Rafael Alberti fue, para muchos, uno de los grandes nombres de la poesía española del siglo XX. Pero para María Asunción Mateo, su compañera durante más de veinte años, fue mucho más que eso. Fue un hombre cotidiano, tierno, íntegro, lleno de una humanidad que no se apagaba en los escenarios ni se limitaba a los libros. Fue, como ella misma describe, un ser profundamente poético incluso cuando no escribía. “No podía ser otra cosa. Un poeta, bueno, un artista, pintor también. Pero siempre decía eso: ‘porque yo soy un poeta’. Y no lo decía por presumir de nada, sino porque se sentía poeta. Y es que lo era”.
Desde esa afirmación arranca un testimonio que va más allá de la biografía pública. María Asunción Mateo ha querido contar su historia compartida con Alberti en un libro titulado Mi vida con Alberti. Para algo llegaste Altair. Una obra escrita desde la memoria, desde la intimidad, y también desde el deseo de mostrar lo que, a menudo, la historia oficial deja fuera: el rostro más cercano del poeta, el de la vida diaria, el de los gestos sencillos. “Es un libro que recoge parte de su vida, mi vida compartida con él. Yo de mi vida anterior no cuento nada, porque a mí no me conoce nadie antes de casarme con Alberti. Entonces lo que hago es hablar un poco de la vida cotidiana con Rafael, lo que significó para mí estar a su lado, viajar, conocer gente... pero bueno, lo más importante era estar a su lado. Y esos veinte años que compartimos se refleja ahí”.
Lo que trasluce este libro no es solo el relato afectivo de una convivencia, sino también una mirada clara sobre la personalidad de Alberti: alguien cuya poesía no era una máscara literaria ni una pose artística, sino la expresión más fiel de quien era en verdad. “Un hombre fundamentalmente bueno, honesto, luchador y muy tierno”, lo define Mateo. “Pero que la obra y él no están separadas. Hay que leerse no solo La arboleda perdida, sino cualquier libro suyo para ver que no hay dos Albertis. No está Rafael por aquí y Alberti por allá. Su obra es él. Y lo que trasluce su obra es así”.
En la narración de Mateo hay momentos entrañables que revelan ese carácter genuino del poeta. Sus bromas gaditanas lanzadas con precisión, su cercanía con los amigos, el cariño a los animales de la casa, el gusto por una vida sin estridencias. “Impresionaba un poquito verlo al principio. Pero enseguida, como era muy cordial y muy cercano, lo querías. Es que era inevitable quererlo. No digo ya solo a nivel amoroso, sino que querías volver a verlo, estar con él. Era muy cariñoso”. Incluso cuando hablaba, su manera de expresarse dejaba entrever su esencia poética. María Asunción recuerda una ocasión en la que, observando juntos un retrato de Bécquer, comentó: “Se nota que solo podía ser poeta”. Y ella le dijo: “Lo mismo que pasa contigo”.
Esa humanidad profunda que describe Mateo se convierte en hilo conductor del libro, pero también en la materia con la que se ha tejido un proyecto más amplio: una suerte de homenaje coral que incluye la publicación de nuevas ediciones, el análisis crítico de su obra final y la musicalización de algunos de sus poemas. En este camino han acompañado a Mateo figuras como el escritor y crítico literario Manuel Francisco Reina y la cantante Clara Montes, quienes han encontrado en la figura del poeta una fuente de inspiración no solo artística, sino vital.
Para Clara Montes, la entrada en el universo de Alberti no fue inmediata. Al recibir la propuesta de poner voz a sus versos, su reacción inicial fue de respeto absoluto. “Al principio dije que no, pero que lo iba a mirar”, cuenta. “Me daba muchísimo pudor. Porque alguien que ha musicado gente tan grande, que han hecho canciones que se han convertido en himnos... me imponía”. Sin embargo, lo que comenzó con dudas se convirtió en una conexión inesperada y profunda. “Empecé a leer los libros como si los fuese a leer por primera vez, y a ver qué me ocurría, qué me atrapaba. Y entre la lectura, las historias que María Asunción me contaba y las reflexiones más estudiosas de Manuel, me enamoré del personaje. Con el permiso de ella, me enamoré de Rafael. Como un amor platónico”.
