Melilla se ha vestido de gala para honrar a la Virgen del Carmen, patrona de los mares, en una de las celebraciones religiosas más sentidas por los melillenses. A las cinco de la tarde en punto, la imagen de la virgen partía desde la Asociación Cultural Virgen del Carmen, donde una lluvia de pétalos caía a sus pies como muestra de devoción. “¡Viva la reina de los mares! ¡Viva la Virgen del Carmen! ¡Guapa!” eran los vítores que resonaban entre la multitud de fieles que la acompañaban hasta la Iglesia de San Agustín, portada con fuerza y fe por 50 anderos.
La Virgen, entronizada sobre una barca adornada con flores, se movía al compás de los hombros de los portadores, guiada también por los miembros de la Compañía de Mar de la ULOG 24. Este acto simbólico, que remite al mar como escenario natural de su protección, marca el inicio de una jornada intensa en sentimiento y tradición.
En la iglesia, el vicario episcopal Eduardo Resa ha presidido una misa en honor a la Virgen del Carmen. Durante su homilía, ha ofrecido un saludo muy especial “a todas las que lleváis el nombre de Carmen, Carmelas, Maricarmenes, Carmelos…”, destacando la devoción que despierta esta advocación en toda la diócesis. “Hoy sabemos todos que María es única, irrepetible. Es la madre del Señor y nuestra madre. Pero como a toda madre, los ojos de los hijos la contemplan, y al contemplarla la amamos”, expresó.
Al concluir la misa, la imagen ha proseguido su camino a través del barrio del Real rumbo al Paseo Marítimo, acompañada por la música solemne de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestro Padre Jesús Nazareno, que con sus sones añadía un aire solemne y festivo al recorrido.
Uno de los momentos más emotivos tuvo lugar frente a la casa de Carmen Leal, viuda de Francisco Gil Castro, quien en 1986 salvó la vida de un joven a punto de ahogarse. En recuerdo de este gesto heroico, Daniel Ventura y Nasera Al-lal le han entregado un ramo de flores en nombre de los organizadores. En ese instante, los anderos han alzado la imagen de la Virgen hacia el cielo, provocando lágrimas y aplausos entre los presentes.
Como dicta la tradición, la procesión se ha adentrado en la playa del Hipódromo. Allí, los porteadores se arremangaron los pantalones y, sin dudarlo, se han adentrado lentamente en el mar. Con el agua hasta la cintura, han llevado a la Virgen sobre su barca, la cual ha zarpado acompañada de otras embarcaciones. A la altura del puerto, fue arrojada una corona de laurel al agua en homenaje a todos aquellos que han perdido la vida en el mar. Un instante de recogimiento y memoria colectiva que añadió una dimensión trascendental al acto.
Desde la dársena pesquera, el recorrido continuó hasta el barrio de Corea, donde los vecinos esperaban con fervor. Esta vez fueron las mujeres del barrio quienes tomaron el relevo y portaron la imagen hasta el corazón de la comunidad. Allí se celebró el tradicional baile del Ballet Colores, una ofrenda que, según palabras de la organizadora Blanco, “siempre queda muy bonito”.
Finalmente, la Virgen regresó a la Asociación del Hipódromo, donde permanecerá hasta el próximo año. En total, más de 130 personas participaron en el porteo del trono, una muestra clara del compromiso y fervor popular que despierta esta celebración.
El vicario Resa, durante su intervención, destacó la profunda vinculación entre la fe y las tradiciones populares. “En un pueblo creyente, la fe se celebra y hace tradición. Intentar eliminar las raíces cristianas de nuestros pueblos deja a nuestra historia a la intemperie”, afirmó con contundencia. Hizo también referencia al escapulario que porta la Virgen del Carmen, símbolo de la protección maternal y espiritual. “La devoción a la Virgen no es algo puntual del 16 de julio, sino un hábito de vida”, sentenció.
También recordó que esta advocación tiene raíces profundas en la historia de la Iglesia. Desde el Monte Carmelo en Palestina, donde el profeta Elías defendió la fe, hasta la creación de la Orden del Carmen en el siglo XII, la devoción ha recorrido siglos y continentes. Reformada más tarde por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, hoy la Virgen del Carmen es considerada por muchos la "estrella de los mares", guía y consuelo para los que viven o trabajan en el mar.
Melilla, ciudad bañada por las aguas del Mediterráneo, ha vuelto a vivir una jornada de fe y emoción que traspasa lo puramente religioso. La Virgen del Carmen, con su manto marino y su barca de flores, ha surcado no solo las aguas de la ciudad, sino también los corazones de quienes cada año renuevan su devoción por la Reina de los Mares. Que su luz siga iluminando nuestras costas y nuestras almas.








Engalanada de hermosas flores,
portada en hombros de hombres y mujeres de la mar, es conducida a un pequeño altar adornado por ellos mismos
Todo es fervor y devoción a tu alrededor
Solo te pido una cosa
Estar aquí el año que viene
Gracias por cuidar de nosotros
Viva la Virgen del Carmen
Viva Melilla