II Festival Internacional de Teatro de Nador con la obra “Amor de mis entrañas”, una propuesta escrita por Pablo Calvo, interpretada por Raquel González, con música en directo de Sama Bou, dirección de Miguel Escutia y producción de la compañía melillense. La función se representó en el marco de una cita cultural organizada por la Asociación Cultural La Troupe de Assam de Teatro de Nador, bajo la dirección de Farouk Aznabet y la coordinación de Aomar Hammouti, y permitió a la formación de Melilla compartir escenario, mirada y experiencia con compañías procedentes de distintos ámbitos teatrales.
La llegada de Mirrolde Teatro al festival se produjo a través de un contacto personal y artístico. Según explica Miguel Escutia, fue Fatima Benkacem, vinculada a La Troupe de Assam y alumna de teatro para adultos de González, quien facilitó el puente entre ambas partes. Ella conocía el trabajo de la compañía, había visto el montaje y consideró que podía encajar en una programación que, pese a encontrarse todavía en una fase incipiente, se está construyendo con una notable voluntad de crecimiento.
Escutia describe el festival como una iniciativa joven, pero cargada de energía. Se celebró entre el 21 y el 23 de mayo en el Complejo Cultural de Nador, con la participación de grupos y artistas de distintas procedencias. Mirrolde Teatro llegó a la ciudad vecina el día 22 y presentó su obra el sábado 23. La experiencia, señala su director, estuvo marcada por la implicación de numerosas personas y entidades locales, desde el propio equipo organizador hasta empresas privadas que colaboraron con alojamiento, transporte, comidas y otros servicios para los participantes.
Para la compañía melillense, esa implicación fue uno de los elementos más llamativos del viaje. Escutia destaca el esfuerzo de los organizadores por situar a Nador en el mapa cultural y por dotar a la ciudad de una programación teatral con vocación internacional. A su juicio, la cita refleja una voluntad colectiva de impulsar la vida escénica en una ciudad cercana a Melilla, pero con dinámicas culturales propias y con una escena que sorprendió a los integrantes de Mirrolde Teatro por su diversidad y ambición artística.
Entre las propuestas vistas durante el festival, Escutia subraya especialmente el trabajo de la Asociación de Teatro Minas de Jarada, que presentó “Barriles de Tarboosh”. El director melillense recuerda el impacto que les causó la puesta en escena, tanto por su estética como por el nivel interpretativo del grupo. Aunque la barrera del idioma impedía seguir todos los matices del texto, la fuerza visual, el trabajo corporal y la intensidad de la representación permitieron conectar con la obra más allá de la palabra.
También asistieron a una propuesta palestina, concebida en formato de monólogo con elementos de narración oral, música y ambientes sonoros. Durante las mañanas, los alumnos del Colegio Lope de Vega presentaron diferentes funciones interpretadas por los niños y las niñas. Para Escutia, el conjunto del festival ofreció una variedad de lenguajes escénicos, estéticas cuidadas y confirmó que el teatro puede generar comunicación incluso cuando las lenguas no coinciden. Esa misma barrera idiomática estuvo presente en la representación de “Amor de mis entrañas”, una pieza profundamente íntima, sostenida en buena medida por el texto, la emoción, la musicalidad y los silencios.
La obra presentada por Mirrolde Teatro aborda el desgarro de una mujer ante la ruptura de una relación de años. En escena, el personaje de González prepara la maleta de quien se marcha. No es ella quien ha roto el vínculo, sino él. La propuesta, explica Escutia, busca situar en primer plano una vivencia femenina del desamor, alejándose de una mirada tradicionalmente masculina sobre la ruptura. En ese recorrido emocional, la música en directo de Sama Bou no funciona como acompañamiento decorativo, sino como un personaje más: la presencia del ausente, el eco del hombre que ya no está y con quien la protagonista mantiene un diálogo invisible. Así actriz y músico mantienen un diálogo continuo.
La función tuvo que adaptarse a las condiciones técnicas del espacio. Escutia reconoce que hubo dificultades con el sonido y que finalmente la actriz trabajó sin amplificación, algo especialmente delicado para una obra concebida desde la cercanía y la contención para, inicialmente, los ciclos de microteatro del Hospital del Rey. Aun así, el director se muestra satisfecho con lo ocurrido sobre el escenario y con la recepción del público, que, pese a no comprender en muchos casos el castellano, sí captó la emoción esencial de la pieza.
La participación en Nador deja también abiertas nuevas posibilidades de colaboración. Durante el festival surgieron contactos con creadores, promotores y responsables culturales interesados en tender puentes entre compañías y espacios escénicos. Para Mirrolde Teatro, más allá de la representación concreta, el viaje ha servido para ampliar el foco, conocer otras formas de trabajo y comprobar que existe una escena cercana, viva y deseosa de intercambio, que apuesta también por la expresión artística.
Escutia resume la experiencia como emotiva y estimulante. En Nador encontró un festival joven, sostenido por mucho esfuerzo, por el entusiasmo de sus organizadores, un público diverso especialmente juvenil y por una red de apoyos, materiales y humanos, que aspira a consolidar la ciudad como un lugar de encuentro cultural. Mirrolde Teatro acudió con una obra íntima y regresó con la sensación de haber participado en algo que empieza a crecer en un país que está dinamizando fervientemente su apuesta por la cultura y el arte.