Ese enamoramiento se fue transformando en música. Montes siguió su proceso habitual: leer, releer, dejar que los poemas le hablaran. Algunos, cuenta, le pedían salir. Y cuando eso sucedía, nacía la melodía. Así se fue gestando un disco que no solo versiona poemas, sino que narra también la vida del poeta. Quiso que los estilos musicales reflejaran el camino de Alberti: sus raíces en Cádiz, su exilio en América, su estancia en Italia o Francia. Por eso el disco mezcla flamenco, compases latinoamericanos —una colombiana, un ritmo venezolano— e incluso jazz, en un viaje sonoro que acompaña y enriquece el homenaje. Una de las joyas del proyecto es la musicalización de un texto inédito, descubierto por María Asunción: Sevillanas del Levante. No pertenecía oficialmente a ninguno de sus libros, pero encajaba perfectamente en ese “espíritu de cancionero” que también define la obra de Alberti. Con este hallazgo, el disco no solo ofrece nuevas versiones, sino también rescates valiosos de su legado.
Desde el plano más literario, Manuel Francisco Reina aporta una mirada que conecta toda la obra de Alberti desde el principio hasta el final. Para él, uno de los poemas que mejor lo resumen es el que dedicó a María Asunción y que comienza con el verso: “Sabes tanto de mí que yo mismo quisiera”. “A mí ese poema me ha obsesionado desde adolescente”, confiesa Reina. “Me parece que ahí está el compendio de toda su vida y también de toda su obra”.
La idea de que la obra de Alberti forma un ciclo completo no fue algo evidente desde el principio, explica Reina. Fue, más bien, una intuición que con el tiempo fue cobrando forma, hasta convertirse en una certeza al leer su poesía desde otra perspectiva. “Con el paso del tiempo, después de haber conocido a Rafael, de haber tenido la suerte de conocer a María Asunción y de ser grandes amigos y cómplices, cuando ella publica sus memorias, de pronto aparecen unos Altair —yo les llamo los Altair inéditos— y caímos en la cuenta, de manera más consciente, de que efectivamente había un cierre de círculo, de ciclo, entre el primer y el último poemario”, señala. Ese vínculo entre Marinero en tierra y Canciones para Altair no solo da unidad formal a su obra, sino que permite trazar una línea clara entre sus primeros versos y los últimos, donde el mar, el amor y las estrellas —elementos que nunca dejó de evocar— reaparecen con una fuerza renovada. La nueva edición incluye poemas que quedaron fuera de la publicación original de Altair, así como otros textos escritos al calor de su relación con María Asunción, lo que permite, por primera vez, contemplar de forma completa el final del camino poético de Rafael Alberti.
Pero el legado de Alberti no se limita a lo literario. Su figura también fue clave en un momento histórico decisivo para España. Durante la Transición, su regreso del exilio representó mucho más que el retorno de un escritor. Fue un gesto de reconciliación, de compromiso con la democracia. “Rafael es una figura que no solo como escritor y como pintor, sino que fue muy importante en la construcción de la democracia española”, señala Reina. “Entendió que su compromiso cívico pasaba por jugársela, porque todavía en ese momento se la jugaba regresando a España y apoyando la transición”. La frase con la que volvió —“Me fui con el puño cerrado y vengo con la mano abierta”— se convirtió en un símbolo de concordia. Para muchos, fue una declaración de intenciones en un país que aún curaba sus heridas. Y ese gesto resume también la coherencia ética del autor, cuya poesía nunca se desligó del mundo real.
Hoy, gracias al trabajo cuidadoso de quienes lo amaron, leyeron y estudiaron, Rafael Alberti vuelve a estar presente. Vuelve desde la voz de su compañera, que lo retrata desde el espacio íntimo que compartieron. Desde la música de Clara Montes, que lo revive en cada compás. Desde la lectura crítica de Reina, que conecta sus versos. Y desde los lectores que aún lo descubren, o lo redescubren, y encuentran en él no solo al poeta, sino al hombre que hizo de la poesía su casa, su forma de estar, su manera de ser. Este miércoles y jueves, Rafael Alberti habitará la UNED de Melilla en la voz y la palabra de estas tres personas que describen su obra y su figura.









Para muchos? Quién puede negar que la poesía de Alberti fue una las más bellas de las letras de la poesía española ?