El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) ha sacado a licitación un nuevo contrato valorado en más de 2,1 millones de euros para prestar servicios de diagnóstico por imagen en Melilla, a pesar de que el Hospital Universitario, recientemente inaugurado, ya ofrece esta atención con tecnología avanzada. La medida ha generado sorpresa por tratarse de una infraestructura sanitaria recién estrenada y presentada como plenamente operativa.
La licitación, publicada en la Plataforma de Contratación del Estado, contempla un contrato de dos años de duración para servicios de resonancia magnética, tomografía axial computarizada (TAC) y otras técnicas de radiodiagnóstico. La finalidad, según justifica Ingesa, es "garantizar la continuidad asistencial ante cualquier incidencia" en el nuevo equipamiento del hospital. “Por motivos de seguridad, aún teniendo una Resonancia ya de uso público, hay que estar prealertados para garantizar la asistencia en caso de que hubiese alguna incidencia en la del HUME. Hay que tener preparado un plan alternativo que garantice las pruebas necesarias”, indica la documentación oficial.
La decisión contrasta con los recientes anuncios institucionales sobre el arranque del servicio de radiología en el Hospital Universitario, que fue activado hace apenas unas semanas con la promesa de realizar pruebas diagnósticas de última generación sin necesidad de derivaciones fuera de la ciudad. En aquel momento, Ingesa subrayó que las nuevas instalaciones permitían mejorar la capacidad diagnóstica local, reducir los tiempos de espera y ofrecer mayor calidad en la atención.
Ahora, sin embargo, se reconoce en la propia licitación que se mantiene la necesidad de contar con una vía alternativa fuera del hospital público, precisamente para evitar esos posibles traslados a la península en caso de fallo técnico o avería del equipamiento hospitalario.
El contrato contempla una prestación externa por parte de una empresa privada que deberá disponer del personal, la tecnología y la capacidad de realizar las pruebas con plazos muy ajustados. El servicio cubrirá no solo resonancias y TAC, sino también densitometrías, ecografías, mamografías y estudios vasculares, entre otros. La adjudicataria tendrá que garantizar el transporte de los pacientes en caso necesario y emitir los informes en un plazo de entre 24 y 72 horas, según la urgencia del caso.
El importe de licitación asciende a 2.112.960 euros (sin impuestos) por dos años, lo que representa una inversión considerable teniendo en cuenta que el servicio de radiodiagnóstico ya está operativo dentro del propio sistema público. Según la justificación de Ingesa, se trata de una medida "de seguridad asistencial", para poder responder a cualquier imprevisto que afecte la maquinaria del hospital universitario.
Desde el ámbito sanitario melillense, esta decisión añade interrogantes sobre la fiabilidad del nuevo equipamiento instalado en el HUME, una infraestructura largamente esperada por la ciudad y presentada como un paso decisivo hacia la modernización de la sanidad pública local. La coexistencia de servicios públicos en funcionamiento y contratos externos de respaldo plantea un escenario dual que ha llamado la atención entre profesionales y usuarios.
El servicio de radiología del nuevo hospital fue activado recientemente, según informó El Faro de Melilla, con tecnología de última generación, incluyendo una resonancia magnética de alto campo y un TAC de 64 cortes. Los responsables destacaron entonces que estas mejoras permitirían resolver localmente pruebas que antes requerían traslado a otras ciudades.
Sin embargo, el nuevo contrato saca a relucir una cautela institucional que apunta a que, pese a las inversiones y el discurso de modernización, aún no se descarta la necesidad de un soporte externo para garantizar la cobertura total y evitar riesgos asistenciales.
La licitación continúa abierta en el Portal de Contratación del Estado y está pendiente de adjudicación. Mientras tanto, Melilla mantiene en paralelo dos líneas para la prestación de un mismo servicio: una pública, dentro del flamante hospital, y otra privada, como garantía ante posibles fallos del sistema recién puesto en marcha.









A seguir trincado los mismos de siempre, que, casualmente, tienen cargos de responsabilidad en la medicina pública.