Estamos en unos momentos de crisis y de incertidumbre (la guerra de Ucrania, populismos de diversa índole, dudas sobre la identidad europea y su papel en el orden mundial), que tienen algunas concomitancias con lo que vivió el escritor Zweig, un escritor cuyas novelas (muchas cortas, de las que se leen en una tarde de verano) presentan un gran dominio de la palabra y unos personajes con una intensa tensión psicológica que nos atrapan. Para conocer mejor a este escritor conversamos con Luis Ramoneda (Cervera, Lérida, 1954), crítico literario, escritor y poeta. Desde El Faro de Melilla queremos animar a los lectores a descubrir este fabuloso escritor austriaco, que es ya todo un clásico.
-Stefan Zweig es un escritor de una época que va desaparecer, ¿Podría describirla?
-Zweig nace en Viena, la capital del Imperio Austrohúngaro, el 28 de noviembre de 1881, y vive en un ambiente culto, cosmopolita. Su padre era un industrial importante, judío, aunque esto no influyó demasiado en su vida, tampoco sintió atracción por el sionismo entonces incipiente. Sintió cierta atracción por el socialismo, pero se desengañó. Obtiene el doctorado en Filosofía, viaja, y piensa que la educación, la libertad y la cultura son ejes indispensables para el desarrollo personal y social. Era pacifista. Con la Gran Guerra (1914-1918), este mundo se desmorona y, de hecho, durante el conflicto bélico, se establece en Suiza. Esto se complica con la llegada del nazismo, la prohibición de sus libros, etc. Partirá a Londres y finalmente a Brasil. Aunque allí se sintió bien tratado, añora Europa y sufre una gran depresión, porque piensa que Hitler va a dominar el mundo. Se suicida en Petrópolis, junto con su segunda mujer, el 22 de febrero de 1942. Lo que digo lo refleja muy bien en El mundo de ayer (memorias de un europeo), donde habla más del viejo continente que de su vida. Alguno de sus biógrafos apunta también a que le pudo la impaciencia.
-"El inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento", dejó escrito. ¿Por qué cree que vendió tantos libros en los años 20 y 30 del siglo pasado?
-A los lectores de entonces, en aquel periodo de entreguerras, los temas sobre los que escribía les interesaban, porque mostraban la crisis y la complejidad de lo que muchos habían vivido y que no se había cerrado, como luego se vio. Pero también es cierto que la popularidad y lo que esta implica lo agotó y le quitó libertad. Con el nazismo, lógicamente su influencia decae, ya que pasa a ser un autor perseguido, pero, después de la Segunda Guerra Mundial, volverá a crecer paulatinamente. Resulta significativo que, cuando se estrenó su obra teatral Jeremías, en Zurich, el 17 de febrero de 1917, al acabar, el público permaneció diez minutos en silencio antes de aplaudir a los actores. Y hay que tener en cuenta, además, que su obra es muy extensa y variada: novelas, relatos, poesía, teatro, biografías, ensayos y los diarios y memorias.
-"Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles que les quitan tensión y les restan dinamismo", escribió Stefan Zweig ¿Por qué cree que hoy día se sigue leyendo? ¿Tal vez porque era muy directo?
-Primero porque era un gran escritor y se lo puede considerar ya como un clásico. También porque, en general, su estilo es directo, no le gustaba lo ambiguo ni lo superfluo, iba al grano –en esto era también impaciente–, lo cual facilita la lectura en una sociedad agitada como la nuestra. Muchas de sus obras son bastante breves. Pero influye también que estamos en unos momentos de crisis y de incertidumbre, de un modo patente en Europa (la guerra de Ucrania, populismos de diversa índole, dudas sobre la identidad europea y su papel en el orden mundial, etc.), que tienen algunas concomitancias con lo que vivió Zweig. También hay que tener en cuenta que, al haber prescrito los derechos de autor, son más fáciles las reediciones. Además, cabe destacar que se está cuidando mucho más la calidad de las traducciones, de la tipografía, etc., que en décadas pasadas.
-¿De sus novelas cortas, cuáles recomendaría?
-Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Novela de ajedrez, Los ojos del hermano eterno, Carta de una desconocida, Miedo, Mendel el de los libros y una quizá menos citada, pero con un tema bien actual, hoy, en que hay tanta gente que tiene perro: ¿Fue él?.
-"Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual", escribió el escritor austriaco. ¿Cuáles son las biografías más interesantes que escribió?
-Esto dependerá del gusto de los lectores, pero se pueden destacar las de María Antonieta, María Estuardo, Fouché, Magallanes. Recomiendo también Momentos estelares de la humanidad (catorce miniaturas históricas), uno de sus libros más apreciados.
-"Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página, sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento me proporciona un perfecto deleite", escribió el escritor. Su obra Veinticuatro horas de la vida de una mujer se lee en una tarde, trata sobre la decisión que toma la protagonista y que cambiará el rumbo de su vida, ¿qué importancia tiene la psicología en la obra de Zweig?
-Como he dicho, el nivel cultural, filosófico, científico y artístico en el que Zweig se desenvolvió era de élite. Mantuvo contactos con personas relevantes en campos muy variados y, entre otros, con Freud. En sus obras, hay que valorar tanto la buena dosificación de la trama y las descripciones del entorno como la caracterización de los protagonistas (algunos padecen importantes problemas mentales y afectivos, como en La impaciencia del corazón, una de sus mejores novelas o en Clarissa, editada póstumamente y también recomendable).








