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Los comerciantes encaran la Navidad entre lluvia, paga extra y compras de última hora

Del “picoteo” de adornos a los dulces sin pausa: regalos frikis, moda navideña, juguetes y tecnología marcan una campaña desigual en Melilla, condicionada por el temporal y el empujón final del 24

por Tania Chocrón
23/12/2025 12:08 CET

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La ciudad entra en la recta final de la Navidad con un elemento inesperado como protagonista: la lluvia. En Melilla, donde el invierno suele ser más amable que en la Península, varios días seguidos de chubascos han cambiado rutinas, horarios y hasta el ánimo del consumidor. Aun así, el pulso comercial no se ha detenido. Con Papá Noel “ultimando los detalles” para repartir regalos en la noche del 24, las tiendas viven una campaña marcada por contrastes: hay quienes hablan de estabilidad respecto al año pasado, quienes notan un bajón y quienes celebran un incremento notable.

En la calle, la estampa se repite: paraguas a contrarreloj, bolsas protegidas bajo el abrigo, familias que entran a resguardarse en comercios y un “ya que estoy aquí…” que termina convirtiéndose en compra. La meteorología, más que una anécdota, está funcionando como un filtro: reduce el paseo sin prisa, pero no elimina la necesidad de cerrar pendientes. Y a pocos días de Nochebuena, el tiempo ya no se mide en semanas, sino en horas.

Regalos frikis

En Monva, Javi define el ambiente con una mezcla de optimismo y resignación. “La campaña está animada, la gente está con muchas ganas”, explica, pero enseguida apunta al factor que lo condiciona todo: “Este año estamos teniendo una climatología un poquito adversa y sí se está notando un poquito, porque aquí en Melilla no estamos acostumbrados a tanta lluvia”.

La lectura de ventas, sin embargo, no es dramática. “Nosotros estamos vendiendo prácticamente igual”, sostiene, aunque matiza que parte del público “está todavía en casa esperando a ver si deja de llover”. Esa espera es clave: no significa falta de intención de compra, sino un retraso que comprime la demanda en los últimos días y aumenta la compra impulsiva.

En cuanto a tendencias, Javi confirma que el regalo se polariza entre lo llamativo y lo práctico. “En la tienda de regalos, mucho artículo friki”, comenta. Y, en el área más específica del establecimiento, destaca lo que más está saliendo: “En la tienda de Navidad y militar, sobre todo mucho equipamiento militar: mochilas y, por lo que veo, bandoleras”. A esa lista añade “mochilas, botas, guantes…”, productos con un componente funcional que encajan tanto como autorregalo como detalle para alguien cercano.

¿Y los adornos clásicos? También aparecen, aunque con otra lógica: “Las bolitas de Navidad… eso es un picoteo”, dice. No suelen ser el objetivo principal, sino el complemento que se cuela cuando el cliente ya tiene una compra grande decidida: “Vienes a por unas botas… y picas por algunas, porque son unas chuladas”.

 Monva percibe un cambio de comportamiento: menos “apartar” y más compra directa, aunque con una excepción muy concreta: el calendario de pagos. “La mayoría de la gente ya viene a la compra, pero claro, hay gente que todavía no ha cobrado la paga extra”, señala. Traducido: hay un público decidido, pero pendiente de ese último empujón para cerrar regalos.

Moda infantil

En un comercio como Piruleta, donde el componente familiar es central, la campaña se vive a otra velocidad: la de padres y madres que buscan outfits para celebraciones, fotos y reuniones. Fadela describe el momento como un movimiento constante, aunque irregular: “La campaña de Navidad está bien, se está moviendo, un poquito lento, pero se está moviendo”.

Los productos estrella están ligados al imaginario navideño: “Se están vendiendo mucho las cositas de Navidad, los vestiditos, las ropas de cuadritos rojas, para las fotos, para las fiestas, para la cena de Navidad”. Es una compra emocional y social: la ropa no solo abriga, también “viste” el recuerdo, el álbum familiar y el encuentro.

La lluvia, en este caso, no ha vaciado del todo las calles. “La gente no deja de salir”, asegura. Y pone un ejemplo concreto: “Ayer, con el día que hizo, estuvieron por aquí muchos padres con los niños y entraban… a ver”. La meteorología frena el paseo, sí, pero también empuja a refugiarse en interiores, y los comercios del centro se convierten en “paradas técnicas” que terminan en compra.

En comparación con el año anterior, Piruleta sí nota un descenso. “Creo que este año ha sido un poquito menos. Más flojo”, resume Fadela. ¿Por qué? Señala dos tendencias que pesan: la compra online y el “efecto viaje”. “A lo mejor por compra online, por los viajes que se han pegado el puente… han venido a comprar fuera”, explica. En su mostrador lo ve en forma de comentarios: clientes que piden algo “parecido” porque ya compraron en Málaga o en grandes superficies durante el puente. Esa fuga de gasto no anula la necesidad local, pero la reduce y la deja para lo que se olvidó o lo que se improvisa al final.

