Melilla se encuentra entre las localidades españolas con mayor riesgo sísmico, debido a su ubicación en el mar de Alborán, una de las zonas de mayor actividad tectónica del sur de Europa. Esta condición geográfica convierte a la ciudad autónoma en un punto especialmente vulnerable ante movimientos sísmicos de intensidad variable, como ha recordado el reciente temblor de magnitud 5,5 registrado este lunes por la mañana frente a las costas de Almería, que también se dejó sentir en Melilla.
La zona en la que se encuentra Melilla está clasificada por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) como de riesgo sísmico medio, lo que implica la posibilidad real de que se registren terremotos destructivos. Aunque la escala de riesgo no señala una ocurrencia constante de sismos severos, sí subraya la probabilidad de que puedan producirse eventos relevantes a lo largo del tiempo. De hecho, los movimientos telúricos menores son relativamente frecuentes en la región, aunque no todos son perceptibles para la población.
El mar de Alborán, que separa el norte de África del sur peninsular, actúa como zona de transición entre las placas tectónicas euroasiática y africana. La interacción entre estas dos placas genera tensiones que se acumulan y eventualmente se liberan en forma de terremotos. Esta actividad tectónica ha dado lugar, históricamente, a numerosos sismos en la región, algunos de ellos con efectos directos en Melilla.
Uno de los episodios más recordados ocurrió el 25 de enero de 2016, cuando un seísmo de magnitud 6.3 sacudió Melilla y otras zonas del sur español. El temblor tuvo su epicentro en el mar, a pocos kilómetros de la costa norteafricana, y se produjo en plena madrugada. En Melilla, el temblor causó daños estructurales en edificios, fisuras en fachadas, caída de elementos de decoración y varios heridos leves, además de provocar el desalojo temporal de viviendas por precaución. Aquella madrugada marcó un antes y un después en la percepción del riesgo sísmico en la ciudad.
Aunque no se pueden predecir los terremotos, los expertos coinciden en la importancia de estar preparados. Diversas organizaciones, como Ecologistas en Acción, han alertado en múltiples ocasiones sobre la necesidad de reforzar los protocolos de emergencia, mejorar la preparación ciudadana y revisar el estado de las infraestructuras clave en zonas como Melilla. La entidad advierte que la conciencia colectiva sobre el riesgo sísmico sigue siendo baja, a pesar de los antecedentes recientes.
Además del seísmo de 2016, Melilla ha registrado otros episodios significativos en décadas pasadas. En 2004, por ejemplo, un terremoto de menor magnitud también se dejó sentir en la ciudad, aunque sin consecuencias destacables. Más atrás en el tiempo, los archivos recogen sismos relevantes en el área del Rif marroquí, muy próxima a Melilla, que han afectado a la ciudad de manera indirecta.
El reciente temblor frente a la costa de Almería, que ha alcanzado una magnitud 5,5 según datos provisionales del IGN, ha vuelto a poner en alerta a los sistemas de protección civil. Aunque su epicentro no se situó cerca de Melilla, el movimiento se ha sentido en varias provincias andaluzas y en parte del norte de Marruecos, lo que sirve de recordatorio sobre la constante actividad tectónica en esta franja del Mediterráneo occidental.
Desde Protección Civil se insiste en la importancia de conocer las pautas básicas de actuación ante un terremoto: mantener la calma, alejarse de objetos que puedan caer, no usar el ascensor y refugiarse bajo elementos seguros como mesas resistentes o marcos de puertas. En Melilla, estas recomendaciones se incluyen periódicamente en campañas de sensibilización impulsadas por las autoridades locales, aunque los especialistas creen que todavía queda camino por recorrer en materia de formación y simulacros preventivos.
La situación geográfica de Melilla, estratégica pero también expuesta, exige mantener un enfoque activo en prevención sísmica. La recurrencia de movimientos telúricos en el mar de Alborán y el recuerdo de los daños causados en episodios anteriores respaldan el argumento de que el riesgo existe y no debe subestimarse. En este contexto, la planificación, la información y la preparación ciudadana se convierten en pilares esenciales para afrontar cualquier eventualidad que pueda derivarse de la actividad sísmica en esta región del Mediterráneo.








