Una persona cuidadora es aquella que brinda el apoyo requerido para el cuidado de otra persona que se encuentra en situación de dependencia, ya sea de manera transitoria o definitiva, para satisfacer sus necesidades básicas y contribuir a la mejora de su calidad de vida. En el año 2014 se creó la efeméride del "Día del Cuidador", que se conmemora el 5 de noviembre, para reconocer la labor ejercida por cuidadores profesionales y familiares que dan lo mejor de sí mismos en la atención a personas. Con su cuidado se produce la mejora de su calidad de vida, por enfermedad, discapacidad o por edad avanzada.
El Faro entrevista por todo ello a la Dra. Cristina Alfaro Díaz, profesora de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra. Cristina Alfaro es doctora en Ciencias de la Enfermería por la Universidad de Navarra. Su labor académica e investigadora se centra en el área del envejecimiento, la salud familiar, la investigación cuantitativa y la psicometría. Actualmente es profesora en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra. Además, forma parte del grupo de investigación Innovación para la Promoción de la Salud Familiar y Comunitaria de dicha universidad, así como del grupo Investigación en el Cuidado de Enfermería del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IdiSNA).
-El cuidado de quienes cuidan: una mirada desde la Enfermería. ¿Es importante que la Enfermería se dedique al cuidado del cuidador?
-Sí, es fundamental. Las personas cuidadoras -especialmente las que ejercen este rol en el ámbito familiar- son un pilar invisible del sistema sociosanitario. Sin embargo, suelen experimentar sobrecarga emocional, física y social. Desde la Enfermería, atender al cuidador no solo significa ofrecer apoyo o información, sino reconocerle como sujeto de cuidado. Promover su bienestar es una forma indirecta, pero esencial, de garantizar la calidad del cuidado que reciben las personas dependientes. Cuidar al cuidador es, en última instancia, cuidar mejor.
-¿Qué es una persona cuidadora?
-Una persona cuidadora es aquella que asume la responsabilidad de atender y acompañar a otra que, debido a una enfermedad, discapacidad o al proceso de envejecimiento, ha perdido parte de su autonomía. El cuidado puede adoptar dos formas principales: el cuidado informal, ofrecido por familiares o personas del entorno cercano, y el cuidado profesional, prestado por personal sanitario o sociosanitario formado para ello.
En ambos casos, el rol de la persona cuidadora trasciende lo técnico: requiere sensibilidad humana, empatía y una profunda implicación emocional. Cuidar implica sostener, acompañar y responder a las necesidades físicas, psicológicas y sociales de otra persona, lo que convierte a la figura del cuidador en un eje esencial de la red de apoyo y bienestar en nuestra sociedad.
-Háblenos de las modalidades de cuidado: la familia y los profesionales.
-El cuidado puede adoptar múltiples formas. El cuidado familiar se caracteriza por el vínculo afectivo y la continuidad; ofrece cercanía y conocimiento profundo de la persona cuidada, pero con frecuencia sin formación específica ni recursos suficientes. El cuidado profesional, por otro lado, aporta conocimientos científicos, habilidades clínicas y soporte institucional. Ambos modelos son necesarios y complementarios: el reto está en construir puentes entre ellos, fomentando la colaboración y el reconocimiento mutuo.
-Históricamente, en España, el cuidado ha recaído principalmente en la familia...
-Sí y dentro de ella, de manera mayoritaria, en las mujeres. Esta tradición ha contribuido al bienestar de muchas personas mayores y dependientes, pero también ha generado desigualdades, así como una sobrecarga emocional, física y social para quienes asumen estas tareas. Por ello, los cuidadores familiares son considerados los “pacientes ocultos”, al asumir una gran responsabilidad sin contar, en muchas ocasiones, con el reconocimiento ni el apoyo necesario. A diferencia de otros países, en España, la familia continúa siendo -y previsiblemente seguirá siendo- el pilar fundamental del cuidado de las personas mayores y enfermas. Por tanto, resulta imprescindible situarla en el centro de las políticas y de las intervenciones de apoyo y atención profesional, reconociendo su valor y promoviendo recursos que fortalezcan su capacidad de cuidar sin poner en riesgo su propio bienestar.
-¿Cómo se debería escuchar a las personas que prestan cuidado?
-Escuchar a las personas cuidadoras es un acto profundo de reconocimiento y validación. Supone otorgar voz a quienes, con frecuencia, priorizan las necesidades de otros y terminan invisibilizadas. Desde la Enfermería, la escucha al cuidador debe entenderse como una intervención terapéutica: implica crear un espacio seguro donde pueda expresar sus dudas, emociones y también sus logros. Esta escucha activa, empática y libre de juicio debe orientarse no solo a comprender la experiencia del cuidado, sino también a reforzar las fortalezas familiares y ofrecer el respaldo necesario para garantizar un desarrollo sostenible de estas familias que cuidan.