Dulces navideños

Si hay un sector que respira otro ritmo en estas fechas es el de la pastelería. En la pastelería Royal la campaña se cuenta en bandejas que entran y salen. Anisa lo resume sin rodeos: “Desde principios de diciembre y sin parar. No paramos, no hay un momento de parón de respirar”.

Los productos que más triunfan combinan tradición y calendario. “Entre pequeños roscos de huevo clásicos de toda la vida y mini roscones de Reyes”, detalla. Es decir: dulces que acompañan la sobremesa de Nochebuena y Navidad, pero también el “precalentamiento” de lo que vendrá con Reyes. La pastelería no vive una sola fecha: vive una temporada.

En el comportamiento del cliente hay una mezcla de previsión y urgencia. “Tenemos de todo”, explica. “Hay gente precavida que lo encarga después del puente y hay gente que viene aquí a última hora… incluso el mismo día de la celebración del 24 de diciembre”. La frase retrata una costumbre muy local: apurar hasta el final, pero querer “salvar” la mesa con un postre que parezca planeado.

La comparación con el año pasado, en su caso, es positiva. “Ha habido un incremento… bastante importante”, celebra Anisa. Y pone el acento en la fidelidad y la renovación: “Lo agradecemos bastante tanto a clientes de toda la vida como a los nuevos”. En una campaña desigual por sectores, la repostería se confirma como un gasto relativamente resistente: quizá se recorta en otras partidas, pero el dulce de la mesa sigue siendo casi un símbolo de celebración.

Tecnología en alza

En la electrónica, el relato es distinto. Hamete, de Mr Phone, no disimula la preocupación: “Por ahora, flojita, la verdad. No tenemos muchas ventas”, afirma, confiando en el tirón del último día: “Hoy es el último día, a ver si se mueve más la gente para comprar”.

Aun con la flojera, las tendencias están claras. “En estos años la gente ha aumentado mucho el tema de tecnología”, explica. Y dentro de esa categoría, hay un patrón que se repite en cada Navidad: dispositivos para menores y ocio doméstico. Habla de “móvil… para los niños”, además de “consolas”. Cuando llueve y se pasa más tiempo en casa, el entretenimiento digital se vuelve todavía más atractivo, pero eso no siempre se traduce en ventas inmediatas si el comprador retrasa la salida.

Respecto al año anterior, Hamete percibe menos afluencia: “El año anterior hubo más gente”. Y vuelve al factor meteorológico como explicación directa: “El año pasado no nos pilló este tiempo… todos estos días lloviendo”. Su diagnóstico es claro: si se corta la racha, el comercio puede “recuperar” parte de lo perdido en jornadas anteriores. “A ver si hoy se rompe eso… y ya podemos coger las ventas que no hemos cogido”, comenta, resumiendo la sensación de muchos negocios: la campaña no está muerta, está “encallada” por el clima.

Juguetes

En juguetería, el catálogo navideño se convierte en mapa de tendencias infantiles. Rocío, de Pequeño Bazar, identifica una apuesta que combina creatividad y tranquilidad para las familias: “Los productos Crayola están muy bien porque me lo piden mucho… si se manchan las manitas en la ropa, se limpia con facilidad”.

También menciona el auge de artículos vinculados a la personalización y el juego “de moda”: “Rotuladores, bolígrafos, lo de para hacer tatuajes, que también tira muchísimo en estas fechas”. Y, por supuesto, la fuerza de las licencias: “Sonic y Dragon Ball… y lo típico de Bebé Llorón, Frozen… Spidey, Batman… Marvel”. El patrón es reconocible: personajes para asegurar acierto y productos creativos para completar el regalo con algo útil y entretenido.

Mismo diciembre, varias Navidades

Con todos estos testimonios sobre la mesa, el comercio melillense dibuja una campaña de Navidad con varias capas. La primera es la meteorológica: la lluvia cambia el calendario de compras y concentra la demanda. La segunda es económica y social: la paga extra sigue siendo un disparador y su ausencia retrasa decisiones. La tercera es estructural: online y viajes compiten con el comercio local, especialmente en sectores donde el cliente compara precios o busca variedad fuera.

Y aun así, la ciudad compra. Quizá más tarde, quizá con prisa, quizá buscando refugio del chaparrón. Entre el “picoteo” de adornos, el vestido rojo para la foto familiar, el roscón en formato mini, el móvil para los niños o los rotuladores que se borran fácil, Melilla se prepara para una Nochebuena en la que el regalo sigue siendo el idioma común. La diferencia es que este año, además del brillo de las luces, suena otro acompañamiento: la lluvia golpeando el paraguas mientras la gente entra, mira y, al final, decide.

Tags: comercioNavidadNoticias de Melilla

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