Ya está servida la polémica con el Grado en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial. Por razones que ni la Ciudad Autónoma ni la Universidad de Granada alcanzan a entender, la Agencia para la Calidad Científica y Universitaria de Andalucía (ACCUA) ha echado momentáneamente atrás, por segunda ocasión, la implementación de estos estudios que se pretendían poner en marcha en septiembre en Melilla.
No hay tantas universidades en España donde se pueda estudiar esta carrera, por lo que para Melilla sería un privilegio acogerla. Sin embargo, por motivos que se desconocen, la decisión, por ahora, ha sido contraria.
La UGR, que ha sufrido una gran decepción con la determinación tomada por ACCUA, ya ha presentado una reclamación ante la Comisión Permanente del Consejo de Universidades que espera que surta efecto.
Por su parte, la Ciudad Autónoma ha expresado, por parte de su presidente, Juan José Imbroda, que volverán a intentarlo en septiembre y la vicepresidenta Fadela Mohatar ha anunciado que no cesarán hasta conseguir traerlo.
El problema es que, de no mediar una solución mágica, será muy difícil que el próximo curso se pueda impartir. Hay que tener en cuenta que estamos ya en el mes de agosto y queda poco más de un mes para que empiecen las clases de la Universidad en Melilla. Hay que traer a los profesores y los alumnos también se tienen que planificar, especialmente aquéllos que iban a venir de fuera; no pueden esperar hasta el último día para ver si pueden estudiar en la ciudad autónoma, por lo que, en algunos casos, es probable que escojan otro destino u otra carrera, que seguramente no sea en Melilla.
Un año más sin este grado es otro año que la Ciudad Autónoma pierde en su afán de hacerse fuerte en el mundo universitario, aunque no sea por su culpa, porque, como dice Mohatar, está preparada con suficiente financiación, logística, organización y coordinación con la UGR.
La vicepresidenta asegura que no pararán hasta conseguir traer el grado a Melilla, pero el tiempo corre en su contra. Habrá que ver cómo termina todo, pero no se entiende que, cuando los dos actores de esta película -el Gobierno local y la UGR- están de acuerdo en implementar la carrera -porque ven que es perfectamente posible y factible-, se les pongan tantos palos en las ruedas.








